La última estación de Beto Pianelli, en un viaje que no termina

El repentino fallecimiento de Beto Pianelli a los 59 años, conmocionó con su impacto. La historia de una figura respetada por propios y ajenos, en una historia de lucha que deja enseñanzas para los tiempos que se viven. Los trabajadores del Subte, la creación de un sindicato y la lucha por sus derechos en un legado que está en marcha, como una formación que solo se detiene para volver a avanzar.
Pianelli
Beto Pianelli, secretario general de los trabajadores del Subte, falleció a los 59 años.

Toma 1: contar para la sala

Antes de ser boletero en la Línea E del Subterráneo de Buenos Aires, Beto Pianelli trabajaba en un cine como proyector, según contó Sergio Wischñevsky en el programa Siempre es Hoy, de Radio AM 530.

Sergio Wischñevsky es historiador y periodista y la anécdota tiene el valor testimonial de quien fue amigo de Beto desde el secundario, cuando ambos militaban en el Movimiento al Socialismo allá por la década de 1980.

Pero la historia del proyector de cine, cuando uno la imagina como quien da luz y relatos, es la historia de los laburantes del Subte, que desde la oscuridad de los túneles escribieron e iluminaron una página destacada de las luchas en la Argentina de las últimas décadas.

Toma 2: tomar la tierra, desde abajo

El 3 de enero de 1994, una calurosa Buenos Aires tenía bajo sus pies la muestra de una época que todavía perdura. Era el comienzo de la concesión del servicio de Subterráneos de Buenos Aires a favor de la empresa Metrovías SA.

La fórmula conocida con los teléfonos, el gas; la electricidad; el agua; el petróleo; la siderurgia; los trenes; los puertos o las rutas, por nombrar solo algunos de los sectores que habían sido entregados al capital privado (nacional o extranjero), llegaba a un servicio que desde 1913 había sido pionero en América Latina.

Capital social acumulado en generaciones que pasaba a pocas manos en el gobierno de Carlos Menem, creando una acumulación de riqueza en sectores concentrados que se hicieron y se hacen cada vez más ricos.

En el caso del Subte el esquema fue el de otras concesiones: resultó ganador quien ofreció pedir menos plata en subsidios. Se trató de la unión de los grupos Benito Roggio e Hijos y Cometrans, que al presente continúan con la explotación del servicio, con apenas el cambio de nombre de la empresa, que de Metrovías pasó a llamarse Emova.

De los 3643 empleados estatales que tenía el subterráneo, sólo 1100 fueron contratados por la nueva empresa. Por cuenta del Estado corrieron las indemnizaciones del resto, muchos de los cuales fueron presionados a aceptar ese retiro voluntario.

Por otro lado, se incorporó a empleados nuevos y así, el plantel inicial fue de 2200 trabajadores, de los cuales 1600 pertenecían al mismo convenio.

Con el comienzo de la concesión quedó en el olvido el Convenio Colectivo que estaba vigente desde 1975. La jornada de 6 horas diarias por insalubridad dio paso a una de 8, a la par de haber bajado los salarios en Metrovías.

Otras modalidades que se impusieron en la época también se aplicaron en el Subte. Sectores como la limpieza y el control de evasión, fueron contratados a través de “terceros” y se apeló a la subcontratación de empleados a través de otra empresa; por ejemplo, Metropolitana para seguridad, Fiel para el control de la evasión, Taym para la limpieza, siempre por menos plata y en peores condiciones que el personal de Metrovías.


Pianelli

Beto Pianelli, que era trasplantado renal, se encontraba internado y contrajo una bacteria intrahospitalaria que derivó en una falla renal. Tenía apenas 59 años.


Toma 3: los primeros pasos de la lucha

Los trabajadores del Subte pertenecían a la Unión Tranviarios Automotor (UTA), que formaba parte del Movimiento de Trabajadores de la Argentina, una especie de desprendimiento de la CGT que ya a mitad de los 90, con Hugo Moyano a la cabeza se oponían a las políticas del menemismo, pero que en el Subte había avalado el proceso de concesión y reconfiguración empresaria, con despidos y flexibilizaciones.

En ese marco, a finales de 1996 algo comenzó a cambiar. Se produjo una elección de delegados de boletería, el sector en el que trabajaba Pianelli, que inició una práctica de resistencia a la conducción de la UTA.

Asambleas, movilizaciones y reclamos que ponían nerviosos a 3 actores en simultáneo: la empresa concesionaria, la política (ahora con la ciudad autonomizada, aunque los Subtes siguieron siendo nacionales hasta el gobierno porteño de Macri) y el propio sindicato, que hasta dispuso de patotas y la herramienta de la violencia para mantener su propio poder.

