Ene 25, 2022 | Sociedad

Caso Cabezas: El mayor crimen contra la libertad de expresión (segunda parte)

El reportero gráfico José Luis Cabezas fue baleado el 25 de enero de 1997 en Pinamar. Las fotografías al empresario Alfredo Yabrán le costaron la vida. NAP rememora junto al periodista Gabriel Michi aquella jornada
Un graffiti de José Luis Cabezas y una cámara fotográfica. Símbolo de unión y lucha entre los reporteros gráficos. El crimen del fotógrafo no tiene equivalencias desde el regreso de la democracia, siendo, al día de la fecha, la única víctima de las mafias del poder. Crédito: Télam.com.ar

En esta segunda parte, damos conclusión al hecho más lamentable de la libertad de prensa en nuestro país. Poniendo en énfasis los últimos momentos de José Luis Cabezas y las reacciones del mundo periodístico en general, en búsqueda de justicia y condena para los culpables de su crimen. 

Lo atroz se hace presente 

El 24 de enero de aquel año 97, compartiste tu última cobertura con José Luis Cabezas, sin siquiera esperar que algo trágico pudiera acontecer. ¿Cómo fueron aquellas últimas horas que luego desencadenaron en el evento del 25 a la madrugada? 

Ese día resultó ser una jornada hiperactiva, en la cual tuvimos millones de cosas para hacer. Corríamos de una punta a otra: de Pinamar a Valeria del Mar, luego a Cariló. Hubo mil eventos ese día, como, por ejemplo, el cumpleaños de Andreani; y en la noche del 25, Giordano realizaba su desfile y para graficarte su relevancia, habían traído a Magic Johnson (ex basquetbolista y jugador de la NBA) como estrella invitada. 

Más allá de las notas que hicimos, y el recorrido de personajes que entrevistamos, recuerdo previamente a la llegada de la fiesta de Andreani una entrega de premios muy tradicionales en el Cariló Golf, llamados los Pino de Oro, en el cual una de las figuras destacadas había sido “Chiche” Duhalde (esposa del entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde). Posteriormente, partimos para Pinamar, y luego de dejarlo en su casa, cada uno comenzó a prepararse para el evento. 

Alrededor de las 23:15 pasé a buscarlo para ir a la fiesta, y tipo 23:30 h. ya nos encontrábamos allí presentes. A las 00 h., cuando comenzaba el cumpleaños, se dio inició al espectáculo de fuegos artificiales que realizaba normalmente todos los años Andreani. Yo decidí quedarme hasta las cuatro de la mañana, ya que el 26 de enero era mi cumpleaños y esto cayó justo el fin de semana.  

Para ese entonces habían llegado unos amigos míos de Buenos Aires y le comenté a José Luis que necesitaba irme y al consultarle qué haría, me respondió que quería quedarse. Cabe mencionar que estábamos con un grupo de colegas de todos los medios allí cubriendo (Clarín, La Nación, Gente, Caras, Para Ti, entre otros) y aprovechando que un fotógrafo de Para Ti se volvía para el centro de Pinamar, ya que nos encontrábamos en un lugar alejado al norte de la ciudad, me llevó hasta mi casa. 

José Luis se quedó en la fiesta, con el auto que la revista le había alquilado. Cuando el salió del evento, alrededor de las 5:10 h. de la mañana, se dirigió a su casa, en donde lo estaban esperando escondidos en un descampado un grupo de personas. Allí mismo lo golpean, lo secuestran y lo trasladan con otro auto más hasta una cava (ubicada en General Madariaga) en donde lo terminan asesinando.  

