May 15, 2022 | Cultura

“Un circo en Myanmar”: trabajar como payasa en el sudeste asiático

La autora Josefina Pérez Gardey contó su experiencia en este país exótico. Nota al Pie dialogó con ella sobre las diferencias culturales y la vida circense.
Myanmar
El Golden Papillon Circus en Birmania recibía una decena de artistas de distintas culturas y nacionalidades. Créditos Josefina Pérez Gardey.

Josefina Pérez Gardey escribió el libro Un circo en Myanmar que propone ser un aporte a la literatura circense. De esta forma, relata “una historia apasionante”, según la define «Muruya«, nombre artístico de la autora. 

Se trata de una aventura que comienza en 2016, cuando ella y su pareja recibieron un correo electrónico con la invitación a sumarse a un circo ubicado en el sudeste asiático. El telón de fondo es un país atravesado por condiciones muy hostiles que recién salía de una dictadura de más de cuarenta años. 

Nota al Pie dialogó con Josefina Pérez Gardey sobre su experiencia como payasa en Myanmar y su libro al respecto.

Hablás de esta experiencia como algo único, ¿cómo comenzó todo?

Llegamos a Myanmar porque mi compañero Nacho (también artista) conoció a Sara, la directora del circo, en un viaje por Salta. Ella le escribió un mail. Nacho le contó de mi presencia también y, finalmente, nos invitaron a los dos a trabajar. 

Myanmar es un país muy exótico del que conocemos poco, ¿qué fue lo que más te costó de la vida allá? 

Las condiciones climáticas se hacían muy pesadas para trabajar: pasábamos de tener mucha lluvia a tener mucho calor. Llegamos a tener 47 grados en la tarima del escenario. Además, la comida era mayormente fea: nos descompusimos muchas veces. Muchos compañeros se llegaron a enfermar. Recuerdo que también había hongos por todas partes. 

Pese a todo, las sonrisas de la gente eran muy hermosas.

¿Cómo hacían para sobrellevarlo?

Sentíamos que no podíamos volver con las manos vacías de historias que contar. Además, por ese tiempo, en Argentina había un vaciamiento cultural importante y no teníamos proyectos. Muchos de nuestros compañeros abandonaban Myanmar, pero nosotros aguantamos. Y valió la pena. Son esas experiencias que se viven una sola vez y hay que aprovecharlas al máximo. 

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“Fue una experiencia de esas que solo se viven una vez”, expresó Muruya. Crédito: Josefina Pérez Gardey.

¿Cómo es hacer circo en una cultura tan diferente a la nuestra?

El arte circense es internacional. Trabajar en el circo puede ser parecido en Myanmar, en China o Argentina; pero las condiciones siempre van a ser diferentes. Por ejemplo, costaba llevar el público a la carpa, porque no estaban acostumbrados a ver este tipo de espectáculos. También la gente se reía de otras cosas y hubo que descubrir cuáles eran sus costumbres y qué les gustaba. 

Imagino que algunos códigos, típicos para nosotres, allá pueden variar…

Sí, por ejemplo, yo tuve que usar la nariz de payaso para que identificaran mi rol, porque no estaban acostumbrados a ver mujeres payasas. Acá en Argentina ya no uso nariz. 

Otra cosa que tuvimos que enseñar fue el código del aplauso, el cual no conocían. 

Hablando de tu historia, hay un momento en que el arte se convierte en tu profesión, ¿cuál fue ese momento?

A los 15 años yo ya había empezado a hacer teatro (vivía en Tandil) y bailaba tango. Tiempo después, viajé a Mar del Plata al Festival Hazme Reír, que es un evento que se hizo en esta ciudad por mucho tiempo. 

Ese festival me permitió conocer artistas de distintas partes del mundo que venían a hacer su show acá, y luego nos invitaban a sus lugares a mostrar lo que hacíamos. Ahí descubrí que podía vivir y viajar a través del arte callejero y el circo; que yo pensé que sólo estaba en las carpas y que tenías que ser de familia circense para hacerlo. 

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“El lector podrá espiar lo que pasa en el circo, detrás de la lona”, dijo la autora respecto a su libro “Un circo en Myanmar”. Crédito: Josefina Pérez Gardey.

¿Volverían a Myanmar?

En su momento, dejamos algo de vestuario y kilos de yerba mate allá con la intención de volver. Pero no lo hicimos y no creo que ocurra, porque ahora hay nuevamente una dictadura militar terrible en ese país que cerró la frontera. Así que hicimos lo correcto: aprovechar y disfrutar el momento, a pesar de la pesadez y el cansancio. Fue ese tipo de viajes que no suele darse dos veces. 

¿Qué encontrará el lector que se sumerja en el libro?

Este libro le permite al lector espiar debajo de la lona; adentrarse en el mundo del circo, en lo que hay detrás de la carpa. En ese mundillo somos una familia con sus temas de convivencia y pasa de todo. Hay códigos propios, fiestas, amores y desamores y aventuras. Son historias que merecen ser contadas y espero inspirar a otros colegas a que cuenten las suyas propias.

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