Nov 22, 2021 | Deportes

El Bolsón: se realizó la cuarta edición de la Carrera a Ciegas

Nota al Pie dialogó con Analía Romero, atleta no vidente que organizó la competencia junto con A.DI.VI (Grupo de Amigos con Discapacidad Visual)

Analía Romero (derecha) junto a una corredora, vivieron momentos únicos en la cuarta edición Carrera a Ciegas. Créditos: Gentileza de Carrera a ciegas.

Sentir en carne propia lo que es estar a ciegas pero al mismo tiempo, conseguir una luz en el camino, promoviendo la empatía, fue el propósito de Analía Romero, fomentando la importancia del deporte inclusivo. Luego de la pandemia, muchas de las actividades deportivas retornaron a lo presencial lo cual animó a reorganizar la Carrera a Ciegas, nacida en el  2017.

“El recorrido fue de 8 y 5 kilómetros, participaron 80 duplas y tuvo como característica hacerla de dos participantes en pareja; siendo una la guía de su compañía que corrió con los ojos vendados. De esta manera, se generó unión, solidaridad, preocupación por los otros y además impulsó los sentidos de los participantes que ven, con un respeto para la discapacidad visual”, señala Romero que además conduce el programa radial “Apaga la luz y Verás”.

Los runners con capacidades diferentes corren con un guía o entrenador, disponen de una cuerda que ambos llevan desde la muñeca, la que permite guiar y dirigir al corredor mediante la voz. Generalmente la cuerda mide no más de 50 centímetros y forma un medio de comunicación entre corredor y el que dirige. 

Vivir la experiencia de correr con una venda y dejarse guiar no tuvo límite de edad. Crédito: Gentileza de Carrera a ciegas.

Haciendo camino al andar

Nacida en Rosario, Analía Romero (49), vive en El Bolsón desde hace 19 años y estudió la carrera de Óptica. Fue perdiendo la visión en el transcurso de su vida. A los 30 empezó a tener serios problemas y hace más de 17 años que tiene discapacidad visual. El  diagnóstico es Retinosis pigmentaria: una enfermedad degenerativa, hereditaria, que no tiene cura y es progresiva.

La atleta entrena desde los 13 años pero dejó de hacerlo a los 30 años. “A los 42  me enteré que los no videntes corrían, empecé a hacerlo con guías”. Posteriormente, conoció a más amantes del running. Comenta que su primera hazaña fue desde Villa La Angostura hasta San Martín de los Andes en posta con un equipo de no videntes. “Cada uno, iba a su ritmo, hacía una distancia, le pasaba la posta a otro compañero y completábamos el recorrido”, narra.

La alegría inminente al vivir una manera diferente de explorar los sentidos. Crédito: Gentileza de Carrera a ciegas.

Emociones en el recorrido

Caminar o correr: no importó cómo se llegaba a la meta de los 5 y 8 kilómetros. La consigna fue disfrutar y ponerse en la piel del otro. “Acá participaron todes, sin imposición de edad, condición o estado físico con un recorrido accesible”, dice Romero. Para ella, uno de los momentos más emocionantes fue la participación de dos señoras del Centro de Jubilados: una de 91 y la otra de 50 años. Ambas videntes, caminaron a su  ritmo y una de ellas, tuvo que correr con la venda.

“La gente se emocionó, lloró, nos dijeron que les daba miedo al principio hacer un recorrido sin ver; pero después se conectaron con la sensación de vivir algo nuevo. Me tocó dejarme guiar por una señora que tuvo cáncer y fue maravilloso cómo me acompañó. Tampoco olvido a una mamá que corrió con su hija de 9 años, se largó a llorar sin medida”, concluye Romero. 

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