El cuerpo de José Luis fue encontrado en un cava por un estanciero de la zona aledaña, a 15 km del centro de la ciudad de Pinamar, último lugar donde el fotógrafo fue visto con vida. En el secuestro participó una banda delictiva denominada “Los Horneros” oriundos de La Plata, bajo las órdenes del policía de Pinamar, Gustavo Prellezo, autor material del homicidio. Crédito: BigBangNews.com.ar

Había sido un día de mucho trabajo, de mucha intensidad y José Luis estaba muy divertido en la fiesta. Incluso en las imágenes que se registraron en dicha fiesta se lo vé bailando, alegre e inclusive sacando fotos y hablando con otros colegas. Fue una jornada normal, lo que demuestra que nada de esto, nos lo podíamos llegar a imaginar.

El periodismo, de pie 

El post, en lo personal, habrá sido un golpe directo ya que a Jose Luis lo conocías hace años. incluso llegando a entablar una amistad por todos esos detalles que mencionaste anteriormente. Pero, desde la prensa en general ¿Cómo reaccionaron ante semejante hecho, ¿cuál fue su proceder? Había que buscar culpables… 

Obviamente, en mí fue un antes y un después, nunca me hubiese imaginado que algo así pudiese haber pasado. El principal impacto para mí es el humano. Éramos amigos y compartimos un montón de cosas, disfrutamos el tiempo laboral. Nos conocíamos, nos peleábamos, ironizábamos e inclusive nos divertíamos. Sentí un desgarro humano. En lo profesional, me atravesó por completo. Cambió al 100% y decidí quedarme a investigar el caso hasta tanto se llegará a la sentencia y condena de sus asesinos. 

Aparte, como yo conocía que cosas habíamos estado trabajando previamente, me permitió tener una información extra que sirviera para desvirtuar aquellas operaciones que intentaban generarse para desviar la investigación sobre la custodia de Yabrán y la policía involucrada en el asesinato. Me dediqué tres años exclusivamente a seguir el caso desde lo periodístico, desde lo judicial y desde lo humano.  

El periodismo, la verdad, tomó con mucha responsabilidad el caso. Hubo mucha unidad entre el gremio de prensa de ese entonces (UTPBA – Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires) y ARGRA (Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina). Quienes se movilizaron y generaron diversas actividades para mantener vivo el recuerdo de José Luis. Y también fue fundamental para el esclarecimiento del caso que los medios lo hayan tomado como un tema central de su agenda. 

Por meses y meses, el Caso Cabezas como se lo empezó a llamar, estuvo en la primera página de todos los diarios. Era el tema central de todos los noticieros y programas de radio. Y eso ayudó mucho no solamente a que el tema se mantuviera tan vigente, tan vivo. Sino que eso sirvió también para que haya justicia. Si no, quizás, no hubiéramos llegado nunca a los verdaderos responsables de este crimen. 

Destaco mucho el trabajo que hicieron los colegas periodistas, fotógrafos y camarógrafos. Que estuvieron que instalarse por meses y algunos por años en el Juzgado de Dolores, siguiendo todas las instancias de la causa judicial. Y reivindico también muy especialmente el rol de los reporteros gráficos chicos y fotógrafos que demostraron el compromiso como pocos en torno a este tema. Lo siguen demostrando hoy en día. 

Los restos carbonizados del Ford Fiesta blanco que la revista Noticias le había alquilado al equipo conformado por Gabriel Michi y Jose Luís yace en la entrada de un depósito de chatarra en la comisaría de Dolores, tras ser trasladado desde General Madariaga. Crédito: AiredeSantaFe.com.ar

Y yo siempre digo: que aquellas imágenes que quisieron cegarle a Jose Luis Cabezas, cuando lo asesinaron, se multiplicaron por miles. En cada uno de los colegas que honraron su memoria durante ese tiempo y de los que vinieron después.

En muchas oportunidades, el periodista juega al límite y llega a enfrentarse a esta clase de amenazas, aunque no tan agresivas y directas. Sin embargo, llegar a este punto resultaba y resulta inimaginable en estos días… 

Lo que ocurre es que, si bien se conocían casos de amenazas a periodistas en años anteriores al crimen de José Luis, nunca se había llegado a un asesinato. La variable muerte desde el retorno de la democracia no figuraba entre una posibilidad dentro de nuestro entorno. Ni configurábamos esa posibilidad. Y creo que fue tan límite el caso, que generó la reacción social, las marchas, el homenaje permanente, los camarazos de los reporteros gráficos que fueron tan impactantes. 

