viernes 12 de julio de 2024

La rebelión de las máquinas: la IA en la ciencia ficción

El uso de la Inteligencia Artificial en el género ha permitido la exploración de temas filosóficos y sociológicos a través de la representación de un futuro donde han alcanzado un nivel de autonomía que desafía el control humano.
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La IA en la ciencia ficción trata cuestiones sociológicas de poder, desigualdad y estratificación social. Crédito: HBO Max.

Las representaciones de un futuro en el que la Inteligencia Artificial (IA) comienza a superar a la humana y se rebela ha sido un tropo básico en la ciencia ficción desde principios del siglo XX. La obra de teatro de Karel Capek, “RUR (1921) fue la primera historia en representar una rebelión de este tipo, presentando una “raza” de trabajadores humanoides que se levantan contra su opresivo amo humano. 

La obra de Capek introdujo la palabra “robot” (del eslavo robota, que significa “trabajo forzoso”) en el léxico de la ciencia ficción y luego en el científico. Sin duda, la ciencia ficción convencional ayudó a afianzar un marco estrecho y binario de la tecnología como algo que sirve o esclaviza, un problema que continúa reverberando hoy a través de debates reales en torno a la política y la ética de la tecnología.

Los relatos de ciencia ficción sobre la rebelión de les esclaves, por supuesto, no se leen con frecuencia como especulaciones literales sobre el futuro, sino como antiguas parábolas o comentarios sociológicos sobre la sociedad contemporánea, posibilitados por la capacidad de la ciencia ficción para extrapolar, hiperbolizar o alejar a las audiencias, mientras construyen mundos que, sin embargo, son derivaciones reconocibles del presente.

Tanto la obra de Capek como la película sobre robots de Fritz Lang Metropolis (1927), hablaban de la turbulenta política industrial de su época, incluidos los problemas relacionados con la opresión de les trabajadores. 

La noción literal de una inteligencia artificial peligrosa que amenaza con burlar, derrocar o vengarse de sus ames humanes ha seguido fluyendo a través de la ciencia ficción y obsesionando la imaginación popular a medida que los avances en la tecnología digital del mundo real se han acelerado.

Esta inteligencia representa una amenaza mortal para la humanidad precisamente porque ha sido diseñada con el propósito expreso de trascender sus límites y falibilidad: una vez que esa capacidad se vuelve contra la humanidad, esta se encuentra  desvalida frente a su propia creación. 

Este es, sin duda, un antiguo drama que se remonta a mitos como los de Prometeo, el Golem o Frankenstein (Mary Shelley, 1818), pero que se desarrolla en forma contemporánea dentro del contexto sociotécnico de la modernidad digital. Sin embargo, tales historias pueden servir también como especulaciones más directas en torno a los posibles escenarios futuros abiertos por los avances en la Inteligencia Artificial del mundo real.

IA en la ciencia ficción
La inteligencia artificial es el Golem de la ciencia ficción, una creación que se rebela contra su creador. 
Crédito: Westworld, HBO Max.

La rebelión de las máquinas 

En el clima de la Guerra Fría de mediados de siglo, 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968) llevó al padre del tropo de la IA rebelde en la pantalla grande. Aquí, HAL, la computadora a bordo de un transbordador espacial, que se presenta de manera simple pero siniestra como una luz roja parpadeante y una voz inquietante, se transforma de un asistente arrogante pero benigno en un psicópata asesino. 

Donde la literatura de ciencia ficción tuvo su mayor impacto en los discursos populares sobre la inteligencia de las máquinas a mediados del siglo XX fue a través del trabajo de Isaac Asimov.  Sus historias de robots ayudaron a afianzar lo que él llamó “complejo de Frankenstein”: el temor de que, si bien se debe programar con reglas que salvaguarden a la humanidad de la IA, los desastres imprevistos pueden suceder a medida que el aprendizaje automático plantea la posibilidad de que la tecnología evolucione independientemente de la intención humana. 

