Jun 2, 2021 | Género & Sexualidad

“Me costó mucho más contarle a mi mamá que era lesbiana, que decirle que era puta»

En el marco del mes del orgullo y del día de le trabajadore sexual, Nota al Pie dialogó con Georgina Orellano, secretaria de La Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) y lesbiana.
Georgina Orellano
“Hoy por hoy me defino como lesbiana”, confiesa Georgina Orellano. Crédito: Página 12

En el marco del mes del orgullo, y conmemorando hoy especialmente el día de le trabajadore sexual, Nota al Pie dialogó con Georgina Orellano. La secretaria de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) habló sobre el doble estigma de ser trabajadora sexual y lesbiana y cómo fue su proceso para salir del ‘closet’.

¿Actualmente te definís o etiquetas de alguna manera en relación a tu orientación sexual?

Hace tres años me relaciono sexual y afectivamente con mujeres. Aunque al principio me costó mucho definirme o reconocer ciertas etiquetas, hoy por hoy me defino como lesbiana.

Con respecto a la reacción de tus compañeras del sindicato cuando contaste que te gustaban las mujeres ¿te sentiste juzgada y/o discriminada?

Cuando mis compañeras se enteraron que a mí me gustaban las mujeres y tenía una novia mujer, me sentí interpelada por ellas, más que juzgada o discriminada. Esa interpelación, el cuestionarme, el decirme ‘vos no podes’ o ‘¿cómo ahora? ¿te agarró de grande, con más de 30 años?’, creo que es parte de los prejuicios con los que cargamos quienes ejercemos el trabajo sexual. Nos cuesta mucho poder hablar de nuestra sexualidad. 

Aunque para los y las de afuera, nosotras siempre fuimos las despojadas de prejuicios, de estigma. Pero en realidad estamos mintiendo si no reconocemos los prejuicios y las etiquetas con los que cargamos y cómo nos cuesta a nosotras mismas encontrar un espacio dentro de nuestro sindicato para poder hablar de estas cosas: de cómo construimos nuestras relaciones; de que alguna vez que le prestamos servicio a alguna mujer la pasamos bien, y no cargar con culpa de ello, que no nos de vergüenza poder reconocerlo.

A partir de ello pudimos entablar un espacio con nuestra compañeras, para poder hablar de lo que nos pasa dentro y fuera de nuestro trabajo. Y  derribar ciertos mitos y prejuicios. Ahora nos reímos un poco con mis compañeras de cómo en ese momento reaccionaron diciendo ‘vos no podes ser lesbiana porque sos la Secretaria del Sindicato, ahora todos van a pensar que nos pasamos de bando’. Sobre todo porque varias compañeras, a partir de lo que yo conté, se empezaron a visibilizar como bisexuales, lesbianas y a contar cómo atraviesan su sexualidad.

Movilización de AMMAR. Crédito: ADN Rio Negro

Sufriste muchísima discriminación y estigma por ser trabajadora sexual, ¿crees que ahora ese señalamiento puede ser mayor? ¿o lo tomás de otra manera?

Yo sufrí y sigo sufriendo mucha discriminación y mucho estigma por ser trabajadora sexual. A partir de que hice el proceso y le pude contar a mis compañeras, a mi hijo, a mi mamá y a mi familia mi nueva ‘identidad’.

Una de las cosas que me pasó es que en algunos espacios de lesbianas me dijeron que ellas nunca pensaron que yo podría ser del bando de ellas porque daba muy paki. 

También, algunas veces que me invitaron a hablar, como lo fue el Día de la Visibilidad Lésbica, compañeras tortas peronistas me contaron cómo se generaron discusiones en algunos grupos donde ellas compartieron la actividad. Donde lesbianas y bisexuales con posiciones más abolicionistas, más punitivas con respecto al trabajo sexual, dijeron que yo me había inventado esa ‘identidad’ para poder abarcar más espacios. Para mí escuchar o leer eso es súper violento.

¿Fue difícil contarlo?

A mí me costó mucho reconocer que me gustaban las mujeres. Muchísimo. Y también me costó mucho contarle a mi mamá que estaba de novia con una mujer y presentarsela.

Cuando empecé a ejercer el trabajo sexual tardé como ocho años en contarle a mi familia que era puta y esos ocho años me super afectaron. Entonces, no quería que con esto me pasara lo mismo: el ocultamiento, el closet. Eso es algo que ya no elijo más para mi vida. De quienes esperaba que me cuestionaran, recibí rápidamente aceptación, que fueron mi mamá y mi hijo. Me costó mucho más contarle a mi mamá que era lesbiana que puta. 

Y de quienes pensaba que iba a recibir el abrazo, la caricia o la bienvenida, recibí un ninguneo total a algo que yo elegí, que yo disfruto, a algo que padecí. Y que hoy lo hago parte de mi identidad. Porque entendí, me hicieron entender porque hay muchas compañeras que allanaron mucho el camino, que lo que no se nombra no existe. Lo importante de construir esa identidad política para abrir camino a otras. Así que sufrí esa discriminación del sector menos esperado.

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