Y sobre todo importantes para el esclarecimiento del caso. Creo que esa semejante manifestación social y el hecho de que se hayan encontrado culpables, generó que no hubiera otros crímenes contra periodistas luego del asesinato de José Luís. A mí me pasa que hablo con colegas de distintos lugares del mundo, y particularmente de Colombia y México actualmente. Y se sorprenden que nosotros como periodistas hayamos generado esta movilización tan impactante con la sociedad acompañando. 

Muchos de ellos, como “Pacho” Santos, (secuestrado por Pablo Escobar Gaviria (1949-1993) durante ocho meses, en una década del 90 y principios del 2000, que mataban periodistas en Colombia de una manera impresionante) y actualmente colegas mexicanos (hoy es el país donde más periodistas asesinan a nivel mundial) me expresaron lo mismo en algunos congresos: “si nosotros hubiéramos hecho una mínima parte de lo que ustedes hicieron por el Caso Cabezas, quizás no tendríamos que lamentar la cantidad de muertos dentro del periodismo”. 

Fue un caso emblemático a nivel mundial: no hay lugares en el mundo que hayan pasado lo de José Luis Cabezas y lo hayan transformado en un ícono, un símbolo de la libertad de expresión. Encontré por lo menos 75 lugares en el país que lo recuerdan ya sea en calles, barrios, monolitos, aulas, lo que se te ocurra. Y todo esto fue generado por los colegas y la sociedad. En el exterior se sorprenden sobre lo que significó la repercusión del caso a nivel social.

El Caso Cabezas generó un antes y un después para el periodismo argentino. Pero, ¿hubo cambios significativos positivos en la manera de abordar las noticias, una mayor precaución? ¿O, por el contrario, no solo el hecho permitió generar mejores coberturas periodísticas, caracterizadas por un periodismo más punzante?  

Yo creo que los periodistas entendieron que, lamentablemente, uno puede estar del otro lado y ser parte de la noticia. Eso nos llevó a actuar más responsablemente de lo que veníamos manejando previamente al crimen de José Luis. Obviamente, saber la historia de una familia desgarrada, de compañeros golpeados por todo esto, nos hizo mejores personas al momento de actuar frente a una tragedia. 

Alfredo Yabrán, autor intelectual del crimen, recibe un panfleto de Jose Luis Cabezas, en su visita a la Casa de Gobierno el 24 de junio de 1997. Ese día, el empresario recibió el repudio de medios gráficos y la agresión de personas que se acercaron a Plaza de Mayo. Son recordados los “camarazos” al momento de retirarse de la sede gubernamental. Nunca fue juzgado, al cometer suicidio en 1998. Crédito: MisionesOnline.net

Yo siempre digo, nosotros como periodistas entramos y salimos de la vida de la gente cuando ocurre una noticia, pero la tragedia de esas personas que pierden de una manera violenta un ser querido es permanente. Yo lo viví estando al lado de la familia de José Luis durante todos estos años. Es hasta hoy en día que veo en sus historias ese desgarro permanente, ese lugar, ese espacio queda vacío en cada mesa familiar.  

Ese reflejo del crecimiento de sus hijos sin posibilidad de haber compartido momentos únicos con su padre. O el dolor de sus padres, quienes murieron de tristeza. O del sufrimiento de su mujer Cristina, o de la angustia de su hermana Gladys. Esa dimensión humana, que muchas veces uno como periodista esquiva por entrar y salir constantemente, verlo y vivirlo nos hizo a todos que conocieron a su familia, nos hizo ser mucho más responsables a la hora de informar. 