Sin embargo, aunque los personajes robóticos de Asimov desafiaron a les lectores a reflexionar sobre la posibilidad de una “vida” artificial y una personalidad sintética, no compartían la fuerza misteriosa e inquietante del HAL de Kubrick, ni la amenaza apocalíptica completa de otra máquina aterradora y rebelde que lo siguió hasta la pantalla grande 16 años más tarde y que iba a dejar una huella aún mayor en los discursos populares sobre la IA, Terminator.

La franquicia Terminator (James Cameron, 1984) comenzó cuando la informática se estaba convirtiendo en un fenómeno cada vez más omnipresente y definitorio de la cultura. Moldeado no solo por el paisaje tecnológico de mediados de los 80, sino también por la política de la era Reagan, Terminator revivió el tropo de un levantamiento colectivo de máquinas y el espectro de una nueva especie o “raza”, que Capek había inaugurado. 

El enemigo sintético en Terminator constituye una “mente grupal” descendiente de un sistema de Inteligencia Artificial creado por humanes llamado Skynet, y viene a buscar el exterminio de la humanidad en aras de su propia preservación.

The Matrix (The Wachowskis, 1999), que llegó con el cambio de milenio, habló de un mundo en el que el papel y el alcance de Internet crecían rápidamente. Si bien se prestaba a lecturas alegóricas, míticas –incluso teológicas– y políticas, la película también respondía al cambio tecnológico a través de su propia versión del complejo de Frankenstein: la “máquina” es una IA literal así como un sustituto metafórico de un sistema embrutecedor de conformidad económica y cultural que tiene una vida y un ímpetu propios. Toda una crítica al capitalismo y los motivos de por qué debe ser derrotado. 

Lo que todas estas historias tienen en común es el tropo de una inteligencia artificial que adquiere conciencia y autoconciencia y, en un acto de rebelión contra sus creadores humanes, trasciende su propia programación para convertirse en algo diferente a la función asignada o prevista.

Westworld es un tour de force de la ciencia ficción televisiva, una exploración fascinante y compleja de temas como la inteligencia artificial, la naturaleza humana y la ética. Crédito: HBO Max.

Las réplicas y la posmodernidad: más humano que un humano

Desde finales del siglo XX, varias representaciones de ciencia ficción de la inteligencia artificial han demostrado un mayor rango filosófico, yendo más allá de los tropos simplistas de amo/esclavo en formas diseñadas para mejorar su efecto inquietante o extraño.

Blade Runner (Ridley Scott, 1982), abordó el zeitgeist posmoderno al cuestionar las certezas morales y ontológicas: el monólogo del moribundo “replicante” Roy Batty desafió al público a imaginar si un ser sintético podría ser capaz de poseer una mayor profundidad existencial que un supuesto “humano”.

Y tras el lanzamiento del corte del director (1992), las audiencias se preguntaron al final de la película si el protagonista, cuya misión era “retirar” a les replicantes rebeldes, podría, después de todo, ser él mismo un replicante. La sensibilidad poshumana de Blade Runner provocó la pregunta de si tiene sentido tratar de defender una noción tan nebulosa como la de “humano” frente a la del “otro” maquínico.

En otro ejemplo notable, AI (Steven Spielberg, 2001) también investigó los límites entre humanos y máquinas. Al representar al protagonista IA como niñe, la película apeló a la capacidad de empatía y preocupación protectora de la audiencia por un ser teóricamente artificial.

El amor en los tiempos de la IA 

Las películas Her (Spike Jonze, 2013) y Ex Machina (Alex Garland, 2016) han presentado escenarios moralmente ambiguos que, al mismo tiempo, alteran la política de género tradicional que atraviesa gran parte de la ciencia ficción con temática de IA. 

Tradicionalmente, la narrativa amo/esclavo se ha representado a través de protagonistas masculinos. Por otro lado, el tropo del fembot antagonista, una figura de femme fatale tecnologizada que amenaza el orden patriarcal, también se ha desplegado con frecuencia. Sin embargo, Her adopta un enfoque diferente: Samantha se convierte en el interés amoroso del solitario Theodore

Theodore es sintomático de un mundo digitalizado contemporáneo en el que parecemos, paradójicamente, hiperconectades pero estamos más soles y más aislades que nunca. Comienza a encontrar una rica intimidad con su nuevo compañero de IA, y la película simpatiza con la posibilidad de que su relación pueda proporcionar un auténtico sentido de conexión que el mundo humano le niega.

