Jul 23, 2021 | Género & Sexualidad

“Cuerpos que [ no ] importan”: un libro sobre la masculinidad en el fútbol

Nota al Pie entrevistó a Rafael Crocinelli, el autor de este relato que analiza el biotipo del futbolista actual.

Rafael Crocinelli
Rafael Crocinelli es el autor del libro “Cuerpos que no importan”. Paula Ojeda, directora del área de género del club Vélez Sarsfield escribió el prólogo. Crédito: redes sociales del entrevistado.

Toda obra nace de una experiencia personal, y esta no es la excepción. Rafael Crocinelli fue futbolista en el club Sarmiento de Junín y en Everton de La Plata, ambos en la provincia de Buenos Aires. Además es licenciado en comunicación social de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). 

Es a partir de su historia de vida que escribió el libro “Cuerpos que [ no ] importan”, de editorial “Malisia”. En él entrevista a jugadores amateurs y profesionales y entrenadores de fútbol. Con esos testimonios y sus vivencias analiza la constitución de la masculinidad hegemónica en los participantes de ese deporte. También, describe el biotipo de jugador que se busca en el fútbol argentino. El libro se puede conseguir a través de sus redes sociales.

Nota al Pie se contactó con Crocinelli, quien habló de todo. Contó de qué se trata su libro, pero además relató su historia dentro del fútbol profesional. Asimismo, analizó la situación de ese deporte en la actualidad, en cuyo interior empiezan a tener impacto los cambios con respecto a las miradas de género en la sociedad. La entrevista, a continuación:

¿Cuál fue tu experiencia en el fútbol?

El deporte me ha acompañado desde que tengo uso de razón. Fui a dos escuelas de fútbol en Junín (de donde es oriundo). Después un profesor me llevó a competir a nivel regional para Social de Ascensión, un pueblo cercano.  Ahí empecé la práctica en futbol 11 con tan solo siete años. Luego me probé en Sarmiento de Junín y quedé. 

Allí empecé a involucrarme con el deporte de forma profesional. Aunque todavía no lo era porque no había firmado un contrato, trabajaba de esa forma. Llevaba un uniforme, asistía cotidianamente, tenía un plan de nutrición. Yo iba al colegio en la mitad del día y la otra mitad me la pasaba en el club.  Mi vida social se dividía entre esos dos ámbitos. 

Tuve pasos por clubes amateurs de la ciudad de Junín: Villa Belgrano y Mariano Moreno. Me sirvió para observar el tema del disciplinamiento, porque cuando fui a Villa descubrí un clima más social, más recreativo. 

Rafael Crocinelli, además de ser ex futbolista, es Licenciado en Comunicación Social por la UNLP. Crédito: redes sociales del entrevistado.

¿Cuál era la diferencia con los clubes más consolidados?

Me llamaba la atención porque yo venía de una formación donde el que está al lado no es un amigo sino un rival que te quiere quitar el puesto. Entonces me sorprendió el tema de compartir un mate con los chicos, que me inviten a sus casas, que me presenten a sus familias.

Luego, cuando jugué a préstamo en Moreno sentí algo similar. Me dijeron: “andá con la ropa que quieras o tengas”. Me miré al espejo el primer día de entrenamiento y no tenía uniforme.  Ahí me largué a llorar porque dije: “soy yo”.

-Con el correr del tiempo viajaste a La Plata y jugaste en el Club Everton de esa ciudad. ¿Fue en esa época que comenzó el proceso de escritura del libro? 

Sí, en el marco del último año de la carrera universitaria. Fue un proceso sumamente doloroso y catártico, porque materialice muchos sentidos y revaloricé un montón de instancias.  El libro es una producción colectiva. Si bien yo soy el autor recibí mucha ayuda por parte de un grupo de estudiantes de la UNLP, y de mi director de tesis Lucas Díaz Ledesma.

En el libro hablas del biotipo del futbolista argentino. ¿De qué se trata ese concepto?

Es el discurso biopolítico que se fomenta en las instituciones. Son los cuerpos que importan para la clave del mercado, para promover a Primera División y empezar a tener un rédito económico. 

