Abr 7, 2021 | Cultura

Preguntarse por lo popular

Pospopulares. Las culturas populares después de la hibridación, escrito por Pablo Alabarces, es un libro que busca repensar el vínculo entre las culturas populares y las culturas de masas en América Latina a partir de las transformaciones a las que hemos asistido en las últimas décadas. Se ha dado un proceso de hibridación entre ambas […]
Créditos: Paula Ribas, Telam.

Pospopulares. Las culturas populares después de la hibridación, escrito por Pablo Alabarces, es un libro que busca repensar el vínculo entre las culturas populares y las culturas de masas en América Latina a partir de las transformaciones a las que hemos asistido en las últimas décadas. Se ha dado un proceso de hibridación entre ambas culturas. Sin embargo, la cultura popular latinoamericana ha demostrado una persistencia por fuera de lo mediático. Este libro, entonces, busca abordar una pregunta central: ¿qué es lo popular hoy?

Esta investigación, que surgió en el marco de una serie de ensayos producidos en el seno del Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales (calas), fue editada por la Universidad de San Martín.

Pablo, también autor de obras como «Fútbol y Patria» o «Historia Mínima del Fútbol en América Latina«, es doctor en Sociología por la University of Brighton. Es, además, profesor titular del Seminario de Cultura Popular y Masiva en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires e investigador superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Nota al Pie logro hablar con él, donde se destacaron varias cuestiones vinculadas a su ultimo libro y su proceso de escritura. 

Créditos: Pospopulares. Las culturas populares después de la hibridación.

-¿Cómo surgió la idea de escribir este libro? 

-Podríamos decir que este libro es el que estoy tratando de escribir desde hace 10 años, cuando intentaba separarme de la sociología del deporte y quería volver a lo que había sido mi gran tema de origen: el estudio de las culturas. Eso ocurre aproximadamente hacia el 2005 ó 2006. En el 2008 publiqué, junto con Mariela Graciela Rodriguez, un libro que se llamó “Resistencias y mediaciones”, una producción colectiva con los compañeros y las compañeras que trabajaban conmigo en mi cátedra de Cultura Popular en la UBA. Lo que pasa es que los compañeros trabajaban sobre casos y lo que a mí me quedaba era la sensación de que faltaba el espacio de producción teórica. Había una necesidad de producir sobre ese análisis de casos, una propuesta de categorías más amplias que comprendan varios aspectos de la cultura popular. Esa es la idea original: volver a producir teorías sobre las culturas populares que, como cuento en el libro, se había dejado de hacer desde hacía 30 años.

-¿Cómo fue el proceso de escritura?

-Fueron 10 años de acumular muchísimo material. Luego me encerré en lo que prometían ser 4 meses de paz y tranquilidad en la Universidad de Guadalajara. Estuve dos meses terminando de leer y de fichar el material acumulado y, ya en pandemia y regresado a la fuerza a Buenos Aires, un mes escribiendo. Finalmente, a comienzos de Mayo tuve el hermoso placer de decir “aquí está”.

-¿Por qué le interesó trabajar particularmente la pregunta por lo popular? 

-Preguntarse por lo popular implica preguntarse por lo democrático. Entendiendo lo popular como un lugar de conflicto, jerarquización, subalternización, represión, opresión, etc. Preguntarme por lo popular, entonces, es preguntarme por lo que falta para que una sociedad sea plenamente democrática.

Créditos: Universidad Nacional de San Martín.

Han desaparecido las palabras que nombraban las otredades, las jerarquías, y han sido desplazadas por la palabra gente. Es un continuo martilleo en mi hígado el constante uso de la palabra “gente” en los contextos más amplios y ridículos. “La gente dice que…” y no hay tal “gente”. Esa “gente” encubre en realidad enunciadores blancos, hombres, de clase media y urbana. Entonces preocuparse por lo popular es preguntarse por todo aquello que no son esos hombres. 

-Hoy en día la mayoría de los consumos culturales se concretan en la virtualidad, ¿cómo se ve afectada la cultura popular por esta coyuntura? ¿Qué efectos tienen las redes sociales?

-Los consumos culturales no se concretan en la virtualidad, mayoritariamente. Ojo con eso. Hay cierto exceso de virtualidad que nos hace olvidar aquello que no lo es. Por ejemplo, el consumo televisivo o radial es analógico.  Sí ha pasado a ser principalmente virtual el consumo de cine, a través del streaming, porque no se podía hacerlo en las salas. Pero la idea de “mayoría” ocupa un punto de vista muy etnocéntrico. Que nosotres, las clases medias urbanas, tengamos acceso a la virtualidad y a las plataformas, no significa que la mayoría de los consumos culturales sean como los nuevos. 

Mi colega Libertad Borda, cuando empezó la pandemia, decía “nadie se pregunta por todes aquelles que no tienen acceso a Netflix”. Todes hablaban de Netflix, cuando la mayor parte de la población argentina no tiene acceso a la plataforma. Una gran porción de la sociedad sólo tiene acceso a Internet a través de celulares de tercera o cuarta categoría y con planes de datos sumamente precarios. Por eso, una de las ideas que discute el libro es que la organización de la cultura es la organización que experimentamos nosotres y ese nosotres es de clase, de etnia y de género también, en muchos casos. Entonces, para analizar los consumos culturales hay que salir de esa burbuja. Una burbuja que, además, muchas veces las redes sociales recrean. Uno está metido en su propia burbuja de su propia red. Eso no significa que uno esté atento a todo lo que circula dentro de su red y, mucho menos, lo que circula fuera de ella.

El libro se encuentra disponible de manera gratuita y en formato PDF ingresando a este enlace.

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