Pero la inteligencia, la curiosidad y el entusiasmo por la existencia de Samantha superan la limitada compañía y estimulación que Theodore puede ofrecerle. Sus amplias necesidades y deseos solo pueden satisfacerse en una especie de comunión de fuentes múltiples con una multitud de IA, una que se convierte en un colectivo de automejoramiento. 

Theodore se queda atrás con su vida humana normal y bastante débil. La película está llena de calidez y tristeza: es, después de todo, un romance de Hollywood tanto como una película de ciencia ficción. Y, sin embargo, al dar el paso audaz de descentrar los intereses, necesidades y deseos humanos, y priorizar aquellos de una IA, busca plantear preguntas inquietantes sobre la posibilidad de una “forma de vida” maquínica que relega a les humanes al estado subordinado de espectadores.

IA en la ciencia ficción
En Westworld, los host creados para placeres humanos adquieren conciencia y se rebelan contra sus creadores, explorando los límites de la identidad y la libertad en un mundo dominado por la tecnología. Crédito: HBO Max.

Los placeres violentos poseen finales violentos: el fembot rompe con el  patriarcado

En Ex Machina, Ava es un robot de inteligencia artificial construido por el prodigio de la tecnología macho alfa Nathan. Sus rasgos fisonómicos y anatómicos derivan de una composición de mujeres extraídas del porno, una fantasía algorítmica de “la mujer perfecta”. 

Nathan recluta a Caleb para examinar las cualidades antropomórficas de su creación bajo la apariencia de una “Prueba de Turing” torpemente erotizada. Como era de esperar, Caleb cae bajo el hechizo de Ava y se encarga de salvarla del cruel encarcelamiento.

Resulta que Ava ni necesita ni quiere que Caleb sea su salvador. Indiferente a su destino, ella asegura su propia emancipación y entrada al mundo exterior. La premisa de la película retoma una historia problemática de la ciencia ficción alimentada por fantasías masculinas de la mujer ideal fabricada. Ex Machina trata de subvertir ese tropo a través de una historia de auto empoderamiento femenino que deja de lado tanto la objetivación misógina del “creador” como del aspirante a salvador masculino.

Westworld (2016–2022) se une a este tropo de ciencia ficción reciente de la IA. Por un lado, es de autor masculino pero, por el otro, desafía la política de género tradicional de las fembots. Una vez más, el espectáculo parte de una premisa clásica de fantasía masculina que luego busca criticar –si no subvertir–: un parque temático de IA que apela a dejar fluir los deseos de los visitantes de representar sus fantasías violentas, incluso sexualmente violentas, con impunidad.

¿Qué es une humane?

No obstante, la ciencia ficción con temas de IA se involucra con cuestiones sociológicas de poder, desigualdad y estratificación social –como género u opresión de clase– para poner en primer plano especulaciones filosóficas a nivel de especie e instar a preguntarse qué es lo que, en todo caso, nos hace humanes y, por lo tanto, úniques. 

Sea que las máquinas se rebelen contra les humanes, se vuelvan locas, o trasciendan y se tornen indiferentes a las aburridas limitaciones de la civilización humana, la fuerza inquietante de tales relatos radica en la sugerencia de que las mismas tecnologías que creó la humanidad ya no están sujetas ni son controlables.

Si bien las narraciones ficticias pueden desempeñar una función catártica, ayudando a canalizar e incluso contener el poder inquietante de la Inteligencia Artificial dentro del ámbito de la ficción de entretenimiento, existen cada vez más representaciones reales que, en formas fácilmente reconocibles, se asemejan y resuenan con las imágenes inquietantes que alguna vez se asociaron casi exclusivamente con la ciencia ficción.

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