Abr 1, 2021 | Derechos Humanos, Sociedad

“Club Atlético”: un espacio para la memoria bajo los cimientos del dolor

La autopista 25 de mayo atraviesa el barrio porteño de San Telmo, como una estructura de concreto que deforma el orden demográfico de las casas pequeñas e históricas que recorren sus calles. El ruido de los vehículos recorriendo esta vía rápida hacia la ciudad de  Avellaneda, y alrededores, desemboca a unos pocos metros de Puerto […]
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Foto: @lucas carballo

La autopista 25 de mayo atraviesa el barrio porteño de San Telmo, como una estructura de concreto que deforma el orden demográfico de las casas pequeñas e históricas que recorren sus calles. El ruido de los vehículos recorriendo esta vía rápida hacia la ciudad de  Avellaneda, y alrededores, desemboca a unos pocos metros de Puerto Madero (otro barrio porteño), en una de sus bajadas principales. 

Ignorando esos molestos bocinazos que caracterizan usualmente a esta autopista, se encuentra ubicado un espacio con un aspecto arqueológico silencioso e ignorado por el paso del tiempo, pero con un peso de angustia y dolor, que ni su demolición para la construcción de esa mole de cemento pudo ocultar: el Espacio para la Memoria y ex CCD (Centro Clandestino de Detención) “Club Atlético”.

Este es uno de esos lugares que durante décadas estuvo oculto a la comunidad y en la actualidad sigue pasando desapercibido por la vorágine del ritmo diario de la ciudad. Solo les atentes e interesades frenan por un instante a contemplar.


Manteniendo viva su vigencia e importancia en la historia presente de la Argentina, “El proyecto Club Atlético” se encarga de custodiar y proteger este espacio y brindarles a los visitantes la información necesaria y suficiente para comprender los distintos sucesos trágicos que se fueron sucediendo en el lugar.

Ricardo, uno de los encargados de llevar a cabo este proyecto, a través de su relato nos fue llevando, como si fuera un recorrido, hacia el reconocimiento de este sitio y nos brindó un punto de actualidad que se mantiene en vigencia y nos obliga como ciudadanos a no ocultar estas realidades y gritar: “Nunca Más”.

A principios del siglo XX, en ese lugar se levantó un edificio donde funcionó una fábrica, un taller de relojes y luego una imprenta. Posteriormente se erigió la Compañía General del Fósforo. En 1968 pasó a funcionar el Servicio de aprovisionamiento y talleres de la Policía Federal Argentina y, tras el Golpe del 76, terminó siendo un centro clandestino. 

“El centro estaba a cargo de la policía federal y la mayoría de los represores eran miembros de esta fuerza, aunque también participaron integrantes del ejército, gendarmería y fuerzas de inteligencia”, señaló el hombre.

La estimación que se hizo históricamente, fue que por el centro pasaron entre 1200 y 1500 personas. “Para reconstruir esa información, tuvimos que contar con la participación de sobrevivientes, quienes identificaron que número y que letra les había tocado a ellos (para enumerar a la cantidad aproximada de detenides, se les otorgaba un número y una letra como patrón y el mismo cambiaba al llegar al número 100). 

Se registraron entre 10 y 11 letras que se utilizaron durante el funcionamiento de este espacio. Aún así, hay baches en la investigación; como la cantidad de personas ingresadas a diario y el número de prisioneros trasladados por mes (se estima  que se realizaba un traslado mensual).

Tras los “paseos”, les detenides eran, posteriormente, ejecutados y desaparecidos. “Conocemos la identidad de, aproximadamente, 300 personas que han estado en el Atlético y continúan desaparecidas; y entre 160 y 170 sobrevivientes. Aún falta conocer la identidad de muchas personas que pasaron por allí y son desconocides”.

“El “Club Atlético” funcionó según se estima, durante todo el año 1977. Esta información de su comienzo como un centro como tal  se encuentra opaca, porque tratamos de armar la historia a partir de los testimonios de sobrevivientes que pasaron por allí y cuyos recuerdos están fragmentados porque estuvieron todo el tiempo vendados. 

Se sabe con certeza que dejó de funcionar el 28 de Diciembre de 1977 ya que estaba planeado el comienzo de la construcción de la Autopista 25 de Mayo. Los detenidos fueron traslados a otro centro clandestino llamado “Banco” ubicado en la Autopista Ricchieri y Camino de Cintura (conurbano bonaerense) que funcionó hasta Agosto de 1978. Posterior a este cierre, comienza a funcionar “El Olimpo”, en el barrio de Floresta. 

