Dic 3, 2022 | Política, Internacional

Ucrania y la apropiación de sus campos por parte de fondos financieros de inversión

Blackrock, Blackstone y Vanguard compraron 18 millones de hectáreas de los campos más fértiles de Europa. Nota al Pie dialogó con Gabriel Fernández, periodista especialista en geopolítica, para conocer más sobre la disputa económica a partir de la guerra.
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Gabriel Fernández plantea que la avanzada del capital financiero sobre los recursos productivos ucranianos pone de relieve el enfrentamiento geopolítico entre el Unipolarismo y el Multipolarismo. Créditos: Gabriel Fernández (@GabyTripa22) / Twitter

Las consecuencias de la situación en Ucrania dan indicios de las auténticas causas del conflicto bélico. Tres de los fondos de inversión especulativa más influyentes se han apropiado de la mitad de los campos ucranianos. La cual representa una de las zonas más fértiles del planeta. Nota al Pie conversó con Gabriel Fernández acerca del desarrollo de la disputa. El entrevistado se desempeña como periodista especialista en geopolítica, y además es director de La Señal Medios y del Área Periodística de Radio Gráfica

¿Qué está sucediendo en Ucrania con la intensiva compra de campos por parte de estas corporaciones?

En principio hay que remontarse a la desestabilización institucional de 2014. En ese entonces, se genera una movida proocidental destinada a remover al presidente electo Víktor Yanukovich, de fuerte popularidad en su momento. Él venía trabajando con Rusia un acuerdo de crecimiento integral de la economía ucraniana. Sin embargo, en 2014 representantes pro occidentales de Kiev realizaron un golpe de Estado para imponer un plan de ajuste. 

A partir de su despliegue el país se endeuda nuevamente y se desarrolla una situación social muy dramática. Al punto de que en noviembre del año pasado las movilizaciones opositoras, que eran cotidianas en el Donbass, se extienden hasta la ciudad capital. Miles de personas protestan contra la política económica de Zelensky

En ese marco se produce la provocación militar sobre la zona fronteriza con Rusia, redoblando los bombardeos sobre el Donbass y avanza la acción autodefensiva que Moscú llama “desnazificadora”. Mientras esto sucede, la política económica interna, ostensiblemente afectada por el conflicto bélico, sigue siendo similar a la que se desarrollaba antes. Los recursos insuflados por el exterior no son conducidos a mejorar la situación social sino que se canalizan para la Defensa, como pretendía la OTAN, con el objetivo de llevar adelante una acción antirrusa que pueda horadar la presencia de Rusia sobre la región.

Ucrania tiene 32 millones de hectáreas cultivables con un suelo que se llama Chernozem, uno de los más ricos y fértiles del planeta. Su superficie cultivable equivale a un tercio del total del terreno agrícola de la Unión Europea. Es decir, es una potencia internacional agropecuaria. Desde la guerra las multinacionales Cargill, Monsanto y Dupont compraron 18 millones de hectáreas. Ucrania, en lugar de conservar ese territorio para alimentar a su población y comercializar con aliados lo vende a grandes corporaciones. 

Los dueños de esas firmas son Blackrock, Blackstone y Vanguard, corporaciones del capital financiero que necesitan esparcir conflictos bélicos, necesitan tomar recursos productivos e invertirlos en defensa. Y todo ello amparados en una especie de propaganda democrático que no menciona lo fundamental: lo político-económico dentro de la guerra en Ucrania.

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La estepa euroasiática es junto a las llanuras norteamericanas y la pampa húmeda sudamericana uno de los tres suelos más fértiles del planeta. Créditos: Artem-Grebenyuk

En Ucrania se ponen en juego muchas cuestiones de orden económico que son de interés global. Por ejemplo, la disputa por el Puerto de Odessa que ha sido saboteado.

