
“Francisco, el musical del fin del mundo” llega a la Sala Caras y Caretas (Sarmiento 2023, Caba) a las 21:00, desde el sábado 3 de octubre. Las funciones continuarán el 10, 17, 24 y 31 de octubre. Las entradas se pueden adquirir en la boletería del teatro o a través de Passline.
El elenco lo conforman Maximiliano Areitio, Santiago Eloy De Luca, María Florencia Barisone Prieto, Jimena Leyla Slame, Jerómimo Matías Quinteros, entre otros y además la participación de Seagull Orquesta. El musical traza el mundo del primer Papa Latinoamericano y el camino que recorrió Jorge Bergoglio, antes de llegar al papado. El espectáculo nace de la idea de Nicolás Agustín Contrera Crespo, quien compuso la música. El libro original y las letras, Leo Schmit; dirección artística general, puesta en escena y conducción integral de María Luján Zalazar y dirección coreográfica, Juan Damián Benítez.
Concebido desde la Argentina y atravesado por una identidad profundamente porteña y latinoamericana, el show propone acercarse a Francisco no solamente como figura histórica y religiosa, sino también como hombre: Su infancia, su familia, su vocación, sus dudas, sus decisiones y los acontecimientos sociales y políticos que atravesaron su vida, sin borrar las zonas incómodas de la historia argentina. Pone en escena las preguntas de una época y la posibilidad humana de transformar muros en puentes.
Francisco siempre humano
El trayecto del musical inicia en el barrio porteño de Flores, donde transcurrió la infancia del papa. Desde allí la historia continúa diversas etapas que marcaron su interesante vida. Aborda su entorno familiar, su vocación y los acontecimientos más relevantes. El relato llega al momento en que Bergoglio se convierte en papa, pero no se limita a reconstruir su llegada al Vaticano.
Más allá de las creencias individuales, busca recuperar preguntas que atravesaron el pensamiento del papa Francisco durante toda su vida: ¿Qué hacemos frente al sufrimiento del otro? ¿Qué lugar ocupan los descartados de la sociedad? ¿Cuánto puede transformar el mundo una persona que decide ponerse al servicio de los demás?
Una charla con el artífice del musical
Nota al Pie, entrevistó a Nicolás Crespo para ahondar en cómo se cristalizó la puesta en escena que transmite un mensaje que va más allá de la vida de un papa.

–Creaste y compusiste esta obra en vida de Francisco, pero el musical nació después de su fallecimiento.
SÍ, durante sus últimos meses seguí con mucha atención las noticias sobre su salud, y empecé a acercarme cada vez más a su historia, a sus palabras y a su manera de entender el mundo, pero nació después de su muerte. Apareció la necesidad de contar su historia desde el teatro musical. Por eso no nació como un homenaje pensado para una persona que todavía estaba entre nosotros; sino como una necesidad de entender y de contar qué había significado Francisco para nosotros. No intentamos reconstruir al papa que acababa de morir desde la nostalgia; sino recorrer su infancia, su formación, sus vínculos con los sectores populares, con la Iglesia, con el país, y las decisiones que tomó. Es una invitación a preguntarnos qué hacemos nosotros con todo aquello que Francisco intentó transmitir.
–Tomaste una decisión: Contar a un Francisco, a través del tango, cumbia, identidad villera y porteña, desde 1936 hasta el 2001 y en una época de la dictadura. ¿Cómo se traduce todo eso musicalmente?
Era fundamental que la música tuviera la identidad de las personas que aparecen en la historia. Si voy a contar a un Bergoglio que nació en la Ciudad de Buenos Aires, que creció en una familia de inmigrantes, y después caminó y trabajó en distintos sectores populares, no podía imaginar una música completamente alejada de esa identidad.
Por eso aparecen el tango, la milonga, la cumbia, la música popular y también una sonoridad más cercana a la música religiosa. No quería que fueran simplemente géneros puestos como decoración. Quería que cada lenguaje musical ayudara a contar quiénes son los personajes, y en qué mundo están viviendo. El protagonista no es solo Bergoglio, también lo son las personas que fue encontrando en el camino.
–El musical no esquiva zonas incómodas: El rol de Bergoglio en la dictadura, su relación con el poder, la Iglesia que incomodaba hasta a la propia Iglesia. Hoy, sin Francisco vivo, ¿sientes más libertad o más responsabilidad al poner eso en escena en una sala como Caras y Caretas que es tan política?
No me interesa hacer una obra que convierta a Francisco en un santo; ni tampoco una obra que intente destruirlo. Me interesa mostrar a una persona atravesada por su tiempo, por sus decisiones, por sus contradicciones y por las circunstancias históricas que le tocaron vivir.
La dictadura es una parte de nuestra historia que no se puede esquivar si uno quiere contar la vida de Bergoglio en Argentina. Y justamente por eso intentamos abordarla desde los personajes y desde las situaciones, sin transformar el musical en un juicio histórico. Caras y Caretas, además, tiene una identidad cultural y política muy fuerte. Para nosotros es interesante que la obra pueda convivir con ese espacio y generar preguntas.

–Producir una obra así en Argentina hoy es también una declaración cultural y “Francisco, el musical del mundo” es una puesta que ustedes hacen en grupo. ¿Requiere mucho más esfuerzo llevarla a la realidad?
Creo profundamente en el teatro como una experiencia colectiva. Podríamos haber reducido la obra, usar pistas, achicar la orquesta y hacer todo mucho más sencillo, pero cuando todo tiende a reducirse, decidimos defender aquello en lo que creemos. Hay 15 músicos tocando en vivo, actores, técnicos, equipo creativo y mucha gente trabajando para que esto suceda y eso también forma parte de lo que queremos contar.
Francisco hablaba muchísimo de la cultura del encuentro. Además, como compositor, necesito que la música respire. Hay cosas que solamente suceden cuando tenés músicos tocando juntos en un escenario. No porque sea el camino más fácil, sino porque sentimos que es el lenguaje que la obra necesita.
–¿Qué te gustaría que la gente se lleve cuando termine de ver el espectáculo?
Se lleve una pregunta y no necesariamente una respuesta. Que después de ver la obra alguien salga pensando en una persona que tiene cerca, en alguien que está sufriendo, en alguien que necesita que lo escuche, o simplemente en alguien que está pasando por un momento difícil. Y si además alguna canción queda resonando, mucho mejor. Esa pregunta no pertenece solamente a Francisco, ni a la Iglesia, ni a una religión. Es una pregunta profundamente humana.