Aunque parezca un circuito, funcionó como un único centro clandestino que se fue mudando y mantenía el mismo grupo de represores y  de tareas aunque con algunos cambios como la incorporación de la policía bonaerense y una mayor preponderancia en este último de la gendarmería nacional. 

Tanto en “El banco” como en “El Olimpo”, se siguieron secuestrando personas, pero también hubo casos de personas que pasaron por los tres centros clandestinos de detención y por suerte, sobrevivieron para dar información de los compañeres desaparecidos y los represores que formaron parte del circuito”.

“Luego del traslado de los sobrevivientes a “El Banco”, se desconoce cuánto tiempo continuó utilizándose de forma legal como taller de la policía. Si se tiene como certeza que a fines de 1978 el edificio ya se encontraba completamente demolido por la construcción y finalización de la autopista en este sector. Un sobreviviente reconoció el lugar después de ser liberado, a través de recorridos que fue realizando por el barrio y por varios datos que fue recolectando en cautiverio y partiendo de los comentarios de represores quienes ubicaron al espacio físico cerca del barrio de La Boca. 


A finales de ese año y principios de 1979 encuentra el lugar ya demolido incluyendo al sótano, aunque visible aún y sin cubrir por los restos de materiales y tierra. Ubica el sector de celdas, inconfundibles para él (se calculan 41 celdas en el sector principal) y ciertos entramados que le permitieron identificarlo. Todo esto es importante destacar, ya que muchos sobrevivientes, más allá de ubicar el recorrido del auto, estaban siempre vendados y en constante tortura.

“A finales de la dictadura, muches sobrevivientes y exiliades habían declarado y en la vuelta a la Democracia en 1983, y con la posterior investigación de la CONADEP (Comision Nacional sobre la Desaparicion de las Personas) y publicación del libro NUNCA MÁS, se permitió conocer esta realidad. 

Aunque el Juicio a las Juntas de 1985 había generado una gran expectativa, con la posterior sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los indultos, se generó un periodo de impunidad en la cual las mayorías de las causas quedaron suspendidas y congeladas. Con la posterior participación y protagonismo de las organizaciones del barrio, se empiezan a realizar actos bajo la autopista donde no había quedado nada, reclamando que se realicen allí excavaciones ya que allí se erigía un centro clandestino. 

Estas jornadas comenzaron en julio en 1996 y, además de la participación de organismos de derechos humanos, sobrevivientes y familiares; también se realizaron intervenciones artísticas, que sufrieron posteriormente atentados presuntamente por organismos de seguridad como la policía (especialmente, un Tótem (enclavado en la columna de la autopista), que fue varias veces reconstruido). 

En el año 2002, el Gobierno de la Ciudad habilitó las excavaciones en el sitio y el 13 de abril de ese mismo año, comenzaron a encontrarse muchas de las cosas dibujadas en los mapas que habían realizado los sobrevivientes. Desde ese momento, se lo sitúa como Espacio para la Memoria y en la actualidad continúan realizándose excavaciones para conservar el lugar, ya que aún resta por intervenir al 80 por ciento del lugar. 

Hasta el momento se ha descubierto la enfermería,la escalera de los baños, dos celdas delanteras y una sala denominada “Consejo”. Aún quedan excavar lugares importantes como “La Leonera”, que era el sector de celdas comunes y el sector principal de 41 celdas, ademas de las tres salas de tortura. “Estamos esperando unas obras que permitan retirar la tierra restante para continuar con las excavaciones pertinentes”, señaló Ricardo.

“Para nosotros que trabajamos ahí, es importante que esté enmarcado como una importante marca urbana, ya que la mayoría de estos sitios estaban enclavados en el medio de las ciudades y cumplían con un propósito hacia el afuera (no solo hacia el adentro con la tortura) ya que la destinataria de la represion y el disciplinamiento era toda la sociedad”, señaló el trabajador.

“La autopista vino bien para poder derribar el edificio y asegurarse que los restos quedaran sepultados” pero no contaban con que, gracias a la pelea de familiares y asociaciones civiles, después de 25 años, se permitiría llegar a la verdad. Esto es una expresión más de la pujanza, de la pelea de los derechos humanos en Argentina, con la recuperación de nietes apropiades y la posterior reconversión de estos sitios en Espacios para la Memoria”, se enorgulleció Ricardo.

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