
El próximo domingo 17 de mayo, a las 17:30, se estrenará “Amanece de Noche” en el teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378, Caba). La obra es el reciente trabajo dramatúrgico y actoral de Mechi Bove, quien también sobresale con la comedia “Chat de Mamis”. Las entradas ya pueden adquirirse a través de Alternativa.ar.
El elenco está compuesto por Sonia Alemán, Julieta Presutto, Rolo Sosiuk, Mechi Bove, y Sheila Saslavsky. Estas dos últimas también están a cargo de la producción general, mientras que Pedro Velázquez de la dirección general.
La trama aborda la historia de Blanca, quien cuida desde hace unos años a su padre, marcado por un deterioro cognitivo tras un accidente que lo cambió todo. Desbordada, convoca a sus hermanas Bárbara y Bernarda para tomar una decisión impostergable. Sin embargo, la inesperada llegada de Belén (su media hermana) reabre viejas heridas.
La reunión, cargada de tensiones y secretos, las enfrentará no solo por el destino de su padre, sino también a todo lo que callaron durante años. Cuando amanezca y la luz revele lo que la noche sostuvo, quizás, entre lo que se quiebra y lo que perdura, puede haber un nuevo comienzo para esta familia.
Mechi Bove y el desafío de escribir sobre la familia

La autora argentina también escribió “Mi novia mi madre y yo”, “Un viaje en el tiempo”, “Wasabi” y “El chat de mamis”, entre otras obras. “Amanece de noche”, una obra que nació en 2018 durante un momento reflexivo de la vida de Bove, convoca a desempolvar emociones de un drama familiar. Aunque no tiene nada que ver con su propia historia, hay algo de los vínculos que se asemeja.
Para ahondar sobre la puesta en escena y conocer más acerca del proceso de creación, Nota al Pie dialogó con Bove.
Escribir sobre la familia es sin duda un desafío a nivel teatral.
Muy importante para mí fue intentar entender “qué familia somos”, es el corazón de la obra y era un eje central en mi vida en el momento que la escribí. En esa época, la relación con mis hermanos no era la mejor. Por un lado, me permitió hablar de eso: de cómo los vínculos están a veces dados por la sangre, pero con eso solo no alcanza. Por otro lado, me dio la posibilidad de entender que los vínculos entre hermanos y con los padres se trabajan y se nutren día a día.
La historia aborda heridas familiares muy reconocibles. ¿Sientes que hoy el público conecta especialmente con relatos íntimos?
La gente busca conectar con algo real. El avance de la tecnología y de la IA (inteligencia artificial) es tremendamente voraz en estos tiempos y si bien son grandes herramientas, jamás tendrán humanidad. Ante tanto artificio, la gente necesita conectar con los sentimientos, que nos hace únicos.
Por eso, poner en escena algo que moviliza al espectador, tanto con la risa como con la emoción, es lo que más me convoca como autora. “Amanece de noche” propone indirectamente que el público sea testigo de una noche en la vida de la familia Ortiz, casi como si abriera una ventana de esa casa y fuese un ojo testigo. Ese nivel de intimidad y de conexión es algo muy valorado en estos tiempos, donde todo es artificial, inmediato y liviano.
¿Por qué elegiste trabajar estos conflictos desde el humor y el drama?
La obra es la combinación de ambas cosas porque también eso es la familia: el delicado balance entre lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, la risa y el llanto. Me gusta definirla como lo definen los yankis, una “Dramedy”, que es la mezcla perfecta entre el drama y la comedia para que se genere el equilibrio entre emocionarte, pero no quedarte en un lugar oscuro, sino esperanzador. Y el humor nos rescata, siempre.
¿Qué tiene la familia Ortiz de universal?

Muchas cosas, principalmente la manera de vincularse. En una familia siempre adoptamos roles inconscientemente y desde allí nos relacionamos con los demás dentro de esa estructura. En estas hermanas se ve claramente quién es la que carga con todo, quién no quiere cargar con nada, quién no puede cargar con nada y quién quiere compartir la carga. “Amanece de Noche” también habla de las decisiones y acciones de los padres, y cómo eso provoca un efecto dominó en los hijos que condiciona absolutamente todo.
Tu personaje, Blanca, es sin duda una mujer que atraviesa problemas emocionales…
Ella es muy irascible y es la hermana del medio, dicen que esos son los más enroscados y en este caso se cumple. Blanca se encarga de cuidar a su padre tras el accidente que tuvo, quedándose por tres años en su casa de la infancia. Está enojada y no sabe cómo manejarlo. Es un personaje fantástico que tiene muchas capas y cuando se las va quitando, va quedando su corazón en escena.
“Amanece de Noche”, una familia marcada por silencios
¿Qué temas familiares aparecen que todavía cuesta poner en palabras?
Es poder mirar a nuestros padres como personas, porque tenemos una tendencia a idealizarlos y verlos como padres. Lo que se plantea es que este padre en cuestión tomó decisiones en su vida como hombre que, por ende, afectaron a sus hijas. Cuesta hablar de eso, de los errores que pueden cometer. A veces pensamos que tienen que ser perfectos, que tienen que ser padres antes que personas, y en la obra se plantea lo contrario: ¿Cómo seguir queriendo y cuidando a un padre al que resentís por lo que hizo?
¿Cómo se trabajó el equilibrio entre emoción, humor y tensión dramática?
