¿Cómo es ser mujer y científica liderando una investigación en la Antártida?

Cecilia Amenábar es paleontóloga y este verano estuvo dirigiendo una campaña cerca de la Base Marambio. En una entrevista con Nota al Pie, cuenta cuál es la relación entre ciencia y mujer.
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Cecilia Amenábar es paleontóloga y este verano lideró una campaña científica cerca de la Base Marambio. Crédito: Gentileza Cecilia Amenábar.

Cecilia Amenábar es paleontóloga y jefa del Departamento de Paleontología del Instituto Antártico Argentino. En 2008 viajó por primera vez a la Antártida y desde ese momento comenzó un vínculo que la atrapó. Este verano lideró una campaña de investigación bajo condiciones inhóspitas, estudiando fósiles. Se especializa en estudiar los ambientes del pasado a través de los fósiles microscópicos que se preservaron en las rocas de Antártida. 

Desde muy chica disfrutaba de la naturaleza mientras recolectaba caracoles en la playa, piedras de colores, miraba las aguas vivas y observaba a las hormigas. Le gustaban los atardeceres y caminar dentro de bosques llenos de plantas. Eso ya le indicaba que quizás su futuro estaba en la biología, carrera que decidió estudiar apenas terminó la secundaria. 

 “En este Día Internacional de la Mujer, es mi deseo que todas las mujeres puedan, no solo dedicarse a la ciencia si así lo desean, sino que sean respetadas y valoradas tanto en el ámbito familiar como laboral”, expresó.

La pasión por la investigación científica

 “Ya cursando el tercer año de la carrera de Biología me di cuenta de que me gustaba estudiar fósiles. Son los organismos que vivieron en el pasado geológico, es decir hace millones de años. Ver cómo era la Tierra en ese entonces y cómo se desarrollaban sus ecosistemas”, comenzó explicando. “Como también me fascinaba el microscopio y lo que allí se veía, encontré mi camino de investigación analizando los fósiles microscópicos de tiempos pasados. Fui lentamente aprendiendo más sobre geología, y sobre paleontología”, agregó.

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Como mujer investigadora, para Amenábar “tiene que llegar el día en que no importe el género de la persona que ocupe el cargo, sino su capacidad y compromiso”. Crédito: Gentileza Cecilia Amenábar.

Pisó la Antártida por primera vez en 2008. En su especialidad había muy pocos estudios realizados y no existía un trabajo sistematizado en ese lugar. Trabajar en un terreno tan lejano y hostil, pero a la vez, tan bello y poco explorado, le parecía un enorme desafío que estaba dispuesta a afrontar. Así que no dudó, y realizó su primera campaña antártica ese año.

Este año, la campaña se llevó a cabo desde el 3 de enero al 25 de febrero en un campamento a unos 7 km aproximadamente al sur de la Base Marambio (Base argentina permanente). Allí se estudia la última gran extinción masiva. Ocurrió a los 66 millones de años antes del presente, donde cerca del 75 por ciento de los organismos se extinguieron. Esto dio lugar al fin de la Era Mesozoica y dio comienzo a la Cenozoica. 

“Estudiamos las causas de la extinción, como afectó a los organismos, si estos fueron afectados de la misma manera. Lo hacemos a través del contenido de fósiles microscópicos que se preservan en las rocas y de las características geológicas de la zona de estudio”, especificó. 

La isla Marambio es uno de los pocos lugares del mundo donde esta extinción quedó registrada. Allí “hubo un depósito continuo de sedimentos y la isla es altamente fosilífera, entonces se pueden reconocer fósiles de diferentes edades y analizar cuándo y cuáles desaparecen y aparecen en la Tierra. Por otro lado, estudiar la Antártida, es importante para fortalecer nuestro reclamo soberano sobre el Sector Antártico Argentino, porque no se puede defender aquello que no se conoce”, agregó. 

La mujer en el ámbito académico

Para Amenábar, la participación de la mujer en la ciencia “fue cambiando y mucho, aunque aún queda un largo camino por recorrer”. “En el ámbito académico y científico, cada vez se ven más mujeres que se interesan y animan a acceder a carreras que eran tradicionalmente elegidas por hombres. Sin embargo, aún las mujeres no llegan a cargos jerárquicos altos. Pero, con mucha lucha, cada vez se van logrando más espacios”, afirmó.

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El equipo liderado por Amenábar estudia fósiles microscópicos que se preservaron en las rocas de Antártida. Crédito: Gentileza Cecilia Amenábar.

Respecto de las investigaciones antárticas de Argentina, comenzaron a realizarse cerca del año 1920, y los primeros científicos eran todos hombres. “Recién en el año 1968 fueron las primeras científicas argentinas en trabajar en ciencia, en la Base Melchor. Son conocidas como Las 4 de Melchior y abrieron camino a todas las científicas que vinieron después. Se entendió que las mujeres podían realizar campañas tanto como los hombres”, señaló.

Sin embargo, la valentía de estas cuatro mujeres estuvo mucho tiempo invisibilizada. Explicó que “hasta hace unos 30 años, para realizar una campaña antártica, las mujeres debían demostrar que tenían merecido ese viaje, esa campaña, ese trabajo. Para eso se cargaban al hombro más peso del que podrían soportar o trataban de equipararse al hombre. Se las veía como complicadas para el trabajo en el terreno, sensibles y débiles tanto física como emocionalmente, y no se las valoraba según su idoneidad y capacidad”. 

Esto ha ido cambiando con el tiempo, ya que hoy en día las mujeres realizan las campañas antárticas junto con los hombres. “Con las mismas actividades o semejantes, existe una armonía y colaboración muy positiva. Pero seguimos siendo minoría en la Antártida, tanto en el ámbito civil como en el militar. 

Hoy, que una mujer lidere un grupo de investigación, sea jefa de base, es algo poco común y excepcional. Tiene que llegar el día en que no importe el género de la persona que ocupe el cargo, sino su capacidad y compromiso”, expresó.

Liderando equipos

En esta campaña, Amenábar se desempeñó como jefa científica de la Base Marambio, representando a su institución. También fue jefa de grupo de investigación desarrollando su actividad en un campamento. Durante el mes de enero el grupo estaba compuesto por 5 personas, 3 estudiantes (2 hombres, una mujer), personal del ejército y ella.  En febrero, el grupo se componía de 7 personas de las cuales, 6 eran hombres, de entre 24 y 50 años.

Contó que: “Fue una gran responsabilidad que asumí con mucho orgullo, una experiencia maravillosa, hubo un respeto total de parte de todos. Ninguno cuestionó en ningún momento, o al menos nadie lo manifestó, que en el grupo había una jefa mujer. Nos reuníamos todas las noches para organizar el trabajo del día siguiente, les plateaba la propuesta y luego los escuchaba a cada uno para ver si tenían alguna sugerencia, ideas diferentes. Entre todos elegíamos la mejor opción, pero todo en perfecta armonía”.

“Cuando hay respeto y se valora el trabajo del otro, no hay ningún problema, todo transcurre de la mejor manera. Ni la hostilidad del lugar, ni la distancia que nos separa de nuestros familiares y amigos, se hace difícil. Fue mi familia antártica por dos meses, y me llevo parte de cada uno de ellos”, agregó. Para ella, en un lugar inhóspito, y lejos de todo, como lo fue el campamento en la Antártida, nunca fue un problema el ser mujer. “He sido respetada, valorada y muy cuidada como lo han sido cualquiera de los otros integrantes del grupo”.

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