Nov 24, 2021 | Cultura

Corrientes y sus historias de cementerios

Nota al Pie asistió al recorrido nocturno por el Cementerio San Juan Bautista, de la capital correntina y rescató las historias más atrapantes. Fue durante una visita guiada por el asesor cultural Alexis Dabat y la arquitecta Eleonora Luque.

El fin de semana pasado, una vez más, se realizó el recorrido nocturno por el cementerio San Juan Bautista. Se trata de una propuesta turística para revalorizar el despliegue arquitectónico, repasar los principales aportes de renombradas figuras que descansan allí y revitalizar el misticismo de leyendas fantasmales que hasta el día de hoy forman parte de la conciencia colectiva.

Esta iniciativa es impulsada por la Municipalidad de Corrientes, y la visita estuvo guiada por Alexis Dabat, gestor cultural y asesor del gabinete de turismo, cultura y deportes, además, de Eleonora Luque, arquitecta y docente. Cabe destacar que parte del cementerio están señalados por la ordenanza 5049/09 como de Interés Patrimonial Municipal.

Había una vez un cementerio…

En un cementerio, a las afueras de la ciudad, un centenar de personas esperan ansiosas las siete de la tarde del ante último sábado de noviembre. Qué cosa más tenebrosa ir al –como se lo conoce en Corrientes- “barrio de los pies juntos” al anochecer.  Y es que después de mucho, el recorrido regresó y esa era la hora prevista. 

Mientras que por el acceso principal continúa ingresando gente, escoltados por un cordón de agentes de sanidad, encargados de administrar alcohol en gel y repelente, en el interior del predio hay otras que ya logran visualizar los imponentes monumentos y panteones más antiguos de la ciudad

-¡Qué cantidad de muertos!, se escucha decir a una señora. 

Y un poco más allá, y sin que esta escuche, alguien dice: y sí, señora, es un cementerio.

Ante el murmullo de todes, alguien pidió silencio para poder iniciar con el recorrido. Alexis Dabat, comenzó relatando que antiguamente los conventos e iglesias tenían sus propios cementerios, y que incluso dentro de las mismas se sepultaban a las personas más destacadas o quienes hayan cumplido con labores importantes dentro de la comunidad.

Sin embargo, en 1826, el entonces gobernador, Don Pedro Ferré creó un cementerio general público, prohibiendo los entierros en las iglesias. Cuando se produce la epidemia de la fiebre amarilla, un tribunal médico dispuso nuevos espacios a las afueras de la ciudad. Entonces, es la familia de José María Durán, quien dona las primeras hectáreas para el cementerio “San Juan Bautista”. 

Por ello, algunas de las familias más acaudaladas decidieron trasladar los monumentos y los restos de sus seres queridos a este nuevo lugar. Así, les visitantes llegaron hasta uno de los primeros panteones. El de la familia Díaz de Vivar, que resguarda los restos de Justa Díaz de Vivar, quien fuera la primera mujer correntina que llevó la pintura y el arte a importantes museos.

A medida que el sol fue desapareciendo, la columna de gente fue observando cada uno de los 25 panteones que integraban el recorrido. A simple vista, y quizás solo por si las moscas, más de une estuvo atento a todo tipo de ruidos y sin apartarse del grupo, ya sea para evitar perderse detalles de los relatos o bien para evitar “la fábula de las películas de terror” (pues el que primero desaparece, primero muere).

Eleonora Luque, directora de Preservación del Patrimonio Urbano y Arquitectónico aseguró que el menos de dos horas se completó el cupo de personas para participar de la actividad. Créditos: Municipalidad de Corrientes

El coronel dijo que no, el amor dijo tal vez, y la muerte dijo sí

El sol ya no estaba y las linternas de los celulares iluminaron con intensidad el panteón de la familia Dante. Aunque en este caso lo más curioso es la historia que emerge del lugar. Esta es una de las historias presentadas como “de amor y de tragedia” que ocurrieron un siglo atrás y que resuenan hasta el día de hoy.

“En 1920 Sarita fue protagonista de una historia cuando se enamora de un hombre que no estaba, para la sociedad de la época, a la altura del prestigio social de su familia”, comenzó diciendo Dabat. La joven tenía 15 años, hija del Coronel Desiderio Dante y enamorada de un soldado del regimiento de infantería n° 9. 

La historia indica que la familia Dante, ante la negativa de esta relación y básicamente por tener poder económico, decide mover algunos contactos para sacar al soldado de la vida de su hija Sara. El soldado fue reubicado en la provincia de Formosa.

Sin embargo, y por esas cuestiones inexplicables de la vida “Sara decide tomar un veneno y morir por amor”, relató el guía al mismo tiempo que les visitantes realizaban una expresión igual de inexplicable, arraigada a un romanticismo absurdo y antiguo como las mismas bóvedas que les rodeaban.

En fin, la historia continua con que “todos participan de las exequias y es llevada en un ataúd blanco, vestida de blanco y en una carrosa blanca para demostrar que ella había muerto en la pureza virginal”, dijo el guía. Un año después, el enamorado regresa de Formosa y la vista en el panteón dejando una placa de mármol rosado con la inscripción “holocausto”, porque “ella había muerto en holocausto de amor”, aseguró.

