Ago 5, 2021 | Género & Sexualidad

Tres Arroyos: un sujeto habría abusado a una menor

Nota al Pie dialogó con la mamá de la joven y con integrantes de la Colectiva Feminista Ni una Menos de la ciudad

Analía y Sergio, padres de la menor, exigiendo justicia por su hija y por todas las mujeres que han sufrido violencia de género Crédito: Sofía Beltaco

El sábado 24 de julio, en la ciudad de Tres Arroyos, ubicada a 500 km de Buenos Aires, una adolescente de tan solo 15 años habría sido drogada y abusada sexualmente por un individuo en complicidad con dos más en la casa de uno de ellos. Los hombres que estaban en la vivienda en la que ella se encontraba junto a una vecina amiga, habrían violado sus derechos como mujer y persona. 

De acuerdo a lo dicho por Analía, la madre de la menor, le permitían salir hasta aproximadamente las dos y media de la mañana. Eran las primeras veces que la joven comenzaba a salir; a disfrutar con todo el derecho su adolescencia plena. Una vez que se cumplió el horario, según Analía, pidió que la lleven a su casa, pero los sujetos se negaron. El padre de la adolescente, conforme a los transmitido por la madre; se dio cuenta que su hija no estaba y salió a buscarla inmediatamente.

“La llamamos, pero se cortaba el teléfono. En una de esas, me logra atender el teléfono mi hija desde el teléfono de la amiga. Me pide en voz bajita: por favor mamá ayúdame, no sé dónde estoy, llama a la policía y pedí que rastreen la llamada”, declaró. 

911: un laberinto de preguntas

Mientras Analía se mantenía al teléfono con su hija, llamó al 911 con un teléfono prestado por unes vecines. En un momento se corta la llamada con la menor, pero no se animaba a llamarla otra vez para resguardarla. 

Al llamar al 911, les contó lo que estaba sucediendo, pero comenzaron hacerle múltiples preguntas: la dirección de la casa en la que estaba su hija; cómo la escuchó, qué le dijo, si le dijo algo más, entre otras. “Yo lo que quería era que me mandaran al patrullero ya para ver como podíamos rastrear la llamada”, enfatizó. 

Luego de haber finalizado la llamada al 911, apareció su hija, quien había logrado, como pudo; escapar de la casa del presunto abusador y dirigirse a una plaza cercana. Allí vio pasar a un joven en un auto y le gritó que la ayudara, el pibe frenó y la llevó hasta su casa. 

Accionar policíaco

En ese momento Analía llamó a su marido, Sergio, quien ya “andaba en el patrullero buscándola”, para avisarle que estaba con la joven. Una vez que llega Sergio junto a les oficiales a su vivienda; la menor describe el auto y la casa de quien la habría violentado física y emocionalmente; pero “los oficiales que había dijeron que no podíamos salir si no teníamos una dirección exacta”. 

Por lo tanto, Sergio le pidió a les policías que lo lleven a buscar su auto a la comisaría; para recorrer el barrio donde podría encontrarse este sujetos y hallar la vivienda del mismo. Primero pasó a buscar a sus dos hijas y a su compañera Analía para llevarlas a la comisaría de la mujer a realizar la denuncia. Luego se dirigió al sector en donde estaría el presunto abusador de la menor. “A los cinco minutos da con la vivienda”, aseguró Analía.

Al tener certeza del lugar, Sergio le avisa a Analía, quien pregunta en la comisaría de la mujer si podían llamar a un patrullero para realizar el allanamiento; pero le dijeron que tenía que llamar ella porque es quien hacía la denuncia. Pidió el número de la comisaría, pero tuvo que llamar nuevamente al 911. 

Desde el minuto uno, la oficial que las recibió a Analía y sus dos hijas, las trató de mala manera; diciéndoles que no las podía atender “porque ninguna de las tres teníamos tapabocas. Yo la miré y le dije: discúlpeme, pero, ¿con la situación que acabo de pasar a usted le parece que yo voy acordarme de salir con un tapabocas?”. Finalmente las atendió, pero sin ninguna consideración hacia la víctima, negándose en reiteradas veces a los pedidos de la misma.

Paola Moyano, una de las fundadoras de la Colectiva Feminista Ni una Menos, expresó: “en general nos llegan comentarios negativos acerca del laburo que hace la comisaria de la mujer, no solo en relación a abusos sexuales sino de violencia en general. La sociedad que culpabiliza a la víctima, un poco avala el accionar nefasto que hay desde la comisaría de la mujer y la justicia, por eso la necesidad de la Ley Micaela”.

Un allanamiento tardío. Negligencia policial

Después de haber llamado al 911 y pedir el patrullero, Sergio tuvo que esperar “como una hora y veinte” para que él mismo llegase a hacer el allanamiento. Cabe destacar otro detalle y es que en la comisaría de la mujer estuvieron tres horas para realizar la denuncia. 