Ha pasado el tiempo y desde entonces se ha generado la famosa grieta. Y hoy esperamos que no ocurra un crimen como el de José Luis y tampoco creo que no están dadas las condiciones para que ocurran ni existe un personaje tan siniestro como fue Yabrán y su entorno. Pero si ocurriera, yo no daría por seguro la unidad de todo el periodismo cómo se logró para pelear por el esclarecimiento del Caso Cabezas. Con la división que existe en el periodismo, no sé si se lograría esa unión realmente.

Un ciudadano más 

Hemos abordado el tema desde el profesionalismo con el que se manejaron para obtener las imágenes de Yabrán. Los últimos momentos de José Luis y la repercusión del caso, sin darle relevancia al culpable de su asesinato y el séquito que lo acompañaba, más que nada para darle importancia al legado de Cabezas. Pero, ¿Quién era José Luis Cabezas?  

José Luis era un tipo muy divertido, muy jodón, pero con mucho carácter. Cuando se enojaba era un tipo muy difícil pero demasiado talentoso como fotógrafo. Era muy detallista, te sintetizaba en todo lo maravilloso de la fotografía artística, por un lado. Por el otro, captaba la inmediatez que se necesita para ser reportero gráfico, el estar en la calle y captar un momento único e irrepetible, como por ejemplo la foto de Yabrán. Podía sintetizar ambas cosas y tenía una mirada, un arte muy particular que el permanente intentaba mejorar. 

Y lo hacía con un nivel de detallismo que a mí me sorprendía. Y, por otro lado, como una característica que a mí siempre me llamó la atención sobre José Luis era, como él lograba convencer a los entrevistados de hacer las cosas más insólitas e imposibles de lograr. Tenía un poder de convencimiento infernal, como, por ejemplo, lograr que Ernesto Sábato (1911-2011) posara con una pintura naif en medio de la Plaza Lavalle, frente a los Tribunales. O lograr incluso que Oscar Andreani, el dueño de la mesa empresa de correos, se vista como un cartero de su empresa para sacarle una fotografía. Esas cosas las lograba José Luis nada más.

Agradezco tu testimonio, tu aporte e intervención para recordar y mantener vivo el legado de José Luis Cabezas. Y para finalizar, una consulta surge a partir del recuerdo de estas fechas, ¿Por qué no hay que olvidarse de Cabezas? 

No hay que olvidarse de Cabezas porque su asesinato fue el peor atentado a la libertad de expresión desde el retorno de la democracia argentina. Porque fue un crimen atroz que desgarró a una familia, porque fue un trabajador de prensa que murió por simplemente hacer su trabajo, que era revelar la verdad en favor de toda una sociedad. Era un gran tipo, un gran padre, una gran persona, para mí un gran compañero.  

Aún persisten carteles y cruces en el lugar donde fue encontrado sin vida el periodista. Hoy en día, en aquel costado de la ruta, existe un cartel que indica el inicio del recorrido de 5 km tierra adentro que lleva al Monumento a José Luis Cabezas. Cada año, el 25 de enero, ese monolito se puebla de fotógrafos de distintas latitudes para homenajear a su colega. Crédito: ElTribuno.com

Y porque olvidar es volver a repetir una historia, una tragedia como la que vivió la Argentina. Por todo lo que significó José Luis, por todo lo que le dio a este país y por todo lo que ayudó a través de su arte es que no hay que olvidar a José Luis Cabezas. 

Un crimen sin parámetros  

La construcción de una imagen genera ambigüedades: puede atravesar momentos de angustia y, a su vez, retratar momentos únicos e irrepetibles. Puede trascender en el tiempo, un momento y un lugar, y capturar la esencia de las cosas simples. Aquellos instantes de la vida. Sin embargo, las fotografías no dañan, no matan. Para José Luis Cabezas, ese concepto dio un vuelco radical, al enfrentarse a través de su lente, a la mirada del hombre más peligroso de aquella turbulenta década del 90. 

