viernes 12 de julio de 2024

Dependencia académica y económica en investigaciones del Conicet

Una publicación académica confirma que la ciencia médica local está subordinada a la agenda de las empresas internacionales y de los países del Norte. Imponen una política que reduce la salud y la enfermedad a genes, moléculas y fármacos, y se dejan de lado los aspectos socioambientales. "Es imprescindible que se discuta ciencia para qué y para quién", proponen.
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Crédito: Subcoop

Por Mercedes García Carrillo, Federico Testoni, Marc-André Gagnon, Cecilia Rikap y Matías Blaustein

El campo de las Ciencias Biomédicas (toda investigación básica y aplicada en salud) constituye un caso clásico de límites difusos entre la investigación académica y la investigación que busca maximizar ganancias en el mercado, por lo que representa un sistema ideal para analizar la influencia del interés corporativo en las agendas científicas. Nuestro reciente trabajo da cuenta de cómo las investigaciones del Conicet están alineadas con las agendas marcadas por las grandes corporaciones y por los países del norte global.

Se trata de un tema de interés público porque las asociaciones entre la industria y las instituciones públicas de investigación pueden sesgar y orientar las agendas públicas hacia los intereses privados. Es conocido que las grandes empresas farmacéuticas suelen patrocinar y establecer acuerdos con instituciones de investigación de países centrales. En la actualidad, este grupo de países dominantes (Estados Unidos, China, Reino Unido y Japón, entre otros) que se caracterizan por altos niveles de industrialización, urbanización y producción científica.

Los vínculos directos entre las corporaciones privadas y las instituciones de investigación están tan concentrados en esos países que las instituciones reconocidas del resto del mundo (consideradas periféricas), rara vez llaman la atención directa de las corporaciones. Dado que las empresas locales no suelen demandar investigación novedosa, que los contactos directos entre las instituciones de investigación locales y los líderes mundiales son escasos y que, si se producen, tienden a concentrarse en un pequeño grupo de equipos de investigación internacionalizados, podría concluirse precipitadamente que el sesgo de la agenda de investigación local hacia los intereses privados es insignificante.

Sin embargo, los contactos directos entre actores son una pero no la única forma en que las grandes empresas privadas pueden influir en las agendas públicas. De hecho, la influencia de las grandes empresas farmacéuticas moldea la agenda de investigación dominante en el campo de las Ciencias Biomédicas y de la Salud (CBMS), sin necesidad de contactos directos.

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Crédito: Conicet

En la investigación «¿Sobre los hombros de quién se apoya la investigación en salud? Determinación de los actores y contenidos clave de la agenda de investigación biomédica imperante» realizamos un análisis de más de 95.000 artículos científicos publicados entre 1999 y 2018 en las revistas de mayor impacto dentro de las CBMS. Allí se demostró que la agenda de investigación predominante en ese campo es el resultado del entrelazamiento de las agendas de las principales instituciones académicas y las grandes farmacéuticas. Los temas de investigación predominantes a nivel internacional se inclinan más hacia los enfoques y metodologías de la biología molecular y la investigación relacionada con el cáncer. Además, prioriza las investigaciones sobre el descubrimiento y desarrollo de fármacos frente a la investigación sobre los factores ambientales y sociales que afectan a la aparición o progresión de la enfermedad.

La teoría de la dependencia académica sugiere que la investigación científica de los países de ingresos bajos y medios adopta la agenda predominante, y que los investigadores de esos países ocupan posiciones subordinadas en la división global del trabajo científico.

Del mismo modo, el sociólogo Edgardo Lander denominó «colonialidad del conocimiento» al complejo marco social y epistemológico que determina los modos de producción de la ciencia y la tecnología, incluyendo qué países centrales (en particular, qué instituciones de esos países) concentran el poder.

Sin embargo, otros autores y autoras —como María Fernanda Beigel, Jorge Gallardo y Fabiana Bekerman en su trabajo «Expansión institucional y desarrollo científico en la periferia: la heterogeneidad estructural del campo académico argentino«— ofrecen otros matices de la interacción entre las agendas de investigación internacionales y locales. Sostienen que la noción de dependencia académica está vinculada a una perspectiva simplificadora de la relación entre las agendas científicas internacionales y locales, ya que pasa por alto las complejas asimetrías que se dan en un campo entrelazado por diferentes circuitos de reconocimiento (local, regional e internacional). Particularmente, se ha señalado que los campos de investigación en las periferias son internamente heterogéneos. Ponen de manifiesto las limitaciones de considerar a los países como importadores pasivos de conocimiento. Desde ese punto de vista, Beigel concluye que la autonomía y la heteronomía científicas pueden coexistir en determinadas situaciones históricas.

El caso de las investigaciones en el Conicet

El Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) es una institución de investigación líder en América Latina, aunque también puede definirse como una institución «semiperiférica» porque no forma parte de las organizaciones líderes que determinan la agenda de investigación dominante en CBMS, pero aun así contribuye al campo con investigación de punta.

