
La maniobra, realizada a pocos kilómetros de la capital fueguina, fue presentada oficialmente como parte de un “programa de cooperación y capacitación entre ambos países”. Sin embargo, su realización despertó fuertes cuestionamientos de sectores políticos y sociales, que lo interpretaron como una señal de alineamiento con Washington y, al mismo tiempo, como un gesto de desconsideración hacia la causa Malvinas.
Los críticos recuerdan que Estados Unidos mantiene desde hace décadas una alianza estratégica con el Reino Unido, socio en la OTAN y principal respaldo internacional de la presencia británica en las islas. Durante la guerra de 1982, la administración de Ronald Reagan brindó a Londres apoyo logístico, satelital y tecnológico decisivo.
La desconfianza hacia la presencia estadounidense en la región no es nueva. En 1831, la corbeta USS Lexington atacó Puerto Soledad, en las Malvinas, destruyó la población y arrestó a las autoridades argentinas. Apenas dos años después, el Reino Unido consolidó su usurpación del archipiélago. Para algunos sectores, esa historia vuelve a resonar con la llegada de tropas norteamericanas al extremo sur del continente.
Desde el oficialismo, en cambio, la actividad fue defendida como una instancia de capacitación y modernización de las Fuerzas Armadas, sin implicancias en la disputa de soberanía. “Se trata de ejercicios de entrenamiento que permiten mejorar la capacidad de respuesta conjunta ante situaciones extremas”, señalaron fuentes castrenses.
La polémica, sin embargo, se trasladó al plano político. Voces opositoras calificaron la maniobra como “un gesto de sumisión” y “una rendición silenciosa” frente al principal aliado de Gran Bretaña. Para el gobierno, en cambio, es parte de una estrategia de inserción internacional que prioriza el vínculo con Estados Unidos.
El episodio es parte de un debate más amplio: hasta qué punto la política exterior argentina puede sostener la histórica reivindicación de soberanía en Malvinas y, al mismo tiempo, estrechar lazos militares con quienes fueron socios decisivos del Reino Unido en el conflicto bélico de 1982.