Nov 8, 2021 | Cultura

La Plata: un bosque medieval en pleno 2021

Este fin de semana se realizó en la ciudad de las diagonales el festival Tuatha De Danann, un evento de cultura medieval y folclore celta. Nota al Pie estuvo allí y te cuenta todo lo que sucedió en una jornada mágica.

El festival Tuatha de Danann es un evento que resalta la cultura medieval. Créditos: Romina Toledo, Nota al Pie.

El domingo 7 de noviembre el Bosque de la capital bonaerense se remontó algunos siglos al pasado. Es que bajo sus árboles se llevó a cabo una nueva edición del Tuatha de Danann. En ese festival se rememora la cultura medieval celta, mediante trajes, comidas, bailes, artesanías y bebidas. 

Por eso, desde las 12:30 h hasta las 21:00 h, la comunidad que representó a las costumbres medievales se reunió en un sector del bosque platense. En el césped frente al Museo de Ciencias Naturales, se podía encontrar una feria de más de veinte puestos, cuyos emprendedores estaban ataviades con las ropas de la época. 

También había una escenario, donde les artistas cantaban temas típicos irlandeses o escoceses. Además, se presentaron algunos grupos de danzas tradicionales. No faltaron les feriantes que vendían comida y bebidas: desde cerveza hasta hidromiel y licor irlandés. Así, les platenses disfrutaron de una tarde con viaje en el tiempo incluido. 


Tuatha De Danann 

En la mitología celta, Danu o Dana, también llamada Anu o Ana, es la diosa madre de les Tuatha Dé Danann. En irlandés antiguo, este nombre quiere decir “de la tribu de Danu”. Se refiere a les seres mágicos que habitaron Irlanda antes que les ciudadanes actuales. 

Esta es la denominación del festival que se realizó en La Plata. No es la primera vez, sino que este evento data de hace más de cinco años. Es tan multitudinario, que fue declarado de interés municipal por el Consejo Deliberante de La Plata.

No solo se lleva a cabo en la ciudad de las diagonales, sino que hay comunidades que resaltan la forma de vida medieval en diferentes partes del país. Por ejemplo, esta edición platense atrajo a feriantes de otras localidades, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Lugano.

Recreación de un campamento medieval del este europeo. Créditos: Romina Toledo, Nota al Pie.

Una jornada mágica

Para ingresar al predio donde se llevó a cabo el evento, había que caminar por una callecita enmarcada por ejemplares de árboles Ginkgo Biloba. Al finalizar, se desembocaba en el puesto de Berkut. Vestides con prendas medievales, hicieron una representación de un campamento medieval del este europeo. 

Incluyeron un trono en donde las personas podían sacarse fotos, junto con tiendas y comidas de campaña. No faltaron los escudos, lanzas, armaduras y estandartes, típicos elementos de lucha de la época medieval.

Detrás de elles comenzaba el festival, con diferentes atracciones. En pequeños cuadriláteros, les integrantes de Ghoa Khan demostraron cómo se combatía algunos siglos atrás. Allí, les niñes podían aprender a luchar con espadas (envueltas en goma espuma, por supuesto). 

En el centro del predio se encontraba el Círculo de Hadas. En él, bajo la copa de los árboles y capas de tules blancos, se realizaron diferentes actividades. Al comenzar la tarde hubo clases de dibujo. Al pasar por allí, se veía a un grupo de personas (sobre todo niñes), que retrataban a un hombre sentado tocando el arpa. 

Más tarde hubo una demostración de canto gaélico y percusión irlandés. Después, se narraron mitos, leyendas e historias del folclore del mismo país.  

Les feriantes 

Durante la jornada de Tuatha de Danann, más de veinte emprendimientos expusieron sus artesanías. Desde tiaras, cuchillos, varitas, libros, pulseras, cuadros, todo se podía encontrar en sus puestos. 

Les feriantes tenían que estar personalizades como en la época medieval, era uno de los requisitos del festival. Había desde mujeres con vestidos y peinados celtas, vikingos, brujas, hadas, caballeros templarios ingleses, chamanes, en fin, la lista era interminable. Elles eran la gran atracción del evento. 

Uno de los puestos más atrapantes era el de Frigg Tarot. Yanila, su dueña, estaba personalizada como una bruja vikinga. Su compañero representaba a un chamán, a mitad de camino entre la vida y la muerte. Bajo una carpa negra, parecían salides de la serie Vikingos. Les visitantes quedaron encantades con su personificación, tanto que hasta les solicitaban sacarse fotos en conjunto.

Yanila realiza lectura de tarot y artesanías relacionadas con lo místico. En diálogo con Nota al Pie contó que hace dos años participa de estos eventos en La Plata. “Es muy lindo venir, sentís que estás en otra época”, expresó. 

“Hay gente ataviada de todas las formas: desde reyes hasta mendigos”, describió. De esta forma se muestra cómo eran aquellos tiempos: “hay un poco de todo, era lo que pasaba en esa época, no todo eran castillos y princesas”. 

Les feriantes de Frigg Tarot ataviades como vikingues. Créditos: Romina Toledo, Nota al Pie. 

El escenario principal 

Desde las 14:00 h hasta las 21:00 h hubo música en el escenario principal. Sonaron temas como The Skye Boat Song o No, Nay, Never, típicos de la cultura irlandesa o escocesa. 

Además hubo grupos de baile tradicional de esos países. Nota al Pie habló con Daniela, del ballet ShamRock. Junto a sus compañeres pertenecen a la Colectividad Irlandesa de Berisso, localidad donde se realiza la Fiesta Provincial del Inmigrante.  

El ballet se originó hace alrededor de ocho años. “Bailamos danzas tradicionales y modernas”, explicó Daniela antes de salir al escenario. “No solo movemos los pies sino que también incluimos los brazos, no somos tan estrictos con el tema técnico”.  Es que en los bailes irlandeses, el movimiento de las piernas es el protagonista. 

“Fusionamos lo típico con coreografías y figuras para que la gente lo siga conociendo y no se pierda la costumbre. Eso es lo más importante”, reflexionó la bailarina. 

En su primera vez en el Festival Tuhata De Dannan, mostraron bailes tradicionales que en la época antigua les irlandeses realizaban en casamientos o eventos importantes. “En general se bailan en una ronda muy grande, podríamos invitar a todos quienes están acá tranquilamente”. 

Y así finalizó el evento. Cuando cayó el atardecer y la luz del sol se escondió, la atención de les visitantes cambió de los puestos al escenario. Allí, con el sonar de guitarras y flautas, las personas se unieron en una gran ronda. Sin conocerse, tomaron las manos de sus compañeres y giraron divertides bajo la luz de la luna. 

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