
Casi la totalidad de adolescentes y jóvenes del país usa internet todos los días y se expone, desde edades cada vez más tempranas, a distintos riesgos en el mundo digital. En ese contexto, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina y Amnistía Internacional presentaron la “Guía para familias: cómo acompañar a adolescentes y jóvenes frente a la violencia digital”, un recurso práctico y accesible destinado a madres, padres y personas adultas que crían y cuidan.
La publicación fue elaborada con el aporte de adolescentes y jóvenes, junto con voces especialistas, y ofrece información clave para prevenir, identificar y actuar frente a situaciones de violencia digital. El foco está puesto especialmente en la violencia en línea, que afecta de manera desproporcionada a niñas, adolescentes mujeres y personas LGBTI+.
Al respecto, la directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina, Mariela Belski, expresó: “La violencia digital tiene consecuencias concretas en la vida de las y los adolescentes: impacta en el bienestar emocional, social y físico de quienes la atraviesan. Con esta guía queremos reforzar que las familias no están solas”. Además, se refirió al rol del Estado, el cual debe implementar “políticas integrales para prevenir y abordar la violencia de género digital, y que haya un compromiso colectivo por parte de las escuelas, las familias y las plataformas digitales”.
Por su parte, Mariana Isasi, Jefa de Oficina de UNFPA en Argentina, enfatizó en la necesidad de escuchar sin juzgar los y las adolescentes. “Creemos que esta guía es clave para que las familias puedan habilitar conversaciones sobre el modo que habitamos el mundo digital, y que con ella fortalezcan la confianza y la capacidad de las adolescencias para un uso crítico y seguro de las plataformas”, explicó.
En ese sentido, esta guía ofrece herramientas para hablar sobre cómo reconocer señales de alarma ante situaciones de violencia digital entre pares; qué hacer ante situaciones de acoso, difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, doxing o deepfakes; y consentimiento, respeto, estereotipos de género y vínculos saludables. También brinda propuestas de juegos, dinámicas y acuerdos familiares para fortalecer la confianza, los cuidados y la capacidad para un uso crítico de las redes y plataformas digitales.
Durante el proceso de elaboración, adolescentes y jóvenes insistieron en un mensaje claro: “Necesito que me escuchen, que no me juzguen y que no me hagan sentir sola”. Por eso, el material también aborda el impacto de la violencia digital en la salud física y mental, promueve respuestas empáticas y evita culpabilizar a quienes la sufren.
Además, incluye pautas para intervenir cuando adolescentes y jóvenes son quienes ejercen violencia digital, así como recomendaciones sobre cómo preservar evidencia, acceder a la justicia y realizar denuncias.
Cabe mencionar que, así como trae grandes beneficios, la tecnología puede provocar prácticas dañinas. Algunos datos dan cuenta de la magnitud del problema:
- El 95% de niñas, niños y adolescentes de 9 a 17 años cuenta con un celular propio con acceso a internet, y la mayoría comienza a usarlo antes de los 10 años.
- Casi ocho de cada diez episodios de bullying se producen en el ámbito escolar y alrededor de cuatro de cada diez en redes sociales, mientras que una de cada cuatro víctimas no llega a contarlo a nadie.
- Más de la mitad de las niñas y jóvenes a nivel global ha sido víctima de acoso o abusos en línea, y que una de cada cuatro llega a sentir que su integridad física está en riesgo.
Esta guía se suma al camino que muchas personas y organizaciones vienen recorriendo para prevenir y enfrentar las violencias digitales. Retoma aprendizajes de experiencias como la Guía EMA, producto del trabajo de la familia de Ema Bondaruk, una adolescente que se suicidó tras ser víctima de la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, y de organizaciones de la sociedad civil.
También recupera la historia de Catalina Maluendez, hoy activista contra la violencia digital e integrante del Grupo de Jóvenes de Amnistía Internacional Argentina. Catalina fue víctima de la difusión de imágenes íntimas cuando tenía 14 años y atravesó la situación en soledad. “Cuando no le podés poner nombre a eso que te pasa, cuando no hay espacios de charla, no lo reconocés”, reflexionó.
La violencia digital no es un problema individual ni un hecho aislado. Requiere respuestas integrales y articuladas entre el Estado, las plataformas digitales, la escuela, las comunidades y las familias.