En nuestro último trabajo, titulado «Dependencia académica: la influencia de la agenda internacional de investigación biomédica imperante en el Conicet argentino«, nos propusimos examinar tres cuestiones: si la agenda de investigación en CBMS del Conicet privilegia el estudio de las mismas enfermedades que la agenda de investigación predominante, si favorece o descuida los mismos enfoques y metodologías, y —tercero— si la agenda de investigación del Conicet es internamente homogénea.

El objetivo fue explorar cuantitativamente si la agenda de investigación internacional predominante, establecida por las grandes empresas farmacéuticas y las principales instituciones académicas, influye indirectamente en la investigación académica de los países no centrales.

Nuestros resultados muestran que la agenda de investigación en Ciencias Biomédicas y de la Salud del Conicet, al igual que la agenda internacional de investigación CBMS dominante, privilegia las metodologías y enfoques de la biología molecular y descuida la investigación sobre los determinantes socioambientales de la enfermedad. Estos hallazgos se aplican a ambos períodos analizados (1999-2008 y 2009-2018), independientemente del aumento de casi tres veces en el número de artículos publicados sobre Ciencias Biomédicas y Salud en el segundo período analizado.

La gran mayoría de les investigadores del Conicet no publican en las revistas internacionales de mayor factor de impacto a partir de las cuales reconstruimos la agenda de investigación en CBMS dominante. Por lo tanto, el alineamiento entre la agenda predominante y la agencia científica nacional no se explica meramente por una conexión directa sino probablemente por la influencia indirecta que estas instituciones de elite y las revistas internacionales ejercen, más allá de los vínculos directos con las instituciones no centrales. Estos hallazgos son consistentes con la teoría de la dependencia académica y con el concepto de colonialidad del conocimiento.

Foto 3 Credito Nicolas Pousthomis Subcoop
Crédito: Nicolas Pousthomis- Subcoop

Los resultados también muestran que la agenda de investigación en CBMS del Conicet es internamente heterogénea, introduciendo algunas diferencias específicas en relación con la agenda de investigación en CBMS predominante. Los términos asociados a categorías que incluyen «patógenos» y «enfermedades endémicas» están entre cinco y diez veces más representados que en la agenda internacional. Sin embargo, la biología molecular es el enfoque privilegiado en esta área, demostrando un abordaje que reduce la salud y la enfermedad a genes, moléculas y fármacos, en consonancia con nuestros resultados previos que reflejan que los determinantes socioambientales de la salud humana, así como otros enfoques metodológicos, quedan relegados.

Curiosamente, mientras que la agenda en Ciencias Biomédicas y de Salud del Conicet muestra sólo una presencia marginal de términos vinculados a la investigación médica a nivel clínico o humano, los términos asociados a otros niveles o modelos de organización (como animales, plantas, microbios o sistemas moleculares y celulares) están sobrerrepresentados en comparación con la agenda internacional de investigación.

Por ejemplo, los términos vinculados a la biología molecular y celular son aún más frecuentes en la agenda de investigación del Conicet que en la internacional (en la que ya están fuertemente enriquecidos). Lo mismo ocurre con los términos relacionados con modelos animales. Esto se explica por una división global del trabajo donde la investigación médica trasnacional, que es sofisticada y costosa, se realiza en países centrales. Allí, la cooperación entre las principales instituciones académicas y sanitarias es sólida y dinámica. Por el contrario, en las instituciones del resto del mundo quedan relegadas en su mayoría a proveedores de resultados experimentales básicos, que luego son explotados por las instituciones académicas líderes de los países centrales, así como por las grandes corporaciones farmacéuticas.

Estas diferencias, lejos de apuntar a una autonomía local, son consistentes con las teorías de colonialidad del conocimiento y la dependencia académica en relación con un modelo de extractivismo del conocimiento. A este último lo definimos como un proceso por el cual la ciencia y la tecnología producidas por instituciones públicas en las periferias (o semiperiferias) son monetizadas en los países centrales, generalmente por empresas que monopolizan el acceso al conocimiento.

Extractivismo de recursos y de conocimientos

Una forma de medir el extractivismo de conocimientos es la identificación de formas de transferencia ciega. Es decir, la cita de publicaciones científicas en patentes en las que los/las autores de las primeras no figuran entre los/las copropietarios de las mismas y a menudo ni siquiera son conscientes de su existencia.

Un ejemplo concreto de esta forma de extractivismo del conocimiento se puede observar en los artículos relacionados con Covid19. A pesar de que las grandes empresas farmacéuticas se han beneficiado enormemente de la pandemia, se ha demostrado recientemente que los artículos con autores provenientes de corporaciones privadas sólo representaron el dos por ciento de las publicaciones mundiales sobre el tema.

