Abr 1, 2021 | Género & Sexualidad

Feminismo villero: historias de mujeres del Playón de Fraga

Eran las 9 de la mañana del viernes 5 de Marzo, y el silencio recorría los pasillos de Villa Fraga, CABA. Frente a la entrada del barrio, en la esquina donde se encuentra el jardín popular “Globo Rojo” de la organización social La Dignidad nos esperaba Lucero, vecina y militante de la mencionada agrupación, quien […]
Villa Fraga vista desde lejos. Créditos: Jacqueline Molina, Nota al Pie.

Eran las 9 de la mañana del viernes 5 de Marzo, y el silencio recorría los pasillos de Villa Fraga, CABA. Frente a la entrada del barrio, en la esquina donde se encuentra el jardín popular “Globo Rojo” de la organización social La Dignidad nos esperaba Lucero, vecina y militante de la mencionada agrupación, quien nos recibió muy amablemente y nos introdujo por los pasillos del asentamiento. 

Desde la estación Lacroze del Ferrocarril Urquiza, ubicada en el barrio porteño de Chacarita, se puede observar a la distancia Villa Fraga, un barrio de casas humildes, que tiene una historia de más de seis décadas y comenzó a crecer a fines de los 90’ a partir del desuso de la playa de maniobras que se encuentra al lado de la estación. En la actualidad, el Playón ocupa alrededor de 9 manzanas. 

A los pocos metros frenamos en la puerta de un comedor comunitario, donde conocimos a Pamela, una voluntaria, que con timidez nos contó que alimentan a más de 70 familias y al hacer este trabajo una “se siente bien, porque estamos siendo solidarios. Con la pandemia muchos no trabajan, no tienen un plato de comida. Entonces los ayudamos”. 

Ella es una de las 26 mujeres que se ponen al hombro esta tarea de cuidado y de alimentación en Villa Fraga, mientras que hombres voluntarios sólo hay cuatro. Ello da cuenta de que las mujeres en los barrios históricamente han sido los pilares de su comunidad. Por eso para Lucero “el día de la mujer es todos los días porque siempre estamos saliendo a trabajar”. 

En el barrio muchas mujeres se desempeñan como barrenderas, como promotoras de salud, cocineras o vendedoras en las ferias. Estas mujeres no sólo se ocupan de llevar un plato de comida al hogar, sino que también tienen a cargo diversas actividades domésticas y tareas de cuidado, como la atención de les niñes, la cocina, la limpieza, entre otras. 

“El rol de la mujer es muy fuerte acá porque estamos empoderadas. Somos nosotras las que salimos a luchar y las que vemos las necesidades de nuestros hogares. Por eso salimos a pelear por todo”, se enorgullece Lucero que agrega que el barrio está en un proceso de urbanización que implica la llegada de varias empresas de construcción y cuestiona que éstas sólo empleen hombres. 

Lucero, vecina del barrio y militante de la dignidad. Créditos: Jacqueline Molina, Nota al Pie.

“¿Por qué no podemos trabajar las mujeres, si somos iguales? Es violento. Como que ya están designados esos roles. ¿Por qué una mujer no puede trabajar como albañil?”, se indigna Lucero del machismo, el desmérito, la violencia y el acoso que son moneda corriente, en Villa Fraga y en todo el mundo.

Al salir del comedor fuimos a otra entrada, donde nos encontramos con Elisa y Katherine, dos promotoras de salud que nos rociaron con alcohol al llegar. Allí, Elisa nos compartió un poco sobre su historia, atravesada por la violencia de género. El padre de sus hijes abusó de ella psicológicamente, lo que la condujo a experimentar ataques de pánico durante alrededor de dos años. 

Fue gracias a la posibilidad de acceder a un tratamiento psicológico que descubrió que la raíz del problema estaba en estas experiencias de violencia. A partir de ese entonces, tomó la decisión de separarse por ella y por sus hijes. “No voy a esperar a que me pegue, el maltrato psicológico de por sí es horrible”, largó Elisa. En su caso, no recibió ayuda de algún colectivo de mujeres; fueron sus amigas y su cuñada quienes la contuvieron. 

Gracias a la determinación y el acompañamiento que recibió, Elisa logró que su ex pareja se fuera de la casa.  Sin embargo, al día de hoy, él intenta controlarla a través de amenazas: “si te veo con otro…”, le dice. Elisa reflexiona en torno al sentimiento de propiedad que los hombres tienen sobre las mujeres y la disparidad en libertad cuando se encuentran en una relación: “El hombre cree que sin él no sos nada. Y que sos suya, siempre suya y de nadie más. En cambio, ellos pueden hacer lo que quieren”.

Muchas veces el miedo paraliza a las mujeres. En ocasiones, en los barrios humildes, particularmente, las mujeres no suelen ser escuchadas. “Yo supe decir basta, pero hay muchas mujeres en el barrio que sí la están pasando mal”, cuenta Elisa que aún tiene un poco de miedo, pero saca fuerza y considera que el miedo se va a ir y que va a estar bien.

Con respecto a la violencia que viven las mujeres en el barrio, Katherine planteó la necesidad de generar lazos: “Como somos mujeres tenemos que ayudarnos entre nosotras, organizarnos. No vamos a permitir que nos maten. Acá tratamos de ayudar para que no haya femicidios, tratamos de intervenir antes. Intentamos ayudar, porque los hombres creen que son nuestros dueños y eso no es así”.

Katherine, promotora de salud. Créditos: Jacqueline Molina, Nota al Pie.

Más adelante, Lucero hizo referencia a la importancia de generar espacios de contención y de acompañamiento. “Si una compañera vive violencia de género, nosotros tratamos de contenerla, de buscar articular con espacios donde esa compañera pueda ir o llamar, tratamos de acompañarla y no dejarla sola. Se están buscando articulaciones, hay grupos para personas en situación de violencia de género en el barrio, pero a veces son contradictorios”. 

La mayoría de las mujeres se mostraron interesadas por participar en la marcha del 8 de Marzo, convocada en homenaje al Día de la Mujer. Considerando el contexto de pandemia, las pocas mujeres que negaron su asistencia explicaron que la causa estaba ligada a cuestiones de salud. 

Este lunes el feminismo va a alzar su voz en las calles y desde los pasillos de Villa Fraga, Elisa alza su voz para pedir: “Dennos bola. Espero que algún día seamos escuchadas. Basta de violencia” porque los machos “se creen que estamos en un matadero y nos matan porque pueden”, clamó la mujer.

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