Oct 30, 2021 | Deportes

La Paternal: tierra de D10S

Nota Al Pie recorrió el barrio en donde Maradona dio sus primeros pasos en el fútbol. Una historia de amor y pasión lejos de las grandes lujos y los vicios

Desde el 25 de noviembre de 2020, Maradona se encuentra ubicado en un lugar privilegiado en los corazones de les vecines del barrio de La Paternal. Aunque el amor por él permanece intacto como el primer día. Crédito: Facundo NAP

Hablar de Diego Armando Maradona (1960-)es identificarlo instantáneamente con el barrio porteño de La Boca. Inclusive, podemos emparentarlo a otras ciudades destacadas como Barcelona (España), Nápoles (Italia) y en menor medida Rosario (Argentina). Inclusive Villa Fiorito, en el Partido de Lomas de Zamora, Buenos Aires tiene un derecho emocional a reclamar su pertenencia. Pese a todo lo anterior, Diego era del pueblo, y era de todes por igual.

Sin embargo, existe otro barrio de la Ciudad de Buenos Aires que reclama por derecho de formación su sentido de identidad: La Paternal. Es por ello que, a pocos días de cumplirse 61 años del nacimiento del astro argentino, Nota Al Pie visitó y recorrió este humilde y trabajador barrio. Aquel en donde fue acogido, educado y forjado para poder llevar a cabo su sueño más glorioso: jugar al fútbol (y amar a la pelota). Visitamos la Tierra de D10S.

El primer paso

“A poco que debutó, Marado, Marado, la 12 fue quien coreo…” rezaba el estribillo principal de la memorable canción dedicada a Maradona por el cantante cordobés Rodrigo Bueno (1973-2000) conocida como “La Mano de Dios”. Sin embargo el camino recorrido entre el debut en primera y el clamor de La 12, conocida barrabrava del club Boca Juniors, poseé un espacio de tiempo bastante prolongado antes de que se produzca ese amor. Aún faltaban recorrer 5 años (1976-1980) para reproducir semejante hecho. Vamos por partes.

Corría el año 1969. Francis Cornejo (1932-2008), era en ese entonces un cazatalentos, un descubridor natural de jugadores que llenaban las arcas de las inferiores de la Asociación Atlética Argentinos Juniors. Dentro de esas jóvenes promesas se encontraba “Goyo” Carrizo, un joven que habitaba Villa Fiorito, barrio perteneciente a uno de los cordones más empobrecidos del conurbano bonaerense. En una de esas oportunidades en donde despuntaban a la pelota, Carrizo mencionó a un amigo suyo, a quien consideraba poseer mejores condiciones que él.

Es en este punto de la historia en donde Rodolfo Fernández (nac. 1937), reconocido hincha del “bicho de La Paternal” y amigo de Cornejo, desempolva los recuerdos de aquellas memorias: “Francis sacó un billete de diez pesos y se lo dio al amigo (Carrizo) para que Pelusa (Maradona) viniera al día siguiente. Dieguito vino, pero la cancha estaba inundada. Fuimos a Malvinas (Tronador 41), Parque Sarmiento (Avenida Ricardo Balbin 4750) y lo terminó probando en una loma de la General Paz y Constituyentes (Vicente López)”. 

Rodolfo Fernandez, amigo personal de Francis Cornejo, rememora el paso de Diego por Argentinos Juniors, conocido popularmente como “El Semillero del Mundo”. Crédito: Facundo NAP

Fernández rememoró la reacción post prueba: “Con Francis hemos ido a ver miles de jugadores y nunca dijo nada en particular. Ese día me afirmó ´vio lo que es eso?´”. Sin embargo la duda era la edad de Diego. No podían creer que tenía solo nueve años. “Con lo que juega este pibe, debe ser un enano” atinó a afirmarle Cornejo. Al llegar al domicilio de la familia Maradona (Azamor 523), fue Doña Tota(1929-2011) quien, con DNI en mano, aclaró las dudas. Tenía tan solo nueve años.

Los primeros éxitos

A partir de allí, la historia de Diego en el club fue escribiéndose a fuerza de goles y con el apoyo y protección de Cornejo: “Francis lo cuidó siempre, pero siempre. Le aconsejaba, le decía que juegue a la pelota. Y siempre hubo buena relación con sus padres. Mucho respeto”. El club hacía muchas rifas para costear los tratamientos médicos a Diego, quien había llegado al club con una lesión en la rodilla, los remedios de alto valor económico eran una dificultad para la propia entidad, por lo que muchos hinchas hicieron las movidas necesarias para su recuperación.