Horas previas al allanamiento, el padre de la menor, que ya se encontraba en el barrio del presunto abusador junto a otres policías esperando la orden del mismo; sintió en un momento un ruido y le dijo a les oficiales que se estaba escapando. Estos se rieron y uno de los policías le dice: “no por donde se va a escapar si no tiene por donde salir”.

“Dicho y hecho, se escapó porque al momento de hacer el allanamiento da negativo, ya que faltaba la ropa de mi hija y no estaba en la vivienda. Después un vecino vio cuando levantaba la persiana, que por el patio de su casa pasaba un tipo corriendo con dos bolsas blancas”, expresó Analía.

Acompañando el pedido de justicia, contra la violencia de género Crédito: Sofía Beltaco

Destrato y falta de capacitación

Paralelamente, en la comisaría de la mujer, la mamá de la joven consultaba si no la tenía que ver un médico a su hija, a lo que la oficial respondió: “no, porque como no manifiesta ni dolor ni ardor, no es necesario. Yo que se en la parte que ella estaba dormida, qué pasó”, relató. La menor sentía sed y calor, también se había sentido mareada y en un momento no había podido mover las piernas ni su cuerpo; por eso se sospecha que el supuesto abusador le habría dado drogas sin su consentimiento. 

El sábado por la tarde los padres volvieron a la comisaría de la mujer, insistiendo en que se le haga a la joven el examen toxicológico. Finalmente, le concedieron los análisis, de todas formas, estuvieron una hora esperando el dictamen. Cuando llegaron al hospital tuvieron otra media hora de espera. Al fin lograron que atendieran a la menor psíquica y físicamente violentada; la cual debía ser tratada desde la empatía y el completo cuidado. 

El lunes 26 de julio por la tarde la familia vuelve a la comisaría para insistir que la revisara un profesional de la salud; aparte de la muestra de orina y sangre obtenida en el hospital. Frente a este pedido lograron que se envíe la denuncia a un médico para que la evalúe. El doctor citó a la familia para el día siguiente y su trato sí fue “muy cálido, él sí estuvo en todos los detalles”.

Luego realizaron una interconsulta con otro doctor, para brindarle a la menor medicina preventiva. Los padres tienen bronca e impotencia, ya que, según Analía, “decidieron por nosotros. Necesitábamos que en el momento la vieran. Cuando le hacen los análisis toxicológicos, ella ya había tomado un montón de agua y la había eliminado, entonces quizá queda algún resto; pero no es lo mismo”.

Acompañamiento por parte de las instituciones

Quienes se contactaron con los padres de la víctima, fue la Colectiva feminista Ni una Menos de la ciudad. Luego también les llamaron del servicio local y una abogada de fiscalía. Sergio visitó al intendente, el cual se ofreció ayudarlo “en lo que sea necesario”.

Sofía Beltaco, integrante de la Colectiva Feminista Ni una Menos, contó a Nota al Pie cómo la colectiva acompañó a los padres: “nos contactamos con la familia y le brindamos un acompañamiento desde el lado más humano; es desde ahí donde laburamos. Acompañamos también al pedido de justicia, estando en la marcha, poniéndonos a su disposición. Es nuestro compromiso y responsabilidad como organización y como movimiento”. 

El papá de la menor gritando: ¡justicia! durante la marcha del primero de agosto Crédito: Paula Daguerre

Marchando en pedido de justicia y contra la violencia de género

El domingo pasado a las ocho de la mañana, se marchó pidiendo justicia por la joven. Acudieron aproximadamente 60 personas. Entre ellas se encontraba la familia de la víctima, la Colectiva Feminista Ni una Menos; como así también amigues de les padres, familiares, compañeres de trabajo del padre y personas del sindicato de camioneros. 

El encuentro tuvo lugar en la plaza Pellegrini, sitio al que la adolescente logró llegar y pudo ser trasladada por un joven hasta su casa. Primero se dirigieron hasta la comisaría 1ra, luego a la comisaría de la mujer y por último a la Municipalidad.

Los padres organizaron la manifestación “primero y principal por nuestra hija, pero también por muchos casos que no se animan a denunciar. Lo que queremos es que la gente no se calle más, porque si no van a seguir pasando. No podemos permitir que no puedan tener una salida tranquila, sin saber si vuelven o no y en qué condiciones. Qué ninguna chica tenga que pasar lo que pasó mi hija”, reflexiona por último la mamá de la joven.

El médico, según Analía, habría determinado que no hubo lesiones físicas, por ende, sería un abuso simple y no habría detenciones. De todas formas, faltan otros pasos a seguir para poder encuadrar el delito. Igualmente, un abuso simple, sigue siendo abuso, por esto, cabría preguntarse si igual no debería haber detenciones. La justicia sigue siendo patriarcal, aún falta mucho camino por desandar, la lucha continúa y se exige justicia. 

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