Y como si todo esto fuera poco, esta historia fue tan renombrada que la contaron en una revista de tirada nacional. Pero era tanta la negativa de los padres de Sara que “impidieron que la revista llegue a la provincia de Corrientes comprando todos los ejemplares, pero alguna se filtró y quedó en algún archivo con esta historia”, dijo.

Dabat concluyó el relato asegurando que “ella descansa aquí junto a su padre y a su familia, en este panteón que hoy la recuerda”. Después de un siglo solo queda decir que, si hay amores con una fuerza imposible de controlar, envenenarse nunca debe ser una opción, porque en nuestros días, se corre el riesgo de que nadie pueda pagar una placa de mármol. Ante la duda, siempre, lo mejor es vivir. 

Una historia para que “llamen al 107”

Mientras el repelente en spray era lo único que ofrecía resistencia ante los mosquitos de temporada y les guardias urbanos merodeaban el sitio del recorrido observando atentamente todo lo que pasaba, un primer hecho agitó la respiración de muches: se cortó la luz. Los cortes de luz en primavera-verano son insufribles, pero mucho más si te encontrás con gente desconocida, en plana noche y en un cementerio.

Era 20:40 y la explicación natural de lo que había pasado no se hizo esperar. Quizás para algunes el recorrido se hizo muy largo, por lo que decidieron caminar a su paso, con tanta mala suerte que se llevaron unos cables por delante, dejando sin luz ese sector del cementerio. Una vez solucionado el desperfecto, las radios Handy de los guardias dejaron de emitir código indescifrable como el “cinco, cinco. Te copio”.

Más tarde, Alexis Dabat, cedió la palabra al historiador Miguel González Azcoaga, encargado de relatar la siguiente historia. Para este relato es indispensable imaginarse la siguiente escena: un señor, a quién no hace falta identificarlo, se encontraba desesperado ante la enfermedad de su esposa e hijo, quienes sufrieron la epidemia de tuberculosis.

El protagonista de esta historia “tomó una decisión que no quería, que era salir a robar. Con tanta mala suerte que lo atraparon, por inexperto. Estando detenido le comunican que su esposa murió y que dos guardias lo acompañarán al sepelio”, dijo el historiador. El potencial circunstancial de esta historia es que en ese momento se desata una tormenta que genera caos y revuelo.

González Azcuaga cuenta que “el viudo se resguarda en medio de algunos de estos panteones, esperando que escampe. Pero ve una mujer con la que se detiene a hablar”. La historia cuenta que, en medio de esta charla, esta mujer le otorga un anillo para que pueda solventar los gastos para el tratamiento de su hijo.

Con el correr de los días, uno de los familiares de esa mujer se presenta en la comisaría, reconoce aquel anillo y asegura que su hermana fue sepultada con ese objeto preciado. Hasta el día de hoy nadie puede explicar cómo es que ese anillo llegó a otras manos, ya que no había señales de forcejeo en aquel panteón. 

El recorrido abarca 25 obras escultóricas, que son señaladas con relatos y curiosidades. Créditos: Municipalidad de Corrientes

Un imprevisto

Ante la mirada cuidadosa de les expectantes, el relato se vio interrumpido cuando una mujer gritó:

-¡policía! 

y otra, casi al mismo tiempo dijo:

-“¡que llamen al 107”. 

Y hasta podemos agregar a una tercera preguntando asustada;

-¿Qué pasó?

Y es que, como si fuera un meteorito que impacta sin aviso sobre la tierra, una joven mujer se desplomó y cayó al suelo. Centésimas de silencio hicieron falta para que aquellos ojos se dieran cuenta de lo que había pasado.

En ese momento el barrullo acopló la situación. Voces temblorosas que pedían una ambulancia, otras que en un santiamén de segundos diagnosticaron como desmayo, otras como convulsión, y otras que simplemente gritaron. Inmediatamente la guardia urbana se hizo presente y la asistieron. Se la llevaron y Dabat apaciguó la situación afirmando “hay un enfermero y está el servicio médico del municipio que la van a atender”. Una mujer se había desmayado.

Afortunadamente llegó el final

El recorrido continuó hacia uno de los panteones que esconde otra historia de amor y tragedia: La historia de los Pampín Meabe. Sin embargo, después del inesperado desmayo de la joven, el clima tenso que se generó hizo que esta historia fuese escuchada con otro misticismo. 

Para finalizar, el recorrido llegó hasta el panteón de la familia de José Ramón Vidal, quien fuera médico y senador nacional, “y en el momento en que se produce la epidemia de la fiebre amarilla, dejó su banca para salvar la vida de muchos correntinos”, dijo Dabat. 

Además, contó que “Ramón Vidal muere contagiado de esta enfermedad y por eso este panteón es monumento histórico nacional”. Por otra parte, se rescató que en ese mausoleo también se encuentran otras personalidades que dejaron su impronta en la ciudad.

De esta manera, ante la calma de un sábado de noviembre, caluroso y seco, concluyó el recorrido nocturno por el Cementerio San Juan Bautista. No hay manera de asegura que quienes hayan participado de esta travesía concibieron el sueño rápidamente, pero sí estamos en condiciones de asegurar que este recorrido no es para todes. Les fallecides y las historias siempre están. Bastará visitarlos para conocerlos.

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