May 28, 2022 | Cultura, Sociedad

¡Descubrí el origen de los términos boludo y pelotudo!

De forma agresiva y de forma amistosa, se suelen utilizar estas palabras en Argentina. Pero, ¿Cuál es el verdadero origen de las mismas?
boludo y pelotudo
Los términos boludo y pelotudo vienen de la época de las guerras por la Independencia, en la que ambos eran parte de una estrategia de combate. Crédito: Buena vibra.

Existen palabras típicas dentro del vocabulario argentino de las cuales se suele desconocer su origen. Pueden tener uno o múltiples significados, pueden variar conforme cambia la época, los siglos. Pero todo tiene un origen. En este sentido, Nota al Pie hace un repaso sobre el significado y origen de unas de las palabras más utilizadas por el argentine promedio: boludo y pelotudo.

Estos términos se comprenden dentro del colectivo popular, primero, como insultos, agravios hacia otras personas. Y en segundo lugar, con un tono amistoso, de confianza entre personas.

Pero antes de la apreciación y valoración popular que se le otorgó a dichos términos, vale la pena repasar su origen.

¿Qué era ser un pelotudo?, ¿y ser un boludo?

Respuesta de origen hacia 1810

Ser un boludo o un pelotudo nunca volvió a ser lo mismo después de las guerras de la independencia que iniciaron en 1810.

¡Mira el video que te resume su origen!

Como señala la historia, del enfrentamiento fueron parte el ejército español ante los gauchos argentines. De forma obvia, era una batalla con una enorme desigualdad de fuerzas.

Por un lado, el ejército español estaba entrenado en las mejores academias militares y además, contaba con las mejores armas para el combate, desde acero hasta armas de fuego.

En cambio, los gauchos argentines tenían un marcado retraso armamentístico: boleadoras, pelotas, piedras grandes, facones y lanzas precarias. Ante la enorme desigualdad, los gauchos debieron implementar estrategias que les permitiera acortar las distancias en el campo de batalla.

El plan ideado por los gauchos consistía en formar tres filas, y aquí, el nacimiento de los primeros “pelotudos y boludos”.

En la primera línea de combate irían los pelotudos, en la segunda los lanceros, y por último los boludos.

La razón del término “pelotudos”, era porque estos contaban con pelotas de piedra grandes que iban amarradas con un tiento.

La función de los pelotudos era pegarle a los caballos de los españoles para que sus jinetes cayeran al suelo.

Por supuesto que esa era la primera línea de la estrategia, ya que detrás de ellos venían los lanceros que, con lanzas de tacuara, aprovechaban la oportunidad para clavarlos en el suelo.

La tercera línea era la que completaba el plan, de la mano de los boludos. Su significado viene de la utilización de bolas o boleadoras, con las cuales tenían la última tarea de ejecutar a los jinetes derribados.

De este modo nacieron los primeros “boludos” y los primeros “pelotudos”, pero ¿Qué tienen que ver con el significado que tuvieron y tienen?

boludo y pelotudo
Los boludos eran los que utilizaban boleadoras para ejecutar a los enemigos una vez que los pelotudos los derribaban de los caballos. Crédito: Verbling

Nuevos significados

Con la todavía fresca intervención de los primeros boludos y pelotudos en las guerras de la Independencia el término adoptó un tinte negativo, o de agravio, en 1890.

Resulta que un diputado nacional dijo “no hay que ser pelotudo”, para querer decir que no había que ir al frente y hacerse matar, como lo hicieron en su momento los pelotudos.

En este sentido, el diputado quiso decir que no había necesidad de ser un “estúpido”, podría decirse.

Por otra parte, y con el tiempo, en el imaginario popular la palabra boludo se asoció a una persona de genitales grandes que le impedía moverse con normalidad.

Estas palabras se fueron transformando en un uso cotidiano amistoso, en especial la palabra “boludo”. Su frecuencia suele ser más utilizada en entornos de confianza que para agredir a otra persona, aunque realmente se haya olvidado o desconozca cuál fue el origen de estos términos.

¿Malas palabras?

Se ha considerado que boludo y pelotudo son “malas palabras”, aquellas las cuales uno debería intentar evitar pronunciar.

En este sentido, el humorista gráfico y escritor argentino Roberto Fontanarrosa brindó un memorable discurso para pedir una “amnistía” para algunos términos que se consideran insultos.

Esta presentación se dio en el contexto del Congreso de la Lengua Española, que tuvo lugar en la ciudad de Rosario, Santa Fe, en 2004.

En su discurso, se preguntaba por qué eran malas, las malas palabras: “¿Le pegan a las otras palabras? ¿Son malas porque son malas de calidad? O sea, ¿Cuando uno las pronuncia se deterioran y se dejan de usar?”, se preguntaba irónicamente.

A lo que concluyó: “Tal vez nosotros al marginarlas las hemos derivado en palabras malas ¿No es cierto?”. Y algo de verdad puede haber en sus palabras, debido a que los orígenes de boludo y pelotudo, por ejemplo, distan mucho del significado que les terminó siendo atribuido.

Durante su presentación, también hizo una humorística versión de la importancia de la palabra pelotudo en el habla cotidiana.

boludo y pelotudo
“Ahí lo tenés al pelotudo”, icónico término acuñado en la sociedad, plasmado en la famosa película “Esperando la carroza”. Crédito: Pinterest

Boludo y Pelotudo para la RAE

La Real Academia Española (RAE) es una institución dedicada a la regularización lingüística en el mundo hispanohablante.

Para la RAE, existen siete términos para la palabra boludo en distintos países.

La primer acepción es de “necio o estúpido”, para Argentina y República Dominicana. En Cuba se le llama a la puntera redonda de un calzado, mientras que en El Salvador describe a una persona adinerada.

En México se le atribuye a quién tiene protuberancias; mientras que en Uruguay es pertinente a tres términos: A  alguien “lerdo, parsimonioso, irresponsable; alguien que “ha llegado a la adolescencia o juventud”; y a una cosa de gran tamaño.

En cuanto al término pelotudo, mencionan cuatro significados.

Es utilizado tanto en Argentina como en Chile para una persona “que tiene pocas luces o que obra como si las tuviera”. En Uruguay repite los mismos términos que para la palabra boludo.

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