Entendiendo la dinámica de cada escena, nuestro director Pedro Velázquez lo dijo el primer día: “Es encontrar lo dulce en lo amargo y lo amargo en lo dulce”, y se trabajó para eso. Con su mirada quirúrgica en cada texto, en cada momento, se logró ese equilibrio.
¿Qué fue lo más difícil de lograr en el guion?
No juzgar a los personajes, principalmente. Poder escribirlos humanos e identificables; odiables y queribles al mismo tiempo, fuertes y frágiles en cada momento. Que, como espectador, no tomes partido por uno ni te quedes con otro, sino que puedas abrazar a estos personajes y a su historia, que de alguna manera refleja lo que a todos nos pasa. Cómo ser parte de una familia que está quebrada por su propia historia.
¿Cómo fue el trabajo junto al director en la construcción de la puesta?
¡Muy fácil! Pedro es increíblemente talentoso y tiene una mirada tanto global de la puesta como particular de cada personaje y cada texto. Para mí fue una entrega absoluta de lo que él quisiera contar desde la puesta, y lo que hizo es realmente muy hermoso. Logró darle una identidad propia, que es universal y que tiene que ver con el paso del tiempo y añorar lo que fuimos y ya no somos, a través de objetos muy simbólicos.
¿Cómo se construye en escena esa intimidad familiar sin perder ritmo teatral?
Respetando lo que cada escena necesita y agarrándose del texto. Cuando uno entiende la escena, los vínculos, el tramado inter escénico y respeta el texto, el ritmo no se pierde y la intimidad familiar se genera. Cuando se empieza a improvisar o agregar texto, el ritmo se cae. Esto es universal en el teatro, más aún en nuestra obra, ya que las cosas que se dicen son muy precisas y contundentes.
¿Qué aportó el elenco a los personajes durante el proceso de ensayos?
Su propia impronta, sin dudas. Uno puede construir desde la dramaturgia un personaje, pero el que le da vida es el actor y con su decir, su energía, su conexión, eleva al personaje. Cada uno del elenco le aportó su propia mirada al personaje y lo enriqueció muchísimo, haciendo que todos seamos modificados por lo que el otro propone. Los personajes están sumamente delineados desde el texto, pero el corazón y la humanidad que le han aportado Shei, Rolo, Sonia y Juli los vuelve entrañables e inolvidables.
¿Cómo conviviste con tu rol de dramaturga y actriz a la vez en el proceso creativo?
Creo que bien, intento correr a la dramaturga y entregarme al proceso creativo. Sí, obviamente tengo en claro la obra y lo que quiero contar, pero soy muy flexible a lo que haya que modificar o cambiar del texto, siempre y cuando coincidamos. A veces no coincido, pero confío en la mirada del otro. Además, agradezco mucho que sea consultado, no decidido de una. Y así como lo soy como dramaturga, por ende, también super entregada a lo que Pedro propuso para mi personaje. Estuve tomando todo lo que me dijo y explorando nuevos colores para Blanca. Estoy muy contenta con los nuevos lugares que me llevaron a habitar, es mil veces mejor de lo que yo había concebido como autora y es muy hermoso como actriz hacerlo.
Qué fue más desafiante: ¿Escribir la obra o actuarla?
“Amanece de noche” toca fibras muy profundas. Escribirla fue un proceso interior muy grande, pero actuar es revivir eso, darle cuerpo y transitar hacia afuera todas esas emociones. Blanca es un personaje radicalmente opuesto a mí, por lo que construirlo fue complejo y súper desafiante. Hacerlo en cada ensayo y en función es sumamente desgastante a nivel emocional, pero a su vez muy satisfactorio porque justamente lo que amo de actuar es eso: jugar a ser otro.
¿Crees que el teatro sigue siendo un espacio para reflexionar sobre los vínculos humanos?
Sí, y eso es lo que me sigue convocando: la posibilidad de que el teatro sea espejo de la vida, el escenario como espacio catártico de lo que cuesta mirar de frente. Escribo teatro desde hace años por mi propia necesidad de hacer catarsis e invitar a otros a emocionarse o reír de lo que nos pasa como seres humanos, para poder hablar sobre la vida, que es tan frágil como fugaz.
¿Qué diferencia a “Amanece de noche” de otras obras que hablan sobre vínculos familiares?
Qué difícil esta pregunta. No lo sé, espero que me lo diga el público. Pero en lo personal, desde la dramaturgia, lo que la hace diferente es esta premisa por la cual escribí la obra. Es entender que a la familia no hay que darla por sentada sólo porque nacimos en ella y porque nos une la sangre, la familia necesita ser construida y nutrida constantemente. Y, lejos de señalar lo malo de una familia, nos invita a entender que cada uno hace lo que puede con su historia y que siempre hay tiempo de resignificar los lazos familiares.
¿Qué lugar ocupa esta obra dentro de tu recorrido artístico?
Un lugar muy especial. Es la primera obra que escribí que tiene más drama que comedia. Así que siempre estará en mi corazón por eso, pero además porque, como dije antes, nace desde un lugar muy personal y una necesidad propia de hablar sobre la familia. También por el hecho de poder mostrar con esta obra otro color como autora y como actriz, que es siempre mi objetivo, diversificar y poner en escena materiales muy distintos.
Si tuvieras que definir “Amanece de noche” en una frase, ¿Cuál sería?
Un viaje profundo al interior de una familia, que es la familia de todos, para entender que el perdón y el amor siempre nos permitirán reescribir nuestra propia historia.

