Jun 17, 2021 | Deportes

Sueños de gol: el futbol feminista como herramienta de transformación social

En la Villa 31, funciona la La Nuestra Fútbol Femenino. Primera parte de la entrevista a una de sus entrenadoras.
La Nuestra es un espacio que supera ampliamente lo deportivo. Se ha construido como un espacio seguro de militancia feminista. Créditos: La Nuestra.

En La Nuestra Fútbol Femenino, el fútbol fue la propuesta perfecta para formar una manada de mujeres y personas del colectivo LGBTIQ+ dispuestes a romper todas las barreras. Mediante diferentes talleres y proyectos abordan temáticas relacionadas a los estereotipos de género, salud sexual y reproductiva, violencias de género, discriminaciones, uso del tiempo libre, placeres y deberes, lazo social, entre otros.

Es un espacio donde se pone en juego no sólo la pelota, sino también la sororidad, la hermandad y el empoderamiento para poder hacerle frente al mayor rival de todos los tiempos: el patriarcado.

Nota al Pie se puso en contacto con la Directora Técnica Nacional de Fútbol (ATFA, 2014), Juliana Roman. Esta joven de 36 años forma parte de las entrenadoras del equipo que sueña con goles de igualdad de oportunidades y gritos de aliento feminista.

Pasión por el fútbol 

“El futbol me eligió a mí”, comenzó diciendo la futbolista profesional. Empezó a jugar desde pequeña con amigues, primes y hermanes. Cuando cumplió los 9 años, con su familia se mudaron de su país natal, Colombia, a Suecia. Allí el fútbol era algo naturalizado para las niñas. En su voz se puede sentir la pasión que le generó el primer partido al que la invitaron a jugar: “Me enamoré del fútbol a los 9 años, en un invierno sueco”.

Además de futbolista, Roman es escritora. Dentro del libro “Pelota de papel Nº3” hay un cuento llamado Manada donde relata cómo fue ese primer encuentro con el fútbol. En Suecia vivía en un pueblo cuyo nombre significa “regalo de la mañana” y para ella el fútbol es eso, un regalo. Cuenta que es su manera de explicar su existencia, de pensarse como mujer y como deportista, incluso como militante y sujeta de derechos.

Además, el fútbol le dio las herramientas para entender las opresiones y las posibilidades que existen dentro del deporte. También fue un camino para descolonizar su cuerpo; deconstruir los mandatos sociales en torno a lo femenino y lo masculino, y empoderarse. “Es pararme en la cancha como en la vida”, como dicen en La Nuestra.

Para Juliana Roman el fútbol es su manera de explicar su existencia, de pensarse como mujer y como deportista, incluso como militante y sujeta de derechos. Para ella todo pasa por el fútbol. Créditos: La Nuestra.

La Nuestra Futbol Feminista

La Asociación Civil se formó hace 11 años en la Villa 31 a raíz de una tesis de graduación de una compañera futbolista. En su investigación le llamó la atención que allí había muchos espacios para el deporte de varones, pero no para niñas, y menos para mujeres y adolescentes.

Si bien se juntaban a jugar ya desde el año 2007, obtuvieron la personería jurídica en 2010. Con más integrantes, más estructurada y más barrial, surgió La Nuestra Futbol Feminista

Empezaron siendo un puñado de pibas en el 2007 y actualmente son más de 180 mujeres y personas del colectivo LGBTIQ+. Están divididas en cuatro categorías comenzando con “Minis” entre 5 y 10 años; “Cadetas” entre 11 y 14 años; “Juveniles” entre 15 y 18 años y “Mayores” de 18 años en adelante. “Es hermoso porque es un equipo que no piensa en el capacitismo de los cuerpos, sino que todos los cuerpos diversos son bienvenidos y necesarios”, aclaró Roman.

Una cancha propia

Dentro del barrio hay muchas canchas públicas. La más grande es la denominada cancha de Güemes. Lo que ellas hicieron es reclamarla y ocupar sus derechos de jugar fútbol en ese espacio. Actualmente pertenece a la Asociación Civil y es conocida como la “cancha de las mujeres”.

Comentó además que aunque en la villa hay un déficit habitacional muy importante, las canchas son sagradas y les vecines no avanzan sobre ellas. No las ocupan para construir casas porque son entendidos como espacios de esparcimiento en el barrio.

Foto: La Nuestra.

