Abr 16, 2022 | Cultura

Gyo: el manga de Junji Ito que huele a podrido

El maestro del horror ataca al sentido del olfato en su obra de 2001, Gyo, haciendo que el lector arrugue la nariz más de una vez. Nota al Pie te trae una reseña imperdible de este giro de tuerca al terror subacuático.
Gyo
El olor ilustrado en el vaho que sale de la boca de la criatura evidencia la nauseabunda historia que trae el manga – Créditos: Historia y Arte de Junji Ito

Junji Ito es, sin lugar a dudas, uno de los grandes maestros del horror en el mundo del Manga. Entre 2001 y 2002 publicó “Gyo Ugomeku Bukimi” (Peces: Retorciéndose Espantosamente), conocida en occidente como “Gyo”. Serializada en 19 números, su argumento explora un plano apocalíptico donde el terror viene desde el mar, haciendo de los peces y su hedor los grandes protagonistas.

La obra fue publicada en la revista Big Comic Spirits de la editorial Shogakukan. Posteriormente, se recopiló en dos tomos Tanköbon entre febrero y marzo de 2002. El autor ha comentado que inspiró este relato gracias a “Jaws” (Tiburón) de Steven Spielberg. Al ver tan bien retratado el miedo a los tiburones, pensó en experimentar qué sucedería si eso mismo se trasladara a la tierra.

El ataque de los peces

La historia comienza en Okinawa, mientras Tadashi y Kaori, una joven pareja, realizan un viaje de vacaciones. Kaori tiene un olfato muy sensible, y comienza a sentirse enferma por un olor muy fuerte que, más tarde, también comenzará a sentir su novio ¿El origen del mismo? un extraño pez con patas.

Gyo
Los peces que caminan, que en un principio parecen mutados, se ven amenazantes, sobre todo por su diseño con patas puntiagudas – Créditos: Historia y Arte de Junji Ito

Este aberrante descubrimiento será el primer paso para la crisis que caerá sobre la pareja. Al pasar unos días, un grupo de pescadores descubrirá horrorizado que sus redes se encuentran llenas de estos raros especímenes. Los hechos se precipitan cuando oleadas de estos seres, entre ellos un tiburón. salen del mar y comienzan a invadir la ciudad.

La invasión de los peces caminantes no se detendrá en la pequeña isla, sino que llegará con mucha rapidez a Japón. El Dr. Koyanagi, tío de Tadashi, científico de profesión, descubrirá que parte de esta calamidad se debe a experimentos de guerra relacionados con su padre.

El olfato como el factor ominoso

Junji Ito ha experimentado con el horror sobrenatural en Tomie, su ópera prima. Luego, con su famosa Uzumaki” trasladó al lector al campo del terror lovecraftiano. Aquí, toma uno de los cinco sentidos para usarlo como señal ominosa del desastre inminente. El hedor no solo ocupa las viñetas, también los títulos de los capítulos.

Ito utiliza la experimentación con armamento bacteriológico como punto de partida para el motivo de la existencia de esta amenaza. En la primera guerra, los alemanes experimentaron con gas, motivo que hace comprensible que, para los siguientes enfrentamientos, Japón también lo haya hecho. Es aquí donde lo metafísico toma lugar.

Según la obra, los animales eran infectados por una bacteria que les hacía generar un gas que desorientaba a quien lo oliera. Sin embargo, estos organismos, al mismo tiempo, terminaron por conectarse con un sistema mecánico. Gracias a este ingenio es que los peces, eventualmente muertos, podían desplazarse por tierra.

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Cuando todo parece visto, Ito va por más, aumentando lo grotesco de sus imágenes, comunicando la desesperación y el horror a la perfección – Créditos: Historia y Arte de Junji Ito

Ito nunca se molesta en buscar el origen o la justificación de la invasión de la obra. Centra su guión en Tadashi y su relación con Kaori, que es lo suficientemente tóxica como para abrumar al lector. Ella es una chica con muchos problemas personales, y Tadashi se siente en la necesidad de protegerla.

La relación de Kaori y Tadashi será el disparador de la tensión más grande en contacto con la epidemia. Claro que Ito tomará cada animal marino posible y lo utilizará como amenaza, poniendo a los personajes en situaciones imposibles. El balance entre la situación apocalíptica y la personal es lo que da la perfecta dinámica al relato.

Un steampunk horripilante

El ingenio de Ito, respecto de la estética de los monstruos de turno, entra definitivamente en la categoría del steampunk. Cada animal, en principio los peces, luego muchos otros, está unido a una estructura que funciona a base de gas. Una especie de exoesqueleto con cuatro patas, y cañerías conectadas a los orificios principales del cuerpo, ponen en funcionamiento la maquinaria.

El horror que transmiten las primeras ilustraciones, en las que el lector ve cómo los mismos humanos caen presa de este mecanismo, es impactante. Las mismas máquinas buscan con sus tuberías ingresar por la boca y por el ano de las criaturas, para aprovechar los gases al máximo.

Las bacterias acumuladas en el aire, cuando la densidad es suficiente, empezarán a mostrar imágenes. Los rostros de los humanos víctimas de esta ingeniería, o al menos lo parecen, se mostrarán etéreamente para generar aún más impacto.

Adaptaciones

En 2012 Ufotable, mismo estudio que anima “Kimetsu no Yaiba”, realizó un OVA (Original Video Animation) de 75 minutos de Gyo. Uno de los cambios más importantes es que, en la animación, Kaori fue la protagonista en lugar de Tadashi.

Gyo fue publicado en Argentina por Editorial Ivrea, respetando su formato original en dos tomos.

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