Jun 4, 2021 | Zona Ambiental

Neorruralismo: sembrando vida en San Rafael

En diálogo con Nota al Pie, Marina Fiadoni, integrante de una comunidad autogestiva contó cómo es la vida en las fincas mendocinas.
Cocina comunitaria de la comunidad autogestiva Crédito: Marina Fiadoni.

El neorruralismo surge en la década de los ’60 y ’70 en Europa y Norteamérica. Esta corriente integró en su mayoría a jóvenes de clase media urbana, quienes se trasladaban al campo para poder vivir en comunidad. La misma se encuentra vinculada con movimientos contraculturales de la época. 

En Latinoamérica las primeras vivencias neorrurales fueron practicadas por jóvenes hippies en los años ’70 y ’80; generando diversas alternativas de coexistencia comunitaria. 

Actualmente persiste, pero la población es más heterogénea y la franja etaria se amplió. Aun así, en la diversidad se puede observar un carácter homogéneo, donde quienes migran son en su mayoría personas de clase media. 

Compra de tierras

Cabe mencionar que la compra de tierras en algunos casos, limita el acceso y uso de espacios y bienes comunes a la población autóctona. La quita de tierras por parte de algunes neorrurales; significa entonces una contradicción con su sentir comunitario. 

No es el caso de la autodidacta Marina Fiadoni, quien se trasladó en el año 2009 junto a su compañero y su hije a San Rafael, Mendoza; para vivir de forma autogestiva junto a otras familias. Fiadoni no está de acuerdo con “la lógica capitalista de privatizar las tierras”. 

La mujer aclaró al medio que “acá donde es el oasis, toda la parte que tiene irrigación; se fundó con un fortín hace un montón de tiempo y ya la población originaria había sido desplazada”.  Por otro lado, las últimas comunidades mapuches “al oeste más limitando con La Pampa; según tengo entendido, están siendo fuertemente desplazadas por un montón de familias terratenientes”, declaró.  

Las familias nativas del lugar “al no tener los papeles bien hechos de la posesión de tierras tienen problemas”. Asimismo, estas familias “tienen ganado trashumante; viajan a la montaña, vuelven y necesitan territorios muy grandes y ya cuando parcelan la tierra les deja de ser útil para sus pastoreos”.

Desde la raíz

Fiadoni se define autodidacta, dijo que “nació así, de chiquitita me llamaba un montón la vida en la naturaleza”. A su vez con el tiempo “una se va encontrando personas en donde se ve reflejada”.  

“Cuando con mi compañero quedamos embarazados de nuestro primer hijo no lo dudamos más y nos vinimos a construir una casita”, dijo. Querían “darle alimentos sanos y una vida estable”. 

Fiadoni intentó estudiar la carrera de Biología en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP); pero “al poco tiempo me di cuenta de la rigidez de las instituciones y no soporté la vida en la ciudad; soy autodidacta y estudio un montón; aprendo muchísimo, pero de manera independiente”. 

Salón de yoga y meditación de la comunidad Crédito: Marina Fiadoni.

Generaciones migrantes en busca de lo autogestivo

Elles son “una generación que ya vivimos en la ciudad y estamos retornando a prácticas viejas, pero con una mirada más reciclada”. “Nosotros somos varias familias que fuimos llegando por amistades; primos o amigos o hermanos”, comentó. 

“La idea nació de generar un nido para todas las familias que estábamos empezando a traer hijes acá a la tierra. Así que generemos un espacio saludable para que crezcan; y creo que gracias a esas infancias sostuvimos esta tarea en el tiempo”, aseveró. “El primer acto de soberanía fue construir el hogar”, dijo Fiadoni. 

Las construcciones son mixtas, “de mucha construcción natural, de reciclado y mucho convencional; porque uno iba haciendo en la medida que iba aprendiendo”, confesó.  Se utilizó “mucho barro” para la construcción. Algunas casas tienen calefones solares, energía solar o “algún pozo con bici bomba”. 

Luego también hay “algunos cultivos agroecológicos y muchos frutales”. Las frutas son variadas “porque tratamos de no generar monocultivo; sino que haya una biodiversidad que se regule a sí misma para intervenir lo menos posible”. “Siempre hay algunas colmenas que apoyan el ecosistema, un caballo, un gallinero”, detalló. 

Habitar el campo de manera compartida “es mucho más fácil, porque podemos viajar y volver y las familias quedan acá sosteniendo el espacio; eso está buenísimo, la crianza compartida también”. A su vez existe un espacio comunitario construido “con ‘minga’, una forma de trabajo comunitario”. Se convoca a les amigues y personas “que quieren aprender construcción natural”. 

Acompañante de partos

Para su primer hije “ya buscaba partera, no conseguí y en el embarazo de mi segundo hijo, sentí la necesidad de estudiar y empezar a hacerme responsable de ese nacimiento; con mi compañero nos preparamos y Silvestre nació en casa”. 

Luego unas amigas comenzaron a llamarla “para acompañar en los nacimientos”. “Ahora con otra compañera hacemos rondas, seríamos lo que se llama “guardianas de nacimiento”; acompañantes de las mujeres que quieren parir en su casa”, explicó. “La búsqueda de la autogestión, la soberanía, tiene que ver con la salud también”, planteó. 

Organización colectiva

Si bien cada une tiene su casa, las familias se organizan de forma grupal. Las plantaciones a su vez son comunitarias y “todo lo producimos nosotros.” Tienen una plaza para les niñes y un salón de yoga y meditación. 

Por otro lado, cada familia tiene su propia economía familiar. “Algunas personas trabajamos en equipos; y tenemos una economía grupal también”, comunicó. Realizan trabajos de carpintería, construcción y venden algunas frutas. Igualmente “casi todo lo que hacemos es para el consumo, pero algún año tenemos un excedente de miel y lo podemos vender”.

Asimismo, hay un día comunitario donde toman todas las decisiones grupales. “Lo que vincula todo es la autogestión a nivel de economía, salud, vivienda, educación; la búsqueda de empezar a solucionar todos los aspectos de la vida de acuerdo a una visión más armoniosa del buen vivir”, afirmó. 

Les niñes aprendiéndo y jugándo en la “ronda del solticio de invierno” Foto: Gentileza de Marina Fiadoni.

Otro espacio para les niñes

La vida de sus hijes se encuentra “arraigada a la tierra, a la finca”. “Les niñes se crían libres, van de una casa a la otra, juegan y se divierten; uno no tiene que recurrir a la ciudad para que ellos sociabilicen”, expresó. 

En relación a la educación, “hay algunos que están escolarizados y otros no, hay un grupo grande que estamos realizando una educación alternativa en casa; basada más en las necesidades de cada uno que en las necesidades del sistema”. 

Fiadoni dio un ejemplo: “en vez de ir directo a las ciencias puras buscamos talleres de carpintería, cerámica, cocina; que incorporen esos conceptos de manera más experimental, más aplicada directamente”. 

Perspectiva en torno a la realidad medioambiental

Para Fiadoni el medioambiente “está muy comprometido porque desde la visión capitalista es un recurso para explotar y no para cuidar”. “Argentina es riquísima y estamos perdiendo soberanía de nuestros bienes comunes”, resaltó la entrevistada. 

“Para nosotros es un bien común no un recurso, es algo que no les pertenece a las personas”, planteó. Igualmente “está creciendo otra fuerza que está resistiendo y sabe que necesitamos el agua pura, la tierra libre de contaminación”, concluyó.

Compartir:

Notas Relacionadas

Nota Al Pie