Posteriormente, ese equipo de niños y luego jóvenes con Diego a la cabeza, hizo historia grande dentro del fútbol argentino. Entre 1973 y 1974, “los bichitos colorados” disputaron los renombrados Juegos Nacionales Evita, bajo un nombre que marcaría a fuego la leyenda de Diego como estrella juvenil: Los Cebollitas. Ese equipo no solo alcanzaría la final en 1973 en General Pinto (Buenos Aires), sino que alcanzaría el título de 1974 en Embalse Río Tercero (Córdoba).

El primer sueño de Diego, el campeonato de octava división, también sería alcanzado en ese mismo año y un meteórico récord de imbatibilidad de 136 partidos consecutivos sería la guinda en el pastel. La leyenda, desde pequeño, empezaba a forjarse. Dos años más tarde, el mito comenzaba a acercarse a su hora más esperada: “Maradona ya no podía jugar en las inferiores. Era guapo y cuando le pegaban, más jugaba”, manifestó Fernández. Las puertas de la primera, estaban a su alcance.

El más fanático del bicho

Caminar y recorrer las calles de La Paternal es sentir ese aire de barrio como los de antes. Con les vecines de siempre, con los negocios de toda la vida. Con ese recuerdo de antaño. E irse de este sitio, sin haber visitado el local de Rodolfo Fernández, es no haber visitado el barrio. Ubicado en Avenida Álvarez Jonte 2188, Sporting Deportes es una cita obligada para aquel hincha o fanático de Argentinos Juniors. O aquel que quiera conocer más la historia de Diego.

  • Foto Facundo Garcia

“Tengo 74 años de socio, y soy hincha del club desde que nací. Prácticamente me crie en el estadio, ya que nos criamos con mi ´viejo´ en un conventillo ubicado en Boyacá 2050. Jamás imaginé terminar vendiendo desde hace 53 años, la ropa oficial del club” afirmó Fernández. Y pensar que sus sueños eran otros en aquellas épocas: “Me llevaron a probar a River Plate y fui capitán por seis meses de la novena división. Cuando me citaron para jugar un amistoso contra “el bicho” me negué rotundamente. Y no fui más”.

Ese amor por el club le permitió entablar una gran amistad con Francis Cornejo: “recuerdo en varias oportunidades ir con Francis a ver jugadores en Ferro Carril Oeste y darles una tarjeta para presentarse en las inferiores del club. Y hasta en sus últimos días, nos unió un amor profundo por Argentinos, siempre con el banderín detrás de cada foto en la posaramos”. Y ese amor que manifestaba Cornejo por Diego, fraternal, expresaba Rodolfo Fernández al recordarlo a “Pelusa”: “mi hijo una vez, me pregunto ´¿lo querés más a Diego que a mí?´ y eso para mí fue como una puñalada. 

Más allá de la risueña anécdota pregunta, Fernández manifestó, “un hijo es un hijo, pero a Diego yo lo recontra quiero”. Y entre recuerdos aún frescos, rememoró su última vez con Maradona: “en el homenaje a (Sergio) Gendler, yo estaba en la platea y Diego me mandó a llamar y pude charlar con él”. Hoy en día, pasar por su local es entrar en el recuerdo. Rememorar una época que ya no volverá. Los momentos en los que “Pelusa”, era uno más del barrio. Su barrio.

El debut en primera y la consagración -casi- mundial

El 20 de octubre de 1976, el barrio olía algo distinto. Los medios de comunicación acallaban, les vecines alertaban. Así lo expresó Fernández: “le dije a un primo mío, venga a ver el partido, que va a debutar el mejor jugador del mundo”. No estaba equivocado. Esa jornada, Juan Carlos Montes (1932-2020), entrenador del bicho, se anticipó a los libros de historia. En el minuto 16 del segundo tiempo, con la derrota parcial 0-1 contra Talleres de Córdoba, le dio un vuelco al destino.

Rubén Giacobetti (1956 nac.) se retiraba del viejo estadio de Argentinos Juniors lleno de hinchas (atestado por miles, según la leyenda), dando lugar al número 16, a un joven desconocido por la inmensa mayoría y reconocido por el La Paternal. Diego Armando Maradona debutaba en la primera división del fútbol argentino. “Vaya, Diego, juegue como usted sabe”, esbozó Montes. “Entra y la primera pelota que toques, tirale un caño a cualquiera” se animó a expresar. 