Allí, los eventos sociales suelen suceder alrededor de la cancha. Las familias se reúnen para compartir los torneos que duran todo el día. Sin embargo, Roman explicó que en esta plataforma de socialización las mujeres estaban totalmente excluidas. 

“Lo que hizo La Nuestra fue batallar y conquistar esos espacios y el derecho de jugar ahí”, comentó; y agregó que buscaban “cambiar el imaginario social y las costumbres y también las construcciones sociales en torno a que las mujeres teníamos que estar lavando los platos, en los espacios domésticos”.

La Nuestra Fútbol Feminista: un colectivo de transformación social

Desde este espacio entienden al fútbol como una herramienta para erradicar la violencia de género, para deconstruir la colonización de los cuerpos de las mujeres por las instituciones, la medicina, la familia y la religión. 

“Entendemos que el deporte y el fútbol dan la posibilidad concreta de pasar por el cuerpo una actividad que genera una experiencia corporal distinta. Es una experiencia de choque donde los músculos te empiezan a crecer, la capacidad aeróbica aumenta, también se empieza a adquirir la visión periférica” detalló la deportista. 

Agregó que para avanzar y hacer un gol se tiene que estar con las demás compañeras y eso es lo que propone el juego colectivo del fútbol. “Avanzar sola no tiene sentido sino que avanzar en un colectivo es lo que da resultados, y eso se traduce también en tejer redes y entender que estamos juntas”, definió. Dentro de La Nuestra, ante cualquier dificultad se han tejido redes para avanzar y deconstruir esos lugares de dolor. 

Mucho más que fútbol

A partir del deporte han surgido diferentes proyectos comprometidos con la realidad de las mujeres y del colectivo LGBTIQ+.

Uno de ellos es La Nuestra TV, un canal liderado por jóvenes, como una forma crítica de mirar la realidad. Se creó para construir una narrativa contrahegemónica que pudiese problematizar la forma en que los medios tradicionales hablan de los barrios y de las villas. Para esta agrupación, los medios estigmatizan a las mujeres de los barrios y feminizan la pobreza. A través de este canal también celebran las existencias villeras, la existencia de las mujeres y la diversidad en los barrios populares.

A la par de las prácticas deportivas, se llevan a cabo diversos talleres feministas con perspectiva de género para poder pensar la realidad desde la cancha. Estos se empezaron a desarrollar como consecuencia de las agresiones recibidas durante estos años, ya que les han llegado a tirar piedras y palos para que dejen la cancha.

“Todo eso lo llevamos a un espacio de reflexión y autoconciencia en donde pudiésemos pensar críticamente por qué pasaba eso”, contó la directora técnica. De esa manera, comenzaron a desnaturalizar esos lugares que les eran asignados para construir sus propios lugares y su propio lenguaje específico como futbolistas, villeras, migrantes, lesbianas, feministas, y todas las opresiones en su intersección.

A la par de las prácticas deportivas, se llevan a cabo diversos talleres feministas con perspectiva de género para poder pensar la realidad desde la cancha. Créditos: La Nuestra.

Otro proyecto es “Cartografiando nuestro tejido villero”. Se trata de la construcción de una cartografía feminista desde, por y con las vecinas del barrio. La futbolista explicó que tiene que ver con reivindicar los aportes históricos, políticos y comunitarios que han hecho las mujeres y diversidades en la Villa 31; y que han sido históricamente invisibilizados.

En la cartografía feminista se expresan, por ejemplo, los recursos informales que han construido las mujeres como los comedores comunitarios, los bachilleratos populares, los espacios culturales y deportivos. “Es poder contar nuestra historia y cartografiar el tejido del barrio desde una mirada feminista”, detalló.

Para pensar la Educación Sexual Integral (ESI) desde el deporte, se formó el proyecto Nuestra ESI Trans. Es liderado por aquellas niñas que hace 10 años entrenaban en La Nuestra y hoy son adultas de entre 19 y 21 años. Se trata de ver cómo poder visibilizar otras identidades y cuáles son las desigualdades y marginalidades que las atraviesan a ellas como mujeres deportistas.Finalmente, en Tramando redes se analiza críticamente la experiencia de las mujeres y diversidades en las redes sociales; teniendo en cuenta los usos y los peligros. Surgió a partir de la experiencia de las compañeras durante la pandemia, donde las redes sociales se volvieron casi la única manera de vincularse.

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