En el libro Un fantasma recorre el subte (Crónica de la lucha de los trabajadores de Metrovías), Virgina Bouvet cuenta: “resolvimos hacer una campaña al pasajero, denunciando las malas condiciones de trabajo en el Subte privatizado. Golpear ahí donde duele, en esa imagen tan trabajada de empresa exitosa. Juntamos plata entre los presentes para imprimir autoadhesivos con pequeños textos. Esa noche un grupo de boleteros se encargó de redactarlos”.

Al día siguiente se imprimieron ocho mil stickers, que se pegarían en el interior de los trenes de las cinco líneas. Varios delegados y muchos compañeros de base se ocuparon de hacerlo, aún a riesgo de ser vistos por supervisores y jefes. “Basta de condiciones carcelarias” decía uno de ellos firmado por “Truchivías, sigue avanzando sobre los trabajadores”.

Toma 4: un sindicato, una identidad

En los años más duros de la post crisis de 2001, la pelea por la jornada reducida en el subte comenzó a abrirse paso. En 2002, los Metrodelegados lograron que la Legislatura porteña sancionara la Ley 871, pero el veto del entonces jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, y la posterior represión a una movilización marcaron un fuerte retroceso.

Sin embargo, la discusión ya estaba instalada: en los lugares de trabajo y en el debate público. Un año después, y en medio del clima político del ballotage porteño de 2003, la amenaza de huelga empujó a las autoridades laborales a reconocer la insalubridad de las tareas, estableciendo la reducción de la jornada de 8 a 6 horas para gran parte del personal. Fue una conquista importante, aunque incompleta, que dejó afuera a sectores clave como la boletería y algunos talleres.

La lucha por las 6 horas 1
Beto Pianelli en 2002, en medio del reclamo por la jornada de 6 horas de trabajo.

La ofensiva patronal no tardó en llegar. En 2004, con el aval de la conducción de la UTA, se intentó avanzar con máquinas expendedoras y extender la jornada de boletería a 7 horas. La respuesta fue inmediata: paro por tiempo indeterminado, ocupación de cabeceras y una resistencia que se sostuvo durante cuatro días, pese a las amenazas de desalojo y los telegramas de despido.

La masividad y la firmeza torcieron el rumbo. Desde el 1° de julio de ese año, la jornada de 6 horas se aplicó a todos los sectores del subte y el Premetro, sin pérdida salarial. Esa victoria se transformó en un emblema: la demostración concreta de que organizarse y luchar puede cambiar la vida cotidiana de miles de trabajadores y marcar un límite a las reformas regresivas.

El 2 de septiembre de 2008 quedaría constituida formalmente la Asociación gremial de trabajadores del Subterráneo y Premetro (AGTSyP) que “nace como una necesidad de lxs trabajadorxs de contar con una institución que garantice la defensa de sus derechos gremiales”.

La lucha por el reconocimiento gremial fue otro hito de los trabajadores del Subte, que nunca dejaron de tener una mirada integral del servicio, más allá de sus propias reivindicaciones.

Las permanentes denuncias sobre los coches con asbeto, un material altamente contaminante y cancerígeno, no solo apuntaba a la defensa de la salud de los laburantes sino también de los usuarios del servicio.

“El trabajador de la Línea D, Walter Berhovet, víctima de cáncer de pulmón producto de la exposición al asbesto, fue el quinto muerto debido al amianto, como también se conoce a ese grupo de minerales”, según una crónica de la Agencia de Noticias de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.

En esos días de agosto de 2025, desde el gremio se relató que Berhovet “integraba la lista de los 114 trabajadores afectados por asbesto reconocidos por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y que su muerte “pudo haberse evitado: el asbesto está prohibido en Argentina desde el año 2003”.

Toma 6: hasta la próxima, Beto Pianelli

Roberto Beto Pianelli fue secretario general de AGTSyP desde 2011 hasta este jueves 29 de enero de 2026, días en que toma fuerza el debate por el proyecto de Reforma Laboral del Gobierno.

No hay ninguna duda del lugar que tendría Beto Pianelli en los próximos días, es una película que ya vimos en 3 décadas de una trayectoria indiscutible y siempre del lado de los laburantes. Con su paciencia, con su amplitud política, ya que entre sus compañeros del sindicato hay expresiones variadas de diferentes orígenes y militancia.

metrodelegados
La conducción del sindicato de los trabajadores del Subte.

Con la honestidad de quien vive como habla y la transparencia de quien dice lo que piensa.

Beto Pianelli hubiera cumplido 60 años el próximo 21 de febrero y contaban sus amigos que ya estaba circulando la invitación a su festejo. Que no será con él, pero sí con su mirada y su ejemplo.

La del pibe que proyectaba películas en un cine de Flores y se convirtió en un referente de la dirigencia que es capaz de transmitir luz para el futuro, aun cuando su actividad venga de la oscuridad de los túneles bajo tierra.

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