
Este lunes, Fernando Daniel Silvestrelli fue condenado a prisión perpetua por el travesticidio de Nicol Ruiz, en la ciudad de La Plata. La sentencia reconoció el crimen como un homicidio doblemente agravado: por violencia de género y por odio a la identidad de género de la víctima.
Nicol Ruiz tenía 35 años, era una mujer trans, madre de dos adolescentes, militante por los derechos travestis y trans y una referente en el barrio platense de Los Hornos, donde sostenía un comedor comunitario que funcionaba de lunes a viernes. También organizaba colectas de alimentos y mercadería para asistir a otras mujeres trans, muchas de ellas sin trabajo.
Su nombre continúa siendo bandera de lucha para su familia, amigas y organizaciones sociales, que desde el primer momento insistieron en que lo ocurrido no fue un hecho aislado, sino una expresión de la violencia estructural que atraviesa a las identidades travestis y trans.

¿Qué pasó con Nicole?
La noche del 23 de septiembre de 2022, Nicol fue agredida por Silvestrelli en una vivienda ubicada en 141 y 79. De acuerdo a lo reconstruido en el expediente judicial, Nicol intervino para defender a su hermana Oriana de una violenta agresión por parte de su expareja. Durante ese episodio, Silvestrelli la golpeó en la cabeza con un palo.
Nicol fue trasladada al Hospital San Martín de La Plata, donde permaneció internada en grave estado. Falleció días después a causa de las lesiones. Según los testimonios brindados durante el juicio, fueron las hijas mellizas de Oriana —que hoy tienen diez años— quienes alertaron a la familia sobre lo ocurrido. Las niñas presenciaron la discusión desde el piso superior de la casa y vieron cuando Nicol intervino para defender a su hermana.
El contexto de violencia no terminó allí. Mientras Nicol luchaba por su vida en el hospital, Silvestrelli continuó hostigando a la familia: intentó llevarse a Oriana por la fuerza, incluso armado, y durante la huida robó una motocicleta.
El acusado contaba con antecedentes penales: cumplía una condena de nueve años y seis meses por robo y se encontraba bajo un régimen de salidas transitorias de la Unidad Carcelaria N° 36 de Magdalena.

El juicio
El juicio oral comenzó el 27 de noviembre en el Tribunal Oral Criminal (TOC) II de La Plata. La acusación estuvo a cargo del fiscal Martín Chiorazzi, mientras que la querella fue representada por el abogado Sebastián Bouvet, en nombre de la familia de Nicol. Desde el inicio, la querella y el Ministerio Público Fiscal reclamaron que el crimen fuera juzgado como homicidio agravado por odio a la identidad de género, es decir, como un travesticidio.
Durante las audiencias declararon familiares, amigas y vecinos que reconstruyeron no solo el hecho, sino también el entramado de violencias previas. Oriana relató los episodios de agresión física y psicológica que sufrió por parte de Silvestrelli: “Esa noche, Nicol intervino porque estábamos discutiendo y Daniel me ahorcó. Él me pegaba. Un día me tiró de la escalera. Otra vez me pegó en un ojo y me llevó al centro a comprarme maquillaje para que no se vieran los moretones. A mis hijas las hacía arrodillarse contra la pared hasta que se le pasara el enojo”, declaró.
En otra audiencia, Jéssica Saquini, amiga de Nicol, destacó su rol afectivo y comunitario: “A Nicol le decían Tita. Yo la conocí cuando tenía 13 años y me sacó de la violencia de mi casa, de los abusos de mi papá”. También recordó episodios de violencia por parte del acusado, incluyendo amenazas con armas e insultos homofóbicos.
En la cuarta audiencia, un vecino de Nicol brindó testimonio sobre su calidad humana y su compromiso con el barrio. Tras los alegatos, tanto la fiscalía como la querella reiteraron el pedido de una condena por homicidio agravado por violencia de género y por discriminación hacia una persona LGTBI+.
Finalmente, el tribunal dictó prisión perpetua y reconoció el crimen como un homicidio doblemente agravado, aplicando estándares internacionales de derechos humanos. En su resolución, los jueces señalaron que este tipo de hechos exceden el plano individual y responden a una matriz estructural de exclusión y violencia contra las identidades travestis y trans.
Organizaciones como Otrans y la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires acompañaron el reclamo de justicia desde el inicio del proceso. La Defensoría intervino como amicus curiae y sostuvo la necesidad de juzgar el caso con perspectiva de género y diversidad.

