jueves 20 de junio de 2024

Desafiar el silencio

Hay que alzar la voz, pensar y escribir las palabras que cambiarán el mundo. Hay que desconfiar y huir de ese silencio aterrador, de esa calma que nos eclipsa mientras otros pocos transcriben el futuro de una historia que nos pertenece.
Desafiar el silencio
Las palabras son los puentes que transforman el silencio en acción. Crédito: benjidelara.

“No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes. Huye”, dice una parte del poema de Walt Whitman que me gusta. En un mundo cada vez más fragmentado por el avance de las tecnologías y la vorágine de la vida cotidiana, pienso que el poder de las palabras encarna cierto tipo de revelación.  

Es en ese decir y no decir que la vida se escapa, se escabulle como una especie de manantial que sigue su curso entre las rocas del tiempo. Las palabras, entonces, se convierten en la esencia misma de nuestra existencia, en el hilo conductor que nos une con el mundo que nos rodea y define nuestro papel en él.  

El silencio, por su parte, se presenta como la cara subalterna de las palabras, una especie de acto de pasividad de la sociedad del cansancio que describe Byung-Chul Han, en la que nos convertimos en testigos omisos de nuestra propia existencia, de nuestro destino. 

Y en un contexto donde la fragmentación y la individualización parecen ser el plan perfecto de las sociedades actuales, el silencio se presenta como un placer tentador: una especie de submundo que nos hace vivir bajo la ilusión de paz y tranquilidad

Aún así, pienso que cuando nos resignamos al silencio, renunciamos a nuestra capacidad de influir en el curso de la historia, de dar forma al mundo que nos rodea. Por eso, creo que es necesario volver al uso de las palabras, a la escritura como acto de revelación frente a un sistema que busca alejarnos del pensamiento crítico y empujarnos a la sumisión.

Hay que asumir que el riesgo y la amenaza de las palabras, apartar de ellas esas que nos ayuden a construir un mundo mejor: un campo donde cada voz sea escuchada, donde cada palabra sea un paso hacia la justicia y la igualdad. 

No hay que caer en la trampa del silencio. No hay que resignarse a ser meros espectadores de nuestra propia historia. Hay que alzar la voz, pensar y escribir las palabras que cambiarán el mundo, o creer que lo harán un lugar más justo. Hay que desafiar y huir de ese silencio aterrador, de esa calma que nos eclipsa mientras otros pocos transcriben el futuro de una historia que nos pertenece. 

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