
“Una silueta es un esfuerzo imposible, casi mágico, para que alguien que no estaba, esté”, describió el artista visual Guillermo Kexel sobre el histórico “Siluetazo”. Se trató de una acción estético-política que tuvo lugar en la III Marcha de la Resistencia, el 21 de septiembre de 1983.
El fue uno de sus creadores, junto a los artistas plásticos Rodolfo Aguerreberry y Julio Flores. Para compartir cómo surgió la iniciativa, Kexel brindó una charla este viernes 29 de agosto, en el Espacio para la Memoria ex Comisaría 5ta de La Plata .
Lo hizo en el contexto del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se conmemora todos los 30 de agosto. Al finalizar el conversatorio, les allí presentes realizaron su propio “Siluetazo”, con figuras que luego se pegaron en el edificio donde durante la última dictadura militar funcionó un Centro de Detención y una Maternidad Clandestina.
“Para que 30 mil figuras hechas a mano estuvieran en la calle, hacía falta un milagro”
“Y ese milagro ya existía, estaba ocurriendo. Se llamaba Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, Familiares, y otros organismos que acompañaron el movimiento por los derechos humanos en Argentina desde el inicio”, aclaró Guillermo Kexel.
Hablaba en un ámbito más que significativo: el auditorio del Espacio para la Memoria (ex Comisaría 5ta), que se encuentra decorado por los cuadros de nietos y nietas cuyas identidades fueron restituidas por las Abuelas de Plaza de Mayo.
En ese lugar, Kexel recordó ante los oídos de los presentes cómo surgió el siluetazo, y mostró imágenes que él mismo tomó de esa intervención artística.
“Todos conocíamos a alguna persona cercana que había sido secuestrada, llevada, y de quienes no sabíamos absolutamente nada”, comenzó. “Entonces, nos pusimos a pensar si había una forma de representar esto”.
“Lo primero que se nos ocurrió y nos continuó persiguiendo era esta idea de hacer siluetas vacías para representar al desaparecido o a la desaparecida”, compartió el artista. “Pero tenían que estar hechos a mano y tenían que ser 30 mil”.
La idea nació en 1981, pero fue recién en 1983 cuando se hizo realidad. A mediados del año comenzaba a hablarse de la posibilidad de que hubiera elecciones, entonces los tres artistas llevaron su propuesta a las Madres de Plaza de Mayo.
La intención era realizar la acción durante la III Marcha de la Resistencia, que tendría lugar el 21 de septiembre. Se trataba de una movilización que reunía a miles de personas, y duraba 24 horas. Comenzaba en Plaza de Mayo y culminaba en el Congreso de la Nación, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
“Fuimos a la Casa de la Madre, y justo ellas se encontraban en reunión de comisión”, rememoró Kexel. “A los 40 minutos que dejamos la propuesta nos confirmaron que íbamos a hacerlo, pero con algunas modificaciones”.
La condición que incluyeron las Madres de Plaza de Mayo era que las siluetas fueran anónimas, ya que querían que cada una representara a todos y todas. “Pero eso no se cumplió, porque cuando estás haciendo el dibujo, viene alguien y le pone el nombre de su hermano, hermana, novio, papá…¿quién le va a decir que no?”, confesó el artista visual.
Una multitud de siluetas
Llegó el día tan esperado: 21 de septiembre de 1983. Guillermo Kexel, Rodolfo Aguerreberry y Julio Flores llegaron a Plaza de Mayo y desembarcaron los materiales para realizar las siluetas de una chata que “manejaba un tipo más loco” que ellos. Habían llevado cientos hechas, ya que tenían miedo que nadie se enganchara en la acción.
“Ocurrió exactamente lo contrario, algo absolutamente inimaginable para nosotros”, se emocionó. Comenzaron ellos tres junto con algunes allegades a realizar siluetas en el piso, pero “al ratito eran cientos de personas disputando los pocos materiales: pinceles, papel, pintura y plantillas”.
“Nosotros mirábamos desde un costado, y Rodo dice: ‘si nos vamos no se van a dar cuenta, acá no hacemos falta para nada’”, recordó al mostrar una foto que él mismo tomó de ese momento. “En ese instante se registra el comienzo del Siluetazo, antes de esto no era más que la idea de tres tipos que no habían podido hacer nada al respecto. Fue el comienzo de una acción gráfica que continuaría a lo largo de las décadas de diferentes formas”.
De esa forma, el centro porteño quedó empapelado con las siluetas que desde ese entonces representan a las personas desaparecidas. “La junta genocida se vio totalmente sorprendida por lo que ocurrió, hubo bronca porque no lo vieron venir”, afirmó.
Más tarde se realizaron otros dos “Siluetazos”, uno en diciembre de 1983 y otro en marzo de 1984. Según Kexel, si bien las figuras finalmente llevaron los nombres y fechas de desaparición de las personas, cuando se veían “la multitud de siluetas que rodeaban el centro de la ciudad todas eran anónimas, no se distinguían los datos”.
Las fotos que el artista tomó de aquel 21 de septiembre se pueden ver en su libro “El Siluetazo”. A su vez, desde hace algunos años seleccionó algunas de las imágenes para conformar una muestra itinerante, que ahora se encuentra en Espacio de Memoria y Promoción de los DDHH Ex Centro Clandestino de Detención «Pozo De Banfield».