Mar 6, 2022 | Sociedad

Violación grupal en Palermo: romper con la cultura del no-consentimiento

Análisis del caso y pistas para ir hacia una sexualidad consensuada y de disfrute para todes. Entrevista a la socióloga Agustina Palazzesi.
El acoso callejero verbal es ejemplo de una práctica dentro de la cultura del no – consentimiento. Palazzesi explica que “un varón lo hace en contra del deseo de la persona que pasa de recibir esa violencia” y dado que no recibe una sanción si no que muchas veces al contrario, es felicitado o se consagrado por sus grupos de pares, se vuelve “un juego en el cual se va estirando un poco más”. Créditos: Fundación Libella

El conocido caso de la violación en grupo en el barrio de Palermo estuvo presente y desató polémicas tanto en medios masivos de comunicación como en redes sociales. Además del repudio generalizado del fenómeno, distintas personalidades con diferentes trayectorias personales, profesionales e interiorización en la temática, compartieron su opinión y dejaron puntas para pensar el fenómeno.

Entre lo que sucedió en torno al caso, se habló de “cultura de la violación”, se señaló a estos varones como “normales” en vez de “animales”, “mounstros” o “enfermos” y se repudió a un periodista que puso en cuestión el no consentimiento de la víctima y sugerió tener cierto grado de responsabilidad en su ataque. Para comprender el tema, Nota al Pie dialogó con la Socióloga Agustina Palazzesi.

En los últimos días en las redes circuló el concepto de “cultura de la violación”, ¿Qué es?

La “cultura de la violación” está relacionada a una sociedad basada en la desigualdad entre el hombre y la mujer en la cual prevalece lo masculino por sobre lo femenino. Todo se organiza en torno a la figura del hombre y del poder de este por encima de todas las demás identidades. Parte de este poder o de esta negación, subestimación, de otras identidades, produce la idea de que lo único que importa es el derecho del hombre o el poder del hombre de ejercer su voluntad. La voluntad del otro, especialmente cuando es una otra o un otre, no tiene validez. Entonces, más que la cultura de la violación en sí, me parece que existe una cultura del «no- consentimiento». Justamente ahora también circula que lo contrario a la cultura de la violación es la cultura del consentimiento. Esto es interesante destacar porque dentro de la cultura de la violación, hay muchas etapas o estadíos de no consentimiento y de acciones que se realizan minimizando la voluntad y el deseo de la otra persona. En este punto, no está demás decir que cuando hablo de deseo no lo pienso como deseo sexual, si no como la voluntad de querer imponer algo sobre la otra persona sin importar lo que esta persona quiera u opine. Porque la otra persona  es vista como un ser inferior. Básicamente en eso se basa el patriarcado, en la supuesta inferioridad de la mujer, de las feminidades por debajo del hombre.

Entonces, ¿sería incorrecto decir cultura de la violación?

No, no me parece que sea incorrecto pero no tenemos que tomar a la violación en sí como un hecho aislado. Si no que tenemos que pensar a la violación y a la violencia de género, hacia las mujeres, como una secuencia de prácticas. Un encadenamiento.

La socióloga ejemplifica el encadenamiento de las violencias con la conocida imagen del iceberg que muestra cómo se entrelazan y se suman las distintas prácticas de violencias “ que también van dando permisos, entonces, dentro del no consentimiento una acción que puede ser pequeña pero no por eso menos grave”. Créditos: Amnistía Internacional

Suele suceder que con la mediatización de casos de este estilo que se genere un repudio masivo y también salga una gran cantidad de varones a decir “no todos somos así”, ¿por qué?

La violación es desde la percepción pública, y especialmente desde la mirada de los varones, algo tan poco habitual o tan arriba en el ciclo de la violencia que a los varones les resulta increíbles y no se ven reflejados en ese hecho.  No se ven reflejados en ese hecho porque no reconocen sus propios actos o violaciones en las cuales quizás se basa «solamente» en el no consentimiento. Básicamente porque no son violaciones cruentas. No se ven reflejados porque ven este hecho de forma aislada, como un suceso aislado que no se conjuga con todas las demás violencias que son necesarias ahí.  En este caso fue innegable la indefensión de la víctima bajo efectos de drogas o alcohol. Además hubo testigos. En general, suele ponerse en cuestión la palabra de la víctima  (siendo el único delito que se pone en cuestión si la víctima quiso o no participar) pero este caso fue tan “descarado” y “grosero” que causó mucho impacto.

O sea, son varones “normales” que hacen prácticas que están naturalizadas en el marco de la cultura del no – consentimiento.

Claro. Puede ser que un violador tenga pareja, tenga acceso a sexo consentido de forma frecuente, no tiene que ver con la sexualidad en ese sentido. De todas maneras, en cuanto a las parejas o las relaciones sexoafectivas me parece que hay que rescatar sobretodo, el sexo no consentido o violación que existe dentro de la pareja. Las violaciones dentro de la pareja es una problemática que queda más oculta o que cuesta mucho más el cuestionamiento para la sociedad. Se hace difícil considerar la posibilidad de que la mujer no dé su consentimiento a su pareja. Por eso, además de hablar en contra de la cultura de la violación, el no-consentimiento y fomentar el consentimiento, considero que hay que empezar a discutir una cultura de la sexualidad y el disfrute para las mujeres y las feminidades. Porque no solamente alcanza con dar el consentimiento. En mi opinión porque una puede estar obligada o coaccionada por muchos factores a dar el consentimiento: porque necesita dinero, porque necesita un lugar donde vivir, porque hay un utilitarismo en ese consentimiento. Me parece que lo que tiene que primar dentro de una relación sexual afectiva es el deseo y el disfrute también por parte de la mujer y es algo que está todavía muy incipiente con todo esto de los violadores de Palermo.

Las violaciones dentro de parejas o matrimonios son prácticas que se entienden en el marco de la cultura del no consentimiento. Créditos: La opinión

¿Cómo podría ser el camino hacia una sexualidad consentida y de disfrute?

Fundamentalmente, lo que tiene que prevalecer es el diálogo. Esto nos tiene que demostrar que el silencio no es sano. Que nunca lo fue ni es una opción ni para los varones ni para nosotras y que el diálogo es el camino para llegar a esta sexualidad.

Diálogo, entonces, en los términos de escucha de iguales

Diálogo como una escucha entre iguales y también mucho diálogo entre los grupos. Lo que pasó en Palermo tiene que hablarse en la mesa el domingo y si tiene que haber discusiones y tiene que haber rupturas, bueno, que las haya. Sería saludable que en las mesas, si eso está en las noticias y los pibes y las pibas pequeñas ven eso en el noticiero al mediodía mientras almuerzan con sus familias, que se hable que se problematice, ¿Qué es lo que pasa?

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