lunes 15 de abril de 2024

Argentina, un faro sobre los debates ambientales desde el sur

Nota al Pie repasa las discusiones actuales sobre el cuidado del planeta a 52 años del “Mensaje Ambiental para los Pueblos y Gobierno del Mundo” de Juan Domingo Perón.
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Argentina es tierra de doctrina para la cuestión ambiental en los últimos cincuenta años. Crédito: Continuemos Estudiando.

El 21 de febrero de 1972, el ex Presidente Juan Domingo Perón publicó un texto de su autoría denominado “Mensaje Ambiental para los Pueblos y Gobiernos del Mundo”. A 52 años de su elaboración, se presenta como un antecedente de otros documentos con la misma orientación y de escala universal, como la Encíclica Laudato Si del Papa Francisco expuesta en 2015. 

En esta ocasión, Nota al Pie analiza los debates actuales sobre los desafíos ambientales desde una mirada nacional.

Una reacción mancomunada para detener la marcha suicida

Así convocó el ex Presidente de Argentina a la población internacional y su dirigencia para ponerle un freno a la tendencia que se profundizaba en el sistema capitalista de la época. El dirigente alertó sobre el colapso del sistema social y productivo en el marco de la agudización de la bipolaridad que enfrentó a Estados Unidos con la Unión Soviética (URSS). En la antesala de lo que representaría su regreso al país y su tercera presidencia, Perón mencionó al ser humano como una “poderosa fuerza biológica” que no podía concebirse independiente del medio que había creado.

En ese sentido, planteó que la humanidad estaba cambiando las condiciones de vida con tal rapidez que no llegaba a adaptarse a las mismas. “Las mal llamadas sociedades de consumo son, en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto porque el gasto produce lucro”, definió Perón. En ese marco, realizó una crítica a “los países tecnológicamente más avanzados” que consumían recursos naturales “aportados por el Tercer Mundo”. En efecto, encuadró al problema desde una perspectiva económica con eje en la dicotomía centro-periferia. Los países periféricos sufrían hambre, analfabetismo y enfermedades; pero los centrales tenían vicios que degradaban su dignidad humana.

A su vez, Perón señaló al exterminio animal; la contaminación ambiental; la toxicidad del aire; el acceso al agua dulce; la erosión del suelo; la carrera armamentística; y el “crecimiento explosivo de la humanidad” como síntomas concretos de la marcha suicida de la humanidad. 

Frente a ese escenario, formuló una serie de premisas para revertir el estado de situación. Entre ellas, hizo énfasis en una “revolución mental” de la concepción del hombre sobre su relación con la naturaleza que supere el materialismo hedonista y el progreso ilimitado para transitar hacia una utilización racional y soberana de los recursos naturales. Un paradigma que cuestione el “american way of life”  y su obsesión por el lucro que promulgaba el Occidente liderado por Estados Unidos.

Por otro lado, convocó a planificar el -hasta entonces- descontrolado crecimiento demográfico; y a la lucha coordinada contra los problemas ambientales en espacios multilaterales como Naciones Unidas. Según su visión, todos estos desafíos debían ser apalancados por la búsqueda del pleno desarrollo de la personalidad humana. 

En su Mensaje Ambiental, Perón promovía la justicia social, la soberanía política y la independencia económica como baluartes del Tercer Mundo para superar ese escenario. 

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Francisco instaló nuevos ejes para el debate sobre el cuidado ambiental desde una perspectiva de justicia social. Crédito: Vida Nueva.

El Cuidado de la Casa Común

43 años después, en mayo de 2015, otro argentino elaboró y publicó un documento de escala internacional que tuvo gran repercusión. El ex cardenal jesuita del barrio porteño de Flores, Jorge María Bergoglio, ya consagrado como Papa Francisco dos años atrás, compartió su célebre Encíclica Laudato Si. En un contexto de crisis internacional sistémica de múltiples dimensiones y niveles, el Jefe de la Iglesia Católica produjo un texto que problematizó la cuestión ambiental bajo el lema: “Cuidado de la Casa Común”. 

