
Tras el Día Mundial del Sueño, que se conmemoró el 13 de marzo, especialistas volvieron a poner el foco en la creciente incidencia de problemas de descanso y su vínculo directo con la salud mental. Para entrar en detalle, Nota al Pie dialogó con la neuróloga Stella Maris Valiensi.
En un escenario marcado por la sobrecarga cotidiana, el uso intensivo de dispositivos electrónicos y la dificultad para desconectar, dormir bien dejó de ser un hábito garantizado. La evidencia científica ya no deja dudas que la calidad del sueño representa un indicador central del bienestar psicológico.
La neuróloga Valiensi explicó que existe una relación bidireccional entre el sueño y los trastornos del estado de ánimo. “Las personas que duermen poco o mal durante períodos prolongados, como, por ejemplo, dos años, tienen más del 50% de probabilidad de desarrollar síntomas depresivos”, explicó.
A su vez, la depresión y la ansiedad también pueden alterar el sueño. “Hablamos de relación bidireccional porque el insomnio puede ser causa, consecuencia o ambas cosas al mismo tiempo”, sostuvo.
En ese sentido, diferenció el insomnio circunstancial, vinculado a situaciones puntuales de estrés, del insomnio crónico, que requiere evaluación profesional cuando se repite varias veces por semana, se sostiene en el tiempo y afecta la vida cotidiana.
En esa línea, remarcó que la falta de descanso impacta directamente en las funciones cognitivas y en la calidad de vida. La disminución de la concentración, los problemas de memoria y el aumento de errores forman parte de un cuadro que también eleva el riesgo de accidentes laborales y de tránsito.
Las claves para un sueño adecuado y saludable
-¿Qué situaciones o preocupaciones aparecen con más frecuencia detrás de los problemas de sueño de los pacientes?
Los síntomas de ansiedad son uno de los trastornos del estado de ánimo más frecuentes en las patologías del sueño. La imposibilidad de resolver o no saber cómo afrontar situaciones de estrés favorece, sobre todo, la aparición de quejas de insomnio, tanto de conciliación -con episodios de “rumiación” acerca de lo que va a ocurrir- como de despertar precoz, al pensar en lo que se debe hacer al día siguiente. A su vez, esto favorece que la secreción de cortisol se produzca de forma más temprana de lo habitual, lo que incrementa la ansiedad en estas personas.

-¿Existen diferencias en los problemas de sueño según la edad?
Sí, sobre todo en mujeres post menopáusicas que roncan y tienen apneas o pausas respiratoria. En ese caso, las quejas de insomnio son más frecuentes en el sexo femenino. A más edad, por diversas razones, se quejan de síntomas en las piernas que impiden dormir, o patean o se mueven durante el sueño, o actúan los sueños. Son muchas patologías que hay que observar. Sin embargo, los varones manifiestan más ronquidos y apneas.
-En los últimos años, ¿Cuáles fueron los principales cambios en los hábitos de sueño de la población?
El uso abusivo del celular o medios electrónicos postergó el inicio de la hora de sueño. No poder apagar el cerebro, muchas veces puede ser por sobre estimulación de medios electrónicos hasta último momento. Por eso, es aconsejable “crear el ambiente de sueño” varias horas antes, es decir, oscurecer el ambiente, apagar los medios electrónicos, leer libros como novelas. También es importante no consumir nada de terror al igual que aquellos que no pueden desconectarse de la TV, al menos escuchar o ver noticias o programas que no angustien o que puedan crear más preocupación y ansiedad.
–¿Qué rol juega hoy la ansiedad cotidiana ya sea por trabajo, estudio o incertidumbre social en los trastornos del sueño?
La ansiedad diaria es una de las causas más frecuentes dentro de los cambios de humor, que lleva a dormir pocas horas, a privarse de horas de sueño. La ortosomnia es la tendencia a mirar u obsesionarse con los parámetros de sueño. Lo importante no son la cantidad de horas de sueño, sino que el sueño que haya tenido uno, haya sido de calidad.
–La siesta forma parte de nuestra cultura, ¿Cuándo puede ser beneficiosa y cuándo conviene evitarla? ¿Cuánto tiempo es recomendable?
El 11 de marzo fue el día mundial de la siesta. Hay lugares que por razones climáticas se duerme la siesta, dado que el excesivo calor agobia a las personas y no se puede trabajar en esos horarios. Pero también están las siestas por cambios en el ritmo circadiano, de los ancianos. El concepto base es que, si uno va a hacer siesta, tienen que ser siestas de menos de 30 minutos en lo posible, y hacerla todos los días o la mayoría de los días en la semana. Hay siestas energizantes que con escasos minutos el paciente se repone. Es importante no pasarse de los 30 minutos o 40 como máximo para no iniciar el sueño lento profundo, lo cual perjudicará el sueño de esa noche si uno duerme más horas.
-¿Qué señales tempranas indican que una persona está entrando en un problema de sueño más serio?
Hay diversos trastornos del sueño, pero uno de los principales indicadores es la sensación persistente de cansancio durante el día, incluso después de haber dormido las horas adecuadas, o la percepción de no estar descansando ni rindiendo bien. En este sentido, es importante evaluar la presencia de ronquidos y apneas, que constituyen los síntomas respiratorios más relevantes. También deben considerarse otras manifestaciones, como molestias en las piernas antes de dormir, episodios de ingesta nocturna tras haber iniciado el sueño, sonambulismo, entre otros. En conjunto, son múltiples las causas que pueden fragmentar o interrumpir el descanso.
-¿Creés que hoy se subestima la importancia de dormir bien como parte del cuidado de la salud?
La importancia del sueño es cada vez más considerada a nivel médico y de la población, pero aún falta. El avance con la tecnología, los relojes y anillos han mejorado mucho y dan al propio paciente y/o persona los parámetros de su calidad de sueño. Muchas veces, eso sirve para que acudan a médicos expertos en el área y podamos a tiempo valorar y tratar patologías del sueño. Por lo tanto, recientemente asociaciones grandes como la de cardiología pusieron el sueño como otro pilar fundamental para la buena salud en general, junto con la actividad física y la buena alimentación.