La salida a través de los puertos fue rodeada por minas plantadas por el gobierno de Kiev con el respaldo de las potencias occidentales. Hay que recordar que el Canal del Bósforo está bajo control de Turquía. Ellos plantean desminificar el área si Rusia custodia la salida del lugar, para que no haya agresión en posesión de alimentos y así garantizar la reactivación del comercio internacional. Además, insertar toda esa producción nuevamente bajaría la inflación producto de la escasez de materias primas. En un principio las autoridades de Kiev dicen que sí pero finalmente solo cumplen el acuerdo Turquía y Rusia. 

El nivel de irresponsabilidad y de “todo o nada” con la que se mueven las fuerzas atlantistas, empezando por Ucrania, es perjudicial para cualquier tipo de acuerdo. Su apuesta es a la continuidad de la guerra. En términos estructurales-integrados la apuesta de las grandes corporaciones, que manejan desde las finanzas el comercio internacional, está puesta en el crecimiento de los precios. De esta forma, pueden controlar, manejar y usufructuar la producción alimenticia.

Este mismo escenario de disputa por tierras fértiles está sucediendo en Estados Unidos. Algunos analistas consideran que con la Ley de Humedales en Argentina están los mismos intereses por detrás.

No es fácil de determinar más allá de que hay situaciones equivalentes. Estados Unidos es una nación totalmente cooptada por el capital financiero y desterritorializada. Es decir, estos sectores depredan no sólo territorios periféricos sino también los propios. En ese sentido, Estados Unidos pasó de ser la locomotora productiva internacional a ser un espacio a ser explotado por los intereses rentísticos, al igual que el resto.

Por ende, es muy probable que tanto en los puertos como la Cuenca del Plata o en los humedales Argentina sea forzada a seguir un camino semejante al que propone el capital financiero. Pero tenemos una ventaja relativa que es el peso del Movimiento Obrero Organizado. Así como el de los movimientos sociales y la madurez política propia, superior a la que se observa en una Europa doblegada y en unos Estados Unidos sojuzgados.

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La OTAN ha conducido a las potencias occidentales a canalizar recursos productivos para la guerra, mientras Putin se respalda en las naciones emergentes de Asia para contener la arremetida. Créditos: CNN Español

En lo militar hay indicios de que el conflicto se dilatará, pero en lo económico estos actores ya le han sacado provecho a la situación. ¿Este último factor acelerará los tiempos de la guerra?

La guerra se disputa en el campo de batalla. Si bien hay una serie de elementos que son determinantes de fondo relacionados a lo geopolítico y lo económicos, los aciertos y errores que se cometan en la lucha directa inciden de manera razonable sobre su desarrollo. En este momento la concentración de riqueza a nivel internacional se incrementó cerca de un 45% en los últimos cinco años. Estamos en un entramado en el que, si no se sale del mismo, es muy difícil predecir el futuro de la humanidad.

El problema es que el interés de base que contrasta con esos intereses, que aparentan ser lo más poderosos del mundo, pueden ser que contengan una potencia muy superior porque en realidad encarnan a la mayoría de la humanidad. Organizados en derredor de la Organización de Cooperación de Shanghái, de los BRICS, de la Unión Económica Euroasiática y otras herramientas de construcción que están dejando el dólar de lado, que están apuntando al rol del Estado, a la producción de bienes de consumo. Entre ambos hay una pulseada fenomenal que abarca a todo el planeta.

Efectivamente, como el futuro es un elemento etéreo para el capital financiero, no solo no necesita una gran cantidad de población sino tampoco producción. Por lo tanto, la continuidad de las contiendas bélicas en Ucrania y en todos lados, y la utilización de energía nuclear con fines bélicos es una posibilidad que manejan sin demasiados problemas. Mientras que el bloque euroasiático y las naciones emergentes de la Multipolaridad, con todas sus falencias y dificultades, necesitan seres humanos que trabajen capital productivo en lo que invierta el Estado y mercados reales. Por eso han tenido tanto éxito en el primer tramo del lanzamiento de la Iniciativa de la Franja y de la Ruta.

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