La Tierra de D10S, el lugar de encuentro en donde disfrutar del Maradona auténtico, sin los vicios ni los lujos, solo su amor por la pelota. Crédito: Facundo NAP

Juan Domingo “Chacho” Cabrera (1952-2007) fue su primera víctima, un caño para la historia. El resultado fue inmodificable, pero la mesa estaba servida. El fútbol argentino nunca volvería a ser igual desde ese día. Fueron los números extraordinarios los que a partir de entonces acompañaron a Diego en su recorrido en primera división. En el periodo 1978-1980, Maradona se consagró goleador del campeonato en cinco oportunidades, cuatro de ellas de manera consecutiva (Metropolitano 1978, 1979 y 1980; Nacional 1979 y 1980). 

En ese corto periodo de tiempo, Maradona evidenció el éxtasis de debutar en la Selección Argentina a la corta edad de 16 años frente a Hungría entrando por el posterior campeón del mundo Leopoldo Luque (1949-2021) un 27 de febrero de 1977. Posteriormente, anotaría su primer tanto frente a Escocia, casi dos años más tarde, el 2 de junio de 1979. En medio de tanto éxtasis, el dolor. Argentina 1978 estaba a la vuelta de la esquina y Cesar Luis Menotti (1938 nac.) terminaba de pulir los detalles de la lista mundialista.

El 19 de mayo de 1978, a sólo 14 días del debut mundialista, Víctor Bottaniz (1953 nac.), Humberto Bravo (1952 nac.) y Diego fueron cortados de la lista. Para Maradona, la ilusión de su primer mundial resultó en el trago más amargo, difícil de soportar para tanta juventud. En otro nivel, el Mundial Sub 20 de 1979 en Indonesia fue la caricia que el “flaco” Menotti le otorgó para darle la confianza en los éxitos posteriores. La consagración mundialista en el juvenil sería el primer trofeo obtenido por Diego de manera profesional. Su carrera comenzaba a dar un vuelo alto.

Paternal, su barrio y su hogar

Por cuestiones de nomenclaturas, el Estadio Diego Armando Maradona se encuentra ubicado en el barrio porteño de Villa General Mitre. Sin embargo, la primera casa en la que “Pelusa” vivió lejos de su natal Villa Fiorito, se emplaza aún hoy dentro del barrio de La Paternal. Ubicada en Lascano 2257, la Casa de D10S fue el hogar del 10 entre 1978 y 1980. Fue allí en donde Diego se mudó con el apoyo emocional de su madre Doña Tota y de su padre Don Diego (1927-2015). 

Durante años compartió un espacio único con sus padres, su abuela Dalma, sus cuatro hermanas mayores Ana María, Elsa “Lili”, Rita “Kity” y María Rosa; además de sus hermanos pequeños Hugo, Raúl “Lalo” y Claudia “Cali” en donde el acceso al agua corriente, la electricidad y el gas eran imposibles y la comida era una utopía. El amor y el sacrificio de sus padres permitieron a Diego cubrir esas falencias evidenciadas en Azamor 523. En Paternal, la casa otorgada por el presidente de Argentinos Próspero Cónsoli (periodo 1977-1981) comenzó a subsanar esas falencias. 

  • Foto Facundo Garcia

Diego se manejó en el barrio como un vecino más, querido por todos. En el Metropolitano 1980, les regalaría el mayor éxito deportivo del club hasta esos años: el festejado subcampeonato tras la destacada actuación de River Plate, el mejor equipo de ese entonces. Los números hasta ese entonces eran asombrosos. 116 goles en 166 partidos. Sin embargo, la presencia de Diego en la Paternal comenzaba a ponerse en duda. Los tiempos empezaban a cambiar.

El largo camino del adiós y las vueltas adversas

Corría el año 1981. Habían pasado los sacudones del pasado, cuando las ofertas del Sheffield United inglés en 1978 y el América de Cali colombiano en 1980 generaron resquemor en los hinchas de Argentinos. Sin embargo, ese año sería distinto. Las constantes diferencias económicas y futbolísticas entre los dirigentes y Diego, liderado por su manager Jorge Cyterspiler (1958-2017) ponían un punto final en el club. River Plate aparecía en el horizonte como la mejor opción.

Sin embargo, en un negociado llevado por la pasión y su amor por Boca Juniors,  por encima del interés económico (sabiendo la grave crisis que atravesaba el Xeneize y más allá del provecho que podría obtener jugando en dicha institución, Maradona abandona finalmente Argentinos Juniors. Esta despedida sería dolorosa para el barrio, quien veía de esa manera partir a su hijo pródigo. Su vuelta resultó ser eterna.

