Abr 19, 2023 | Internacional, Política

72 años del Instituto Antártico Argentino: un desafío estratégico en clave geopolítica

El ente fue creado en 1951 con el objetivo de definir, coordinar y difundir la actividad científico-tecnológica argentina en la Antártida. De esta manera, nuestro país afianza su presencia en el continente blanco.
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El 17 de abril de 1951 se creó el IAA por decisión del coronel Pujato. Crédito: argentina.gob.ar

El Instituto Antártico Argentino (IAA), que el pasado 17 de abril cumplió 72 años desde su creación, fue uno de los primeros institutos científicos en investigar el continente blanco. 

Nota al Pie analiza la presencia argentina en la Antártida desde una perspectiva geopolítica y los factores de poder que ha desarrollado para defender su soberanía en un territorio donde se amplifica la disputa.

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Por decisión política del Coronel Hernán Pujato, el 17 de abril de 1951 se creó, como iniciativa del primer gobierno peronista, el Instituto Antártico Argentino, un organismo científico tecnológico pionero a nivel internacional en el desarrollo de investigación antártica. 

Apenas tres años antes se había fundado la División Antártida y Malvinas con el propósito de defender los derechos jurídicos argentinos sobre el Atlántico Sur. El trabajo del instituto consiste en definir, desarrollar, dirigir, controlar, coordinar y difundir la actividad científico-tecnológica argentina en la Antártida.

El IAA debe resguardar los derechos históricos, geográficos y territoriales “sobre el sector de la zona antártica que le pertenece”. Actualmente depende directamente de la Dirección Nacional del Antártico, bajo la esfera de la Subsecretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur de la Cancillería Argentina

Hoy cuenta con más de 50 investigadores de diversas disciplinas como biología, física, oceanografía, ciencias de la atmósfera, sociales y geología, entre otras, además de personal técnico y administrativo.

El trabajo científico se lleva adelante en siete bases permanentes: Marambio, Carlini, Orcadas, Esperanza, San Martín, Belgrano II y Petrel, además de otras de carácter temporario al igual que algunos campamentos.

En cuanto a los temas abordados, se encuadran en el objetivo general de respaldar los intereses argentinos en la región, en el marco de la plena vigencia del Tratado Antártico y en articulación con el complejo científico-tecnológico nacional e internacional.

Presencia ininterrumpida desde 1904

En ese sentido, resulta fundamental la labor de las Fuerzas Armadas Argentinas. El 22 de febrero de 1904 se estableció el Observatorio Meteorológico de las Islas Orcadas del Sur. La hoy conocida como Base Orcadas fue la primera permanente en el continente blanco y de esa manera se dio continuación a la presencia desde las primeras décadas del siglo XIX con la actividad de foqueros criollos. 

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La creación de la primera base antártica nacional expresa la presencia de foqueros criollos desde las primeras décadas del siglo XIX. Crédito: El Ciudadano

La instalación del observatorio inauguró un proceso de creación de más bases antárticas que aportaron al desarrollo y fortalecimiento de la actividad científica en esa región. A su vez, fue la punta de lanza para el establecimiento de una Política Antártica Nacional.

Argentina no solo es el primer país en el mundo en tener presencia efectiva en el continente blanco. También el único que la mantuvo de forma ininterrumpida hasta la actualidad. En relación a ello, el Estado Nacional desarrolló una política poblacional en la Antártida a partir de la construcción de escuelas para las familias nativas del continente.

Los desafíos geopolíticos del continente blanco

La presencia argentina en la Antártida se encuadra en dos escalas de carácter geoestratégicas: el control del continente blanco en particular y del Atlántico Sur en general. La dinámica depredatoria que impone el sistema capitalista sobrepasa la capacidad del medio ambiente para renovar sus recursos naturales, con lo cual el acceso a ellos es un factor de disputa internacional. 

Recursos estratégicos como el agua dulce, el petróleo, el gas y el litio son cada vez más valiosos y por eso las principales potencias han profundizado su búsqueda por fuera de las regiones que ya controlan.

A diferencia del Ártico, la Antártida tiene corteza continental. Es decir, cuando el Polo Norte se descongele solo habrá agua. En cambio, en la Antártida habrá tierras poco conocidas y fuentes minerales. Por eso, Argentina ha desarrollado un complejo científico y tecnológico con el objetivo de localizar estos recursos. 

En 1961 12 países firmaron el Tratado Antártico, un acuerdo a partir del cual se comprometieron a promover la investigación científica en el continente blanco y despejaron los propósitos militares. Si bien el Tratado tiene vigencia hasta 2048, nada garantiza que algunos actores lo rompan antes si consideran que pueden imponer condiciones tecnológicas y militares.

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Las potencias nucleadas en el Consejo de Seguridad de la ONU posan sus ojos sobre el continente antártico. Crédito: Wikipedia

A su vez, la disputa por la Antártida no tiene proyección por fuera de la lucha por el control del Atlántico Sur. En efecto, las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur son un enclave estratégico para controlar el espacio marítimo en dirección al continente blanco, lo cual posibilita el desarrollo de logística, por ejemplo. 

Esto explica, en parte, el control ilegal y neocolonial del Reino Unido de las islas del Atlántico Sur. Pero también la iniciativa del Ministerio de Defensa de la Nación para convertir a Ushuaia en el centro logístico antártico. La política antártica nacional afianza los factores científico, poblacional y educativo. Sin embargo, el poder militar disuasivo es una punta importante a consolidar.

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