
El último pétalo fue montado este lunes en la Plaza de las Naciones Unidas, luego de un extenso operativo que combinó técnicas de la industria aeronáutica y un traslado por agua y tierra desde una planta industrial de Baradero.
“Desde el temporal nos comprometimos a restaurar la Floralis y lo cumplimos: recuperamos uno de los símbolos porteños que nos representan en todo el mundo”, destacó el jefe de Gobierno, Jorge Macri, durante la presentación de la obra recuperada.
A su lado, el ministro de Espacio Público e Higiene Urbana, Ignacio Baistrocchi, y el subsecretario de Paisaje Urbano, Juan Vacas, acompañaron el anuncio.
La complejidad del trabajo no fue menor. Cada uno de los seis pétalos es distinto y pesa alrededor de tres toneladas y media. Los especialistas que trabajaron en la restauración aplicaron procedimientos que se utilizan en el sector aeroespacial y aeronáutico, desde ensayos de materiales no destructivos hasta el modelado estructural en 3D.

6 pétalos de acero inoxidable y aluminio, 18 toneladas de peso y más de 20 metros de altura, algunos de los datos de una de las obras de arte público más reconocidas del país.
El primero de los pétalos restaurados había regresado en octubre. El segundo completó el rompecabezas este fin de semana, tras haber sido montado sobre una enorme barcaza que navegó más de 150 kilómetros por el Paraná y el Río de la Plata.
Desde el Puerto de Buenos Aires, grúas de gran porte se encargaron del tramo final hacia la plaza de Recoleta. Cada operativo demandó más de tres días de trabajo continuo.
Técnicas aeroespaciales para la Floralis Genérica: una escultura monumental
Luego del temporal, el Gobierno porteño realizó un diagnóstico estructural y licitó la reparación. En enero de 2024, los dos pétalos dañados fueron trasladados a Baradero, donde comenzaron las tareas finas de restauración. Se desmontaron paneles de recubrimiento de aluminio y se retiraron largueros y costillas de acero deformadas, incluidos refuerzos agregados en intervenciones anteriores.
La inspección incluyó diversos ensayos utilizados para evaluar componentes aeronáuticos: algunos se hicieron con equipos ópticos para detectar fisuras superficiales. También se hicieron ensayos por corrientes parásitas, que identifican variaciones en las propiedades del metal. Por último, se usaron líquidos penetrantes, que permiten observar microdefectos invisibles a simple vista.

A partir de esos estudios se realizaron los cálculos estructurales, las pruebas de resistencia al viento y la modelización de las nuevas piezas. Los pétalos reconstruidos se unieron con bulones de alta resistencia, similares a los que se emplean en aeronaves, capaces de soportar tracción, fatiga y vibraciones constantes.
Finalmente se reemplazaron y fijaron las chapas de recubrimiento con remaches de acero inoxidable, y se verificaron las articulaciones que conectan los pétalos con la base de la Floralis.
Un símbolo restaurado y nuevas luces
Además de la reparación, la Ciudad anunció que la escultura recibirá una nueva ingeniería lumínica para destacar su presencia durante la noche. “Queremos que la Floralis se luzca como nunca antes”, señaló Jorge Macri.
La restauración fue posible gracias al Régimen de Patrocinio del Gobierno porteño, con el apoyo de Naranja X, Axion y Samsung. Para celebrar su regreso, este sábado habrá ferias gastronómicas y espectáculos musicales en la Plaza de las Naciones Unidas.
Una obra única
Creada y donada por el arquitecto argentino Eduardo Catalano, la Floralis Genérica fue inaugurada en 2002 y se convirtió rápidamente en una postal de Buenos Aires.
Con sus seis pétalos de acero inoxidable y aluminio, 18 toneladas de peso y más de 20 metros de altura, es una de las obras de arte público más reconocidas del país.
Hoy, tras una reparación monumental y casi quirúrgica, vuelve a abrirse al cielo porteño.