Retomando los resultados de nuestra última investigación, otra diferencia importante entre la agenda de investigación internacional predominante y la del Conicet es que en esta última aparecen términos asociados a la investigación vegetal, la agrobiotecnología y la industria alimentaria. Esto es consistente con el rol protagónico de la Argentina como productor de bienes derivados de la agrobiotecnología, a través de la consolidación de su agroindustria durante la década de 1990.

Del mismo modo, la sobrerepresentación de términos asociados a categorías de microbiología aplicada e industria alimentaria en la agenda de investigación del Conicet es consistente con el rol de Argentina en la división internacional del trabajo como productor y exportador de commodities.

Nuestros resultados son coherentes con las teorías que sostienen la existencia de un modelo global donde las empresas de los países centrales capturan no sólo conocimiento sino también “recursos” naturales del resto del mundo, causando importantes daños ambientales y conflictos sociales.

Ciencia para qué y para quién

La agenda de investigación del Conicet en materia de Ciencias Biomédicas y de la Salud se alinea, en buena medida, con la agenda de investigación predominante a nivel internacional. Esta similitud, sin embargo, presenta importantes salvedades. La presencia de ciertos temas de investigación distintivos (agrobiotecnología, microbiología aplicada e industria alimentaria) que se encuentran en la agenda de investigación del Conicet puede explicarse por el lugar (dependiente) que ocupa Argentina en la división internacional del trabajo. En este sentido, la agenda de investigación del Conicet parece ser el resultado de una combinación de elementos que reflejan un grado de dependencia académica y económica.

Con respecto a esto último, los temas de investigación distintivos del Conicet podrían responder a la acción de empresas privadas y grupos de investigación que construyen una posición de poder local o regional que les permite disputar financiamiento y prestigio. Este ha sido el caso de las empresas de agrobiotecnología y alimentos. Estas empresas fomentaron un discurso sobre la necesidad de la innovación basada en la ciencia y la tecnología, del que se hizo eco parte de la comunidad científica, dando lugar a colaboraciones entre estas empresas y diversos organismos públicos de investigación.

Por ejemplo, Bioceres (la empresa de agrobiotecnología más grande de Argentina), el Conicet y la Universidad Nacional del Litoral han desarrollado un fuerte vínculo de investigación y desarrollo a largo plazo, que llevó a la co-titularidad de patentes internacionales para dos semillas genéticamente modificadas con la tecnología HB4. Otro ejemplo es el Instituto Nacional de Agrobiotecnología de Rosario (Indear), un emprendimiento de investigación conjunto entre Bioceres, la farmacéutica Biosidus y el Conicet.

Este contexto fortalece la integración de la ciencia y la agricultura más allá de las colaboraciones directas mediante la creación de marcos institucionales, normativos y de financiación en Argentina.

Los resultados de nuestro estudio mapean la red invisible de relaciones de poder que subyace a la agenda internacional de investigación de las Ciencias Biomédicas y de la Salud. Esa agenda influye indirectamente en las agendas de investigación del resto del mundo. Una contribución clave de nuestra más reciente publicación es arrojar luz sobre el modo en que las agendas de investigación internacionales predominantes subordinan la investigación pública de un país semiperiférico.

Esto es coherente con la aparición de lo que denominamos un discurso dominante científico. Este concepto puede definirse como un eje de referencia que asigna valor a los signos en una comunidad discursiva (en este caso, la comunidad de investigación en Ciencias Biomédicas y de la Salud), condicionando por tanto la circulación de cada producción (por ejemplo, artículos científicos) y la posición que ocupan determinados ítems en la agenda (temas y métodos de investigación).

La existencia de ese discurso dominante implica un papel disciplinador durante la producción científica, alineando así las agendas de investigación locales con la agenda internacional predominante. En consecuencia, regula la prevalencia (o marginación) de determinadas líneas de investigación. Si existen razones económicas para privilegiar determinados temas, enfoques, metodologías y subcampos dentro de un campo, es de esperar que se privilegien no sólo en términos de producción científica, sino también en lo que respecta a la financiación pública y, en particular, privada.

En el estudio de caso del Conicet coexisten la heteronomía y un cierto grado de autonomía académica. Sin embargo, el otro hallazgo crucial es que esta aparente autonomía parece ser mayormente la expresión de otra forma de dependencia, la dependencia económica argentina, que vincula la producción de conocimiento a una matriz productiva basada en la exportación de commodities.

En definitiva, no alcanza solo con invertir más en ciencia, sino que es imprescindible que se discuta el contenido de nuestra ciencia, ciencia para qué y para quién. De lo contrario, esa mayor inversión termina reproduciendo más cantidad de ciencia para el mercado, una ciencia orientada al servicio de ciertas empresas como las farmacéuticas, el agronegocio, la megaminería o algún otro negocio extractivista, pero que no necesariamente responde a una agenda preocupada por los determinantes sociales o ambientales de la salud y de la enfermedad.

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