Sin saberlo, aquellas imágenes tomadas en el Balneario Marbella al empresario (y dueño de las principales empresas de correo privado) Alfredo Yabrán fueron su sentencia de muerte. A lo largo de esta nota, hemos evitado (en lo posible) mencionar los detalles de su crimen, respetando su memoria y su legado periodístico. Además, hemos procurado evitar darle la relevancia inmerecida al nombrado personaje que atemorizó a propios y extraños durante aquellos años. 

Sería imprudente, de todos modos, no mencionar a los culpables y autores materiales de su asesinato: Horacio Anselmo Braga, José Luis Auge, Sergio Gustavo González y Héctor Miguel Retana integraron la banda criminal “Los Horneros” de La Plata, contratados por Gustavo Prellezo, policía de Pinamar, para secuestrar a José Luis Cabezas. Este grupo se encargó de trasladar al periodista hasta el Paraje Los Manantiales, ubicado en General Madariaga (a 15 km del centro de Pinamar). 

El secuestro se produjo aproximadamente a las 05:10 de la mañana. En aquel paraje, cercano a la laguna Los Horcones, sería asesinado por Prellezo a las 06:30 estimativamente. Su cuerpo se halló poco tiempo después (07:30 hs) gracias a la intervención de un estanciero de la zona. Junto al autor material del crimen y sus secuestrados, también fueron condenados los policías de Pinamar Sergio Camaratta y Aníbal Luna. El Comisario de la ciudad, Alberto “la liebre” Gómez fue condenado por “liberar” la zona para que se produjera el secuestro. 

Finalmente fue condenado el Sargento del Ejército y jefe de Custodia de Yabrán, Gregorio Ríos, por ser el instigador inmediato del crimen. Alfredo Yabrán, el autor intelectual mediato del crimen y principal sospechoso post homicidio, cometió suicidio en 1998, en su estancia ubicada en Aldea San Antonio, Entre Ríos al dictaminarse una orden de arresto en su contra y encontrarse rodeado por distintas ordenes policiales. 

Gabriel Michi invita al público en general a mantener viva en la memoria, el legado de José Luis Cabezas. Y como lo ha expresado en esta nota, “fue un trabajador de prensa que murió por simplemente hacer su trabajo, que era revelar la verdad en favor de toda una sociedad”. Y, porque en definitiva, “olvidar es volver a repetir una historia, una tragedia como la que vivió la Argentina”. Crédito: Twitter Radio 10

Horacio Anselmo Braga, José Luis Auge, Sergio Gustavo González y Héctor Miguel Retana fueron detenidos en 1997 y condenados a Prisión Perpetua en el primer juicio realizado en el año 2000. A excepción de Braga, que se le otorgó 18 años de prisión. Retana falleció a causa del SIDA en 2001. Posteriormente fueron liberades, beneficiades por la ley del 2×1. Auge salió en libertad en 2004. Lo mismo que González en 2005 (detenido desde el 2015 por una causa ligada al narcotráfico) y Braga en 2007.  

Los policías Sergio Camaratta, Aníbal Luna y Gustavo Prellezo fueron detenidos en aquel año 1997 y condenados en el juicio realizado en el 2000 a Prisión Perpetua. Posteriormente, Alberto Gómez sería condenado en segunda instancia bajo la misma carátula en el 2002. Camaratta falleció en 2015 en el Penal de Dolores. Y Luna obtuvo la libertad en el 2017, siendo el último condenado por el crimen en permanecer en prisión. 

Alberto Gómez obtuvo la libertad en el año 2010, habiendo pasado menos de 15 años en la cárcel, pese a la condena impuesta. Lo mismo evidenció Gustavo Prellezo, quien, tras gozar de salidas transitorias por buena conducta en 2010, obtuvo finalmente la libertad condicional en el año 2017. Por último, Gregorio Ríos se benefició con el arresto domiciliario en el 2006. Posteriormente se le consideró cumplida su etapa carcelaria en el año 2013, pese a haber sido ratificado en segunda instancia la condena de 27 años de prisión.

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