Abr 1, 2021 | Sociedad

El pasado no es un condicionante de su futuro

Todos los jueves y viernes, en la provincia de Buenos Aires, tanto en el penal de San Martín como en el de Campana, se abren las puertas de las aulas y se ejerce la práctica del counseling, una disciplina que brinda ayuda y orientación psicológica a las personas que lo soliciten. Les otorgan un acompañamiento […]
Crédito: Anahí Zaffonte

Todos los jueves y viernes, en la provincia de Buenos Aires, tanto en el penal de San Martín como en el de Campana, se abren las puertas de las aulas y se ejerce la práctica del counseling, una disciplina que brinda ayuda y orientación psicológica a las personas que lo soliciten. Les otorgan un acompañamiento en sus conflictos e implica un desarrollo personal y humano.

Un grupo de counselors, coordinados por Guillermo García Arias, se encarga de un proyecto de desarrollo humano para la inclusión con les privades de su libertad en el rango etario de 18 a 23 años. 

Nota al Pie habló con una integrante del equipo que explicó que para ello abren un espacio de encuentros semanales de dos horas, donde les ofrecen a les jóvenes que puedan manifestar lo que sienten y piensan, que cuenten lo que les haya pasado en la semana o lo que hayan podido reflexionar en base al encuentro anterior. 

La profesional contó que la mayoría de les detenides no tuvo acceso a la educación o si la tuvo, fue de manera incompleta. Dentro del penal es muy difícil conseguir los papeles que certifiquen hasta qué año cursaron, por lo tanto, si quieren estudiar a veces se ven obligados a empezar la primaria desde 1er grado de nuevo. 

Por eso mismo, buscan incentivarlos a que puedan seguir en la escuela para ampliar su capacidad de encontrar trabajo en un futuro. Incluso