May 10, 2021 | Género & Sexualidad

Sacerdotes católicos alemanes realizarán una bendición masiva de parejas gays

La iniciativa es una respuesta a la negativa de El Vaticano de reconocer las parejas diversas
Nicolás Alessio
El sacerdote y teólogo Nicolás Alessio se pronunció a favor del matrimonio igualitario en 2010, actitud que le generó muchos problemas

Hoy se llevará a cabo en cientos de Iglesias Católicas de Alemania, de modo simultáneo, un acto masivo de bendición de parejas gays. La actividad, surgió como protesta luego de que el 15 de marzo pasado, desde El Vaticano se emitiera un comunicado que anunciaba que no se pueden bendecir parejas homosexuales. 

En Alemania, muchos sacerdotes realizaban estas actividades pero de un modo discreto. Ante la prohibición de la máxima autoridad eclesiástica, en esta oportunidad y a modo de protesta, las bendiciones se realizarán abierta y masivamente con transmisión hacia todo el mundo vía streaming.

Nota al Pie dialogó con el sacerdote y teólogo Nicolas Alessio, quien tuvo gran notoriedad en Argentina cuando en el año 2010, siendo cura de la Iglesia Católica en la provincia de Córdoba, se pronunció a favor del matrimonio igualitario. Ese hecho le valió un juicio canónico y severas sanciones. 

¿Qué mirada tiene usted de los actuales acontecimientos en Alemania?

La iniciativa de los sacerdotes alemanes me parece valiosa y valiente. En general los obispos y sacerdotes europeos no son tan “obedientes” a Roma. Pero sin duda tendrá sus consecuencias disciplinarias, el Vaticano intervendrá y los respectivos obispos también. 

¿Cree que en Argentina podría replicarse una iniciativa como la que emprendieron los sacerdotes alemanes?

En Argentina estamos muy lejos de iniciativas similares. La mayoría de sacerdotes abiertos a nuevas posiciones prefieren poner el acento en torno a la justicia social. Al estilo de los “curas villeros” que se pueden mostrar muy comprometidos con los empobrecidos, pero no así en temas como el matrimonio igualitario. Muy abiertos en temas de ética económica, muy conservadores en tema de ética sexual. 

El Papa Francisco llegó a decir que “es un mal diabólico destruir el matrimonio” refiriéndose aparentemente a las parejas gays pero en otro momento cuando se le consultó por las parejas homosexuales dijo “yo no soy quien para juzgar”. Ha tenido diversas posturas que parecen ser contradictorias. ¿Cuál es su mirada respecto a estas manifestaciones?

Si bien el Papa Francisco en algunas declaraciones se ha mostrado “abierto”, en realidad, son tan solo un maquillaje de la misma doctrina. Su estrategia es no poner el acento en estos temas, insistir en que Dios es misericordioso, en que hay que entender la debilidad humana y no ser tan rápidos para el juicio moral. Un cambio de actitud, pero la doctrina sigue igual. Francisco en esto es un Papa tradicional, de modales compasivos, pero fiel a la doctrina. 

¿Cree que a futuro podría haber cambios?

En general y a grandes rasgos, la doctrina moral sexual eclesiástica atrasa siglos y no hay signos de renovación. La jerarquía vaticana pretende seguir considerándose una autoridad indiscutible en estos temas, ejerciendo un control minucioso sobre los cuerpos, lo que está permitido, lo que está prohibido.

¿Qué motiva a la Iglesia Católica a no replantearse su postura ante las iniciativas de sacerdotes que solicitan que estos temas deben ser debatidos? 

La Iglesia (Jerarquía vaticana y en general los Obispos) han mirado con miedo y hasta con desprecio a los sacerdotes que desarrollan una teología y una pastoral liberadoras. Uno de los temas conflictivos ha sido siempre la ética sexual, donde el Vaticano siempre ha demostrado una gran capacidad para entender el valor de la sexualidad y el poder de la libertad humana. Libertad y sexualidad son poder. El poder de la libertad humana siempre genera miedo en quienes quieren controlarlo. El Vaticano, no quiere resignar ser el tutor de este poder.

La no modificación de la postura de la Iglesia Católica sobre la diversidad sexual, ¿de qué modo impacta en los devotos gays?

De acuerdo a la doctrina que todavía está vigente en el Catecismo de la Iglesia Católica, la “homosexualidad es un desorden grave de la naturaleza” y si las personas con este desorden se dejan llevar por su inclinación y viven su sexualidad (afecto amor sexo erotismo) pecan gravemente. No hay salvación. La única salvación posible es vivir en castidad, reprimiendo absolutamente lo que son. La Iglesia Catolica, y las evangelicas, cargan con una larga historia donde fueron funcionales cuando no cómplices, de mucho dolor, estigmatización, angustias, persecuciones, encierros, brutalidades, desprecios, prejuicios e incluso la muerte, del colectivo homosexual. Una larga historia de un brutal e injusto sufrimiento.

Usted fue uno de los pocos sacerdotes que desde el interior de la Iglesia apoyó el proyecto del matrimonio igualitario. ¿Qué iniciativas emprendió?

Como sacerdote pertenezco al histórico Grupo de Curas del Tercer Mundo, hoy denominado Sacerdotes en la Opción por los Pobres. En Córdoba, nos nuclea el Grupo Sacerdotal Enrique Angelelli. Cuando en Argentina se debatía este tema, consideramos oportuno hacer un aporte desde la teología, sobre todo porque tanto la Iglesia Católica como las evangélicas, se presentaban monolíticamente como la voz de Dios, condenando esta iniciativa del Congreso argentino sin reconocer que desde el Evangelio caben otras miradas. Obviamente, nuestro aporte intentaba demostrar que no hay ningún argumento Bíblico para condenar la homosexualidad en general y menos el matrimonio homosexual en particular. 

Quienes se pronunciaron a favor del matrimonio igualitario fueron sancionados.

Todos fuimos amonestados por el Arzobispo Carlos Ñáñez, se nos pedía una retractación y a la vez silencio en este tema. Obviamente ninguno se retractó pero fui el único que seguí opinando públicamente a favor de la aprobación de la Ley. Asumí una tarea militante al respecto. 

Esa continuidad tuvo consecuencias mayores. 

Tuve un juicio canónico por rebeldía. Un juicio eclesiástico que obviamente termina con una sanción: prohibirme el ejercicio del ministerio y desalojarme de la parroquia que estaba a mi cargo. Dicho en criollo, me quitaban el trabajo y el hogar. Como seguí opinando públicamente y a la vez bendiciendo uniones homosexuales, se lleva mi expediente a Roma y como era de esperar fui “dimitido” del estado sacerdotal. O sea, dado de baja. 

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