Abr 10, 2022 | Género & Sexualidad

Brecha de género: el uso del tiempo y las pobres ocultas

Ante los efectos de la invisibilización del trabajo doméstico y de cuidados que ejercen las mujeres, Nota al Pie dialogó con Lucía Andreozzi, Licenciada en Estadística, Magíster en Estadística Aplicada y Doctora en Demografía.
Pobreza de tiempo
Las mujeres son quienes más realizan trabajo doméstico y de cuidados, y por ende, con más probabilidades de ser pobres de tiempo. Créditos: altonivel.com.mx.

La autonomía económica está determinada por la participación en el mercado laboral y las formas que ésta asume. En el caso de las mujeres, la tasa promedio de la participación en el mercado laboral es de 49%; esto implica 21 puntos porcentuales más baja que la de los varones que es del 71,2%, según los datos del documento Las brechas de género en la Argentina. Estado de situación y desafíos realizado en el 2020 por el Ministerio de Economía. Sin embargo, estos números no significan que las mujeres trabajen menos.

Para que una persona pueda sobrevivir y luego integrarse en el mercado productivo, se necesitan primero una serie de actividades básicas como comer, higienizarse o dormir. Además, existen otras tareas que son parte de la vida cotidiana que no suelen ser valoradas pero que también resultan imprescindibles. Por ejemplo, el cuidado a infantes, el acompañamiento a personas mayores o la administración de medicación a una persona enferma. Actividades de este tipo forman parte del trabajo reproductivo que históricamente ha recaído en las mujeres.

En la Argentina, la evaluación del nivel de vida es sólo por ingreso, por lo que las tareas domésticas y de cuidado no están contempladas. Pero, ¿qué implicancias y qué efectos tiene invisibilizar la mitad del trabajo? ¿De qué manera podría medirse? ¿Qué acciones deberían hacerse para una situación de mayor equidad de género?

Para responder estas preguntas, Nota al Pie dialogó con Lucía Andreozzi, Licenciada en Estadística, Magíster en Estadística Aplicada, Doctora en Demografía e integrante del Grupo de Estudios de Economía y Género de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística (FCEyE) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

El trabajo reproductivo y la medición del tiempo

Cocinar el almuerzo, acompañar a una persona mayor a hacer trámites, cuidar a un bebé, limpiar la casa son ejemplos del trabajo doméstico y de cuidados. Aunque se trate de actividades que resultan fundamentales para la supervivencia y la reproducción de la fuerza de trabajo, no están distribuidas de manera equitativa en la sociedad y recaen mayoritariamente en las mujeres. 

Según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en el 2013, las mujeres realizan el 73% de las tareas domésticas. Además, casi 8 de cada 10 mujeres realizan tareas domésticas en el hogar, el doble que en el caso de los varones según un dossier estadístico del INDEC. Incluso una mujer que trabaja dedica más horas al trabajo doméstico aún comparándola con un varón que se encuentra desempleado.

De esta manera, la medición del uso del tiempo resulta un dato clave para comprender la situación. “Se trata de un recurso que no es ilimitado”, explicó Andreozzi; y detalló que su medición permite “dar cuenta de esa distribución desigual de las tareas”. A diferencia de la evaluación solamente por ingreso, en un mismo grupo familiar puede que haya personas pobres de tiempo y otras que no lo son.

Pobreza de tiempo
El gráfico es del libro “Deconstrucción del tiempo. Trabajos y pobrezas en Rosario”; y fue realizado en base a la Encuesta de Uso del Tiempo y Voluntariado Rosario 2010 realizado por los autores. Créditos: Libro Deconstrucción del tiempo. Trabajos y pobrezas en Rosario.

Pobreza de tiempo

“La decisión de cómo medir el estado de vulnerabilidad de una sociedad es, sin dudas, una decisión política”, señala el libro “Deconstrucción del tiempo. Trabajos y pobrezas en Rosario” escrito por el Grupo de Estudios de Economía y Género de la FCEyE de la UNR. La economía neoclásica no se pregunta por lo que sucede dentro del hogar.

En primer lugar, Andreozzi explicó que “no sólo es necesario acceder a una determinada cantidad de dinero para comprar una canasta”; sino también “disponer de un tiempo mínimo para convertirla en alimentos y después un tiempo para vivir esa vida”. En este sentido, la pobreza de tiempo representa otra dimensión diferente a la de ingreso para evaluar los niveles de vida de una sociedad. Y no necesariamente van de la mano. 

Aunque la probabilidad de ser pobre de tiempo para las mujeres de nivel secundario incompleto es tres veces mayor a la de los hombres, esta desciende en el nivel secundario completo y universitario incompleto. Sin embargo, vuelve a subir en mujeres con universitario completo o más estudios. Según los datos que se exponen en el libro, el segundo grupo de mujeres tiene un 22% y el último un 72% de chances más que los hombres de ser pobres de tiempo.

“Él se encarga del super pero yo le tengo que hacer la lista”

La coordinación y planificación es también parte del tiempo destinado a las tareas domésticas y de cuidado. La integrante del Grupo de Estudios de Economía y Género de la FCEyE de la UNR remarcó que no basta con el famoso “yo te ayudo” que dicen muchos hombres. “Interesa que la persona se saque esa tarea de la cabeza”, comentó Andreozzi, ya que la planificación suele recaer en las mujeres.

Por otro lado, cabe destacar que la medición del uso del tiempo también contempla la simultaneidad de tareas. Por ejemplo, “si mientras vamos al trabajo, llevamos un hijo a la escuela, lo dejamos y también previamente lo bañamos y lo preparamos”, detalló Lucía Andreozzi. Son tareas que además suelen estar invisibilizadas y que incluso las mismas mujeres pueden no tener conciencia de realizarlas. 

Pobreza de tiempo
Una distribución más equitativa de las tareas domésticas y de cuidado resulta necesaria para construir una sociedad más justa, con vidas más vivibles para todos los géneros. Créditos: compartirenfamilia.com.

Visibilizar las tareas y redistribuirlas

“Lo personal es político”, es uno de los lemas más conocidos y representativos del movimiento feminista. Hacer visibles las tareas domésticas y de cuidado ha sido una preocupación para el colectivo en general y las economistas feministas en particular. La medición del uso del tiempo es una herramienta fundamental dentro de la economía feminista para poner de manifiesto la doble jornada de las mujeres y sus consecuencias como es la pobreza de tiempo por tener mayor responsabilidad en este tipo de tareas. 

“La economía feminista no apunta a sacar a las mujeres de su casa si se quieren quedar”, apuntó Andreozzi, sino que se trata de “reprensar cómo son las configuraciones de la vida  de manera que sea una vida más vivible, más elegida”. Puntos claves para hacer frente a la pobreza de tiempo que afecta a las mujeres podrían ser, según la demógrafa, “desde ofrecer espacios de cuidado en las empresas, reducir la jornada laboral a políticas que tengan que ver con la redistribución de las tareas”.

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