Bajo una concepción del planeta no como un globo universal que aplana las diferencias sino como un poliedro pluriversal integrado por diferentes caras y matices, el Sumo Pontífice planteó que la desigualdad era estructural. En continuidad con el planteo de Perón, expresó que la lucha por el cuidado del medio ambiente era indisociable de la lucha por la justicia social. En caso de afrontarla por separado sería inútil o insuficiente. Según sus propias palabras, la temática abordada por la Laudato Si es “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta” que interpele al ser humano y sus formas de gobierno y organización política a nivel internacional.

En líneas generales, la propuesta de Francisco se basó en cinco ejes. El primero contempla la promoción del diálogo ecuménico y multidisciplinario como estrategia. El segundo enfatiza en la búsqueda de una ecología integral que equilibre al ser humano, la sociedad y la naturaleza, y tenga a la comunidad como destino. En tercer lugar, la centralidad de los “descartados” del sistema para revertir el sufrimiento de la humanidad en general. El cuarto hace hincapié en el destino común de los bienes como expresión de dicha justicia social. Por último, expone una visión de Tercera Posición que supere el materialismo hedonista y el ecologismo antidesarrollista.

La agenda ambientalista

A medida que los debates sobre la problemática ambiental fueron aumentando, en el plano de la política se desarrollaron instituciones de gobierno comprometidas con dicha agenda. A seis meses del lanzamiento de Laudato Si, los líderes mundiales firmaron el Acuerdo de París en la Conferencia de Naciones sobre el Cambio Climático (COP 21), celebrada en Francia. El mismo, legalmente vinculante desde 2016, establece objetivos de largo plazo orientados a avanzar en economías que reduzcan las emisiones de carbono como método para contener el calentamiento global.

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La elaboración del documento de síntesis de la COP 28 dejó a la vista las contradicciones al interior de los bloques de poder internacionales. Crédito: Futuro 360.

Si bien 193 fueron los países firmantes del acuerdo, al interior conviven diferentes miradas para abordar la cuestión ambiental que se agudizaron con el correr de los años. En la COP 28 celebrada en Dubái en noviembre de 2023, la elaboración del documento final dio cuenta de ello. Mientras algunos referentes criticaron que entre las líneas de trabajo no se hayan incluido restricciones concretas a la producción de combustibles fósiles o la descarbonización, otros cuestionan que el financiamiento esté orientado a países de ingresos medio cuyas economías crecen de acuerdo a estas áreas. 

De hecho, en la última cumbre de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que reúne a los principales productores de crudo a nivel internacional, se realizó una advertencia a los discursos ambientalistas. En la previa al encuentro, el funcionario de Kuwait, Haitham al-Ghais, señaló que las ideas que desalientan la inversión en petróleo “sólo conducirá al caos energético” y que, por el contrario, hay que trabajar por “una transición ordenada, integradora y que contribuya a garantizar la seguridad energética para todos”.

Un modelo sustentable desde una perspectiva austral

Países del Norte Global como Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido de Gran Bretaña y Alemania son los impulsores de planes de financiamiento para promover la transición energética en países de ingresos medios, y curiosamente engrosan la lista de las naciones con mayores emisiones de carbono. Si bien China encabeza el registro, y otros Estados como India y los de la región arábiga cuentan con índices preocupantes, queda en evidencia que quienes alientan agendas de compromiso ambiental son las naciones centrales que más emiten. En la jerga científica, deudores en relación a la huella de carbono.

Por el contrario, América del Sur y África son continentes cuyos países son acreedores de esta misma huella, una realidad que contradice los discursos provenientes de la Unión Europea y otros foros internacionales conducidos por líderes atlantistas cuyo interés radica en detener la industrialización de los países en desarrollo. A medida que se intensifica la disputa geopolítica, las naciones emergentes discuten con mayor fuerza los argumentos de las naciones centrales e intentan reordenar el compromiso ambiental a expensas del desarrollo humano integral.

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