En 1993, tras el periodo de suspensión de dos años por el doping de cocaína, la vuelta de Diego a Argentinos Juniors se encontraba encaminada. Sin embargo, el penoso accionar de los barrabravas del club (con coimas de por medio), privaron al club disfrutar del astro que terminaría recayendo en Newell s Old Boys de Rosario. Con la vuelta de Diego a Boca Juniors en 1995 tras un nuevo caso de doping (esta vez en el Mundial de Estados Unidos 1994 por Efedrina) y los dos goles anotados al bicho (uno gritándolo con furia), ese amor idílico se terminó transformó en bronca y malestar. La considerada traición, equivocada al fin, le ganó al cariño.

Estos últimos accionares perjudicaron la imagen de Diego en el público de Argentinos Juniors, quienes dudaron inclusive en el nombramiento del Estadio Diego Armando Maradona con su nombre. En la reinauguración del sitio el 26 de diciembre de 2003 tras 30 años sin campo de juego propio, la ausencia del astro generó opiniones varias. Desde allí, la esquiva presencia en el barrio y el estadio despertaron serias dudas sobre las genuinas muestras de amor que alguna vez Diego sintió. 

En Argentinos Juniors convirtió la asombrosa cifra de 116 goles en 166 partidos, lo que lo convierte en el máximo goleador del bicho en primera división. Crédito: Facundo NAP

Sin embargo, el paso como técnico de Maradona en la Selección Argentina (2008-2010), su presencia en el documental Bichos Criollos (2012) y sus guiños manifiestos en distintas publicaciones en las redes sociales empezaron a cambiar la suerte de la taba. Alejado de la Argentina, ciertas remembranzas a su pasado como jugador del bicho comenzaron a florecer. Las arenas del reloj empezaron a acelerar y el tiempo estaba próximo. El 5 de septiembre de 2019 Maradona desembarcó en Gimnasia y Esgrima de La Plata. Por primera vez en años, Paternal estaba cerca.

La última visita

El 14 de diciembre de 2019 no sería una fecha más para el hincha del bicho. Sería una jornada de emotividad, de encuentro, de recuerdos, de aquellos que se añoran con el paso del tiempo. Ese día, en el estadio Diego Armando Maradona se realizó un partido homenaje al periodista deportivo Sergio Gendler (1966-2019). Pero, injustamente, o anecdóticamente sería un homenaje a él: al 10. Esa tarde de sábado, la presencia de Diego justificaba tanto años de espera acumulada, tanto veneno tragado, tantas preguntas sin respuesta.

Ese día, Diego Maradona volvía al barrio. Y se acabaron las dudas y los rencores. Y prometió algo, que solo el tiempo se encargó de fastidiar como un libro sin terminar: «la estoy luchando con Gimnasia (La Plata), pero algún día me gustaría estar en este banco. Quédense tranquilos». Y en esa promesa, recayó el sueño de muches que en este barrio aún lo amaban, lo veneraban y lo esperaban para cumplir su último sueño. Y en esas palabras, se fueron sus últimas esperanzas de volver, al barrio que jamás lo olvidó. 

Porque el tiempo dirá que el fatídico 25 de noviembre de 2020, a menos de un año de aquella promesa, su cuerpo dijo basta. Su alma finalmente, alcanzó la inmortalidad. Y todo el pueblo lloró, Marado, Marado…Y sin embargo, el barrio nunca olvidó esa promesa, vigente aún en sus calles. Es por ello que este 30 de octubre, en su natalicio número 61, Argentinos Juniors plantea celebrar la vida de su máximo ídolo, en un evento gratuito y con fines solidarios: Pelusa Eterno.

Allí se reencontrarán Los Cebollitas, con quien despuntará su mejor fútbol, junto con sus compañeros campeones del mundo en México 1986. Un partido a beneficio será la excusa justa para homenajear al 10. Y en tiempos en los cuales se discuten sus actitudes fuera de la cancha, el fútbol siempre será una salvación para mantener vivo su legado. La nueva serie Maradona: sueño bendito, presente también en estos tiempos de homenajes y dudas varias, mantiene a su manera la vigencia del mito.

Aunque Maradona ya no esté, Pelusa sigue presente. Volviendo, con la frente marchita, con las nieves del tiempo plateándole la sien. “Aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor…” rezaba el mítico tango Volver de Carlos Gardel (1890-1935). Y así rezan las calles de La Paternal, la tierra de D10S, esperando aún a su hijo pródigo. Esperando su regreso, a su primer amor.

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