
Eleonora Wexler y Gonzalo Heredia protagonizan “El estado de la unión”, una comedia con humor ácido adaptada por la dramaturga y actriz Andrea Garrote (directora) junto al propio Heredia. La obra tiene la autoría del escritor y periodista londinense Nick Hornby, cuyas obras se caracterizan por el tratamiento de las relaciones humanas. Las funciones se realizan de viernes a domingo, a las 20, en el Teatro Picadero (Pasaje Enrique Discépolo 1857, CABA). Las entradas pueden adquirirse a través de Plateanet.com.
“El estado de la unión” viene a recordarnos…
La obra es el retrato de un matrimonio de años que está en crisis, una historia que refleja las situaciones cotidianas de cualquier pareja en el mundo. Cada semana, Matías (artista) y Ana Laura (gerontóloga) se citan en la barra de un bar, previo a su sesión de terapia de pareja.
Para salvar su relación es necesario repensarlo todo: hablar del asado que compartieron, sus diferencias y complicidades, la familia, el sexo, el dinero, el amor, los hijos, la profesión, las infidelidades y desengaños.
A través de nueve escenas con diálogos profundos, honestos, humor y reflexión, “El estado de la unión” invita al público a recuperar la esperanza de un futuro en común.
Una charla con Andrea Garrote

La actriz y docente argentina tiene en su haber la dirección y adaptación de “El estado de la unión”, que estrenó la semana pasada y se convirtió en una de las principales obras de la cartelera porteña. Garrote, también directora de éxitos como “La Madre” y “Prima Facie”, desnudó sus emociones en una entretenida entrevista con Nota al Pie.
¿Cómo transitas el estreno del “Estado de la unión”?
Muy contenta con el proceso, el cual fue muy divertido. Todos copados con el trabajo, muy enganchados, así que llegamos a cierto grado de madurez para el estreno, algo que a veces es inusual.
Me llegó el proyecto y lo elegí cuando Sebastián Blutrach, productor de la obra, me pasó la novela “El estado de la unión”. Me hizo acordar mucho a una primera obra que escribí con Rafael Spregelburd en 1994 por la que ganamos una “Bienal de Arte Joven”. Era sobre un matrimonio que atravesó un conflicto; él tuvo una aventura y a partir de ahí empezaron a replantearse la relación. Ese material era mucho más abstracto, tenía que ver más con una discusión formal de sobre cómo se discute.
Sin duda, en el teatro todo lo que hable de pareja atrapa al público.
Siempre es sorprendente cómo funciona el particular universal. Confío y a lo largo de estos años el teatro y la literatura me lo enseñaron: cuanto con mayor nitidez podés ver a los personajes, más resuena y más nos sentimos identificados, aunque no hayamos tenido esas parejas de larga duración como plantea la obra.
Desde el primer momento que leí el texto me resonó porque hay muchos temas que en las comedias están puestos desde el humor, pero que son importantes. En esta obra, Ana Laura es la proveedora del hogar, se ve cómo lo vive y de qué se encarga cada uno. Hay una cuestión de revisar situaciones de una pareja heterosexual y cómo se recuerdan. Hay que hablar de aquello que parecía no necesario hablar.
La terapia es un punto importante en el “Estado de la unión”.
Sí, porque el personaje extra escénico fundamental es la terapeuta. Aunque no se sabe mucho qué pasa en la terapia, uno va viendo durante la obra los avances en el modo de comunicarse de la pareja, cómo evoluciona. Se va volviendo un proceso menos sarcástico y más profundo.
Siendo una novela extranjera escrita con otro lenguaje, la adaptación que has hecho con Gonzalo Heredia es impecable en escena.
La obra tiene ese humor británico y me encanta. Se ve la neurosis de los personajes, hace que nos podamos reír de temas que pueden ser padecimientos. Nosotros estamos mostrando temas que podrían ser tragedias o generadores de grandes quilombos o depresiones, y los vemos riéndonos. Para mí, la comedia es la forma más inteligente de reflexionar sobre situaciones humanas. Tuvimos que cambiar los nombres de todos para acercarlos o bien generar los efectos que los nombres necesitaban.

Gonzalo y Eleonora ya actuaron juntos, ¿trabajaste anteriormente con ellos?
Sebastián Blutrach nos eligió a los tres. Me contó que Gonzalo quería participar en la adaptación y acepté. No lo conocía, pero me cayó muy bien. Además, los actores ponen el cuerpo y es importante tenerlos opinando, eso siempre suma. Fue una situación de adaptación bastante marcada, porque la novela está estructurada como un enorme diálogo entre los dos y hubo que tomar decisiones de puesta en escena, como sacar o hacer aparecer a los que no están. Fue muy placentero hacerlo en el diálogo.
Después agregamos chistes, rulitos, hicimos tijerita fina, pero llegamos con una muy buena versión. Es una obra romántica, pero con una estructura episódica de comedia de situación y a la vez tiene una parte profunda de reflexión sobre las relaciones largas.
Lo que también se destaca es la escenografía y la música que evoca un bar muy acogedor.
Sí, todo eso nos transporta a esa especie de lugar encantador. Se muestra un sitio nuevo, es ese bar notable que no existe en Buenos Aires con toques británicos.
El título de la obra, “El estado de la unión”, tiene una connotación más política que de pareja.
Sin ponerme moralista, tiene que ver con observar el discurso que hace el Presidente Norteamericano para iniciar las sesiones del Congreso. Es como decir: “Así está el Estado de la Unión de Norteamérica”. El título es una ironía sobre decir: “No es la unión de los estados, es la unión de esta institución que es la pareja”.
¿Cómo te sentís al trabajar con Gonzalo y Eleonora?
Eleonora puede hacer cualquier cosa actoral y Gonzalo también, los dos son muy lúdicos. Pudimos jugar a poner y a dirigir capas y capas hasta llegar a una muy profunda de ritmos, miradas, siempre a favor de la comprensión de cada texto y del humor. Enseguida tuvimos mucha conexión, pero lo más importante es que ellos sí habían trabajado juntos, tienen química y un código en común, eso acelera mucho el trabajo.
La obra tiene una continuidad y mucho diálogo. ¿Cuál fue el momento de más quiebre para ti?
De hecho hay algunas partes que son más emotivas que siempre terminan descansando con humor, pero que son muy profundas. Por ejemplo, cuando Matías no puede ver el futuro parece que es un momento muy precioso, de otro orden, pero que también tiene su humor.
El final del “Estado de la unión” es muy inspirador y lleno de esperanza, ¿cómo lo sentiste?
El filósofo francés Alan Badiou dijo que el amor es un trabajo, en ese sentido está bien. El final de la obra tiene eso, ver que Matías y Ana Laura pusieron esfuerzo en construir su relación y les fue bien.