En el caso del fútbol, cada posición tiene una especificidad, unas características  que se diferencian del resto. No es lo mismo hablar del arquero, que del defensor o del delantero. En el proceso de división de juveniles ya se busca este cuerpo que se quiere para la máxima categoría. 

Morro García sobre los requerimientos sobre su físico. Crédito: canal de YouTube del entrevistado

¿Cómo describirías a la masculinidad hegemónica en el fútbol?

Los cuerpos que importan son esbeltos, con poca grasa corporal, tonificados, depilados y con tatuajes. Atienden su estética, por más que se asocie eso con lo femenino. Cuando yo iba a ver los entrenamientos los futbolistas salían y entre ellos se hacían chistes.  A quien no estaba vestido de jean apretado y llevaba un jogging con zapatillas deportivas le decían: “¿después de acá te vas a tu casa a dormir?”. 

Muchas veces hablamos de los que llegan a ser profesionales, pero en el libro visibilizo al colectivo que no lo logró. Son muchos los chicos que no alcanzan ese estatus y no tienen plan b para el después. Esos son los “cuerpos que no importan”, parafraseando a Judith Butler. Porque son los que no se ven, los que no tienen una voz para contar todo lo que les pasa. 

¿Qué pasa con la expresión de los sentimientos en el fútbol?

En mi caso, escribir el libro fue algo catártico. Al entrevistar a diferentes jugadores, recordaba la no posibilidad de sociabilizar las emociones. Cuando en Sarmiento me notificaron que me iban a dar a préstamo a otro club, esperé a estar en la calle para sacar el llanto. No quería mostrar el sufrimiento a quien me estaba haciendo sentir mal. De esta manera nos cargamos de presiones. También está el mandato de no mostrar dolor, porque si lo haces sos una nena o un maricón. 

¿Un ejemplo de eso puede ser en la Copa América, cuando Messi finalizó de jugar un partido con el tobillo lastimado? 

Claro. Existe esa figura mitológica del héroe, del salvador, del que logra anteponerse a las adversidades. También el discurso del que vino de abajo y sin nada lo logró todo. La figura de Maradona lo representa. Está bueno empezar a trabajar estos valores. 

También la forma de comportarse frente a la derrota deportiva. Boca, por ejemplo, perdió bajo circunstancias muy particulares. Ante una derrota injusta se comportó violentamente. Si no lo haces, si no vas con la manada, no perteneces al colectivo. De esa manera opera la masculinidad. 

Los cuerpos “que importan” en el fútbol tienen una construcción hegemónica.  Créditos: TyC Sports

A principios de 2020 sucedió el asesinato a Fernando Báez Sosa a manos de un grupo de rugbiers. A partir de ello se analizó en los medios masivos como opera el machismo en ese deporte. Pero en el fútbol no se discute de forma comunitaria como ejercen las normas patriarcales… 

Operan de la misma manera. Se da lo que es el triángulo de la masculinidad: la figura del protagonista, la víctima y el testigo. Por ejemplo sucede con el chiste del jabón en el vestuario. Está quien tiene el jabón: la víctima, quien hace la burla y el más importante: el testigo. Es quien legitima todo a través de la risa o el silencio. Sin él no tendría sentido toda la escena.  

En el libro también analizo el vestuario como un escenario político. Al entrevistar a una jugadora de fútbol femenino, me contaba que allí hablan de lo que le pasa a cada una, del trabajo, de cómo se sienten. Y comparaba con el vestuario masculino, donde hay música fuerte, golpe de puño como manera de comunicarse y se habla de sexo como trofeo. 

Para finalizar, ¿cómo es el panorama actual del fútbol argentino? ¿Qué es lo que se viene? 

A partir de las áreas de género se están motorizando un montón de cambios. Es necesario reconocer que el fútbol es un espacio súper conservador, uno de los nichos más duros del patriarcado. Las mujeres a través de la profesionalización del fútbol femenino son las abanderadas de esta gran modificación. Igualmente, restan una infinidad de cosas por trabajar. Yo vivo en CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). El otro día vi frente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires una imagen que me hizo pensar que no todo está perdido. Había chicos y chicas de cinco años jugando en una misma cancha mezclados, ósea, en un fútbol mixto. Ellos junto a sus familias ya representan esa sociedad que estamos tratando de alcanzar colectivamente, que representa un fútbol mejor.

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