Pese a no haber una intervención extranjera aprobada en uno de los países más sufridos del mundo, como lo es Haití, Estados Unidos envió fuerzas a patrullar la capital de dicho país. La administración de Joe Biden envió una importante embarcación de la Guardia Costera estadounidense. Esto último con la intención de patrullar y controlar las aguas que rodean a la capital haitiana.
El máximo mandatario estadounidense dijo que la presencia de la Guardia Costera es solo “una parte del enfoque” del gobierno en relación a Haití. Además, envió aviones militares con equipos de seguridad táctica para el uso de la Policía local. Lo cual, no parece un simple plan de vigilancia.
El interés de participación de Estados Unidos en Haití data de hace aproximadamente dos semanas, cuando el subsecretario de Estado para Asuntos del hemisferio occidental, expresó en su Twitter: “Estados Unidos sigue siendo un socio firme del pueblo haitiano y seguirá apoyando a Haití en este momento crítico”.
No es la primera vez (ni será la última) que Haití recibe la presencia de embarcaciones estadounidenses en sus aguas. En los devastadores terremotos ocurridos en 2010 y 2021, Estados Unidos envió flotas bajo la justificación de apoyos humanitarios.
Sin embargo, la presencia de cuerpos de la Marina, militares y policiales de EE.UU. despierta en los haitianos un profundo rechazo debido a una historia marcada por intervenciones estadounidenses que, según reconocieron organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA), no han hecho más que profundizar las problemáticas que afronta el país en materia de violencia, a nivel sanitario e incluso institucional.
Brendan C. McPherson, comandante de uno de los Distritos de la guardia costera, señaló: “El Gobierno de EEUU tiene un interés creado en la seguridad regional en todo el Mar Caribe y está al tanto de la situación actual de disturbios civiles y violencia de pandillas dentro de Haití”.
La situación de Haití
Haití atraviesa uno de los peores momentos de su historia. Una intensa crisis política y social que estalló con el magnicidio del presidente Jovenel Moise en 2021. El asesinato del presidente agudizó los problemas de seguridad y crisis social; en un país donde el conflicto entre bandas armadas pone en jaque el acceso de bienes necesarios e indispensables.
Otro punto clave, son los elevados precios de los alimentos y el combustible. Los cuales dieron paso a una crisis económica y social. El Gobierno estableció una serie de subsidios que ocasionaron una escalada aún mayor de los precios y un fuerte descontento social.
Además del aumento de los precios, el regreso de la enfermedad del cólera a Haití, luego de su erradicación hace 10 años, ha complicado aún más la situación en la nación caribeña.
Por otro lado, ante los subsidios a los combustibles, grupos armados han bloqueado el acceso a la terminal de combustible Varreux, una de las principales del país, lo que ha desatado una severa escasez de gasolina y ha dificultado la entrega de ayuda humanitaria internacional.
Ante este marco, el primer ministro, Ariel Henry, solicitó a las Naciones Unidas el despliegue de fuerzas militares internacionales para combatir al crimen organizado, lo que trajo cola en el país caribeño aumentando el descontento social de un país hundido en la crisis.
Como respuesta a esto, miles de ciudadanos haitianos salieron a las calles de Puerto Príncipe para protestar en contra de una posible intervención militar extranjera para contener la violencia en el país. Incluso, algunos impulsan la intervención rusa para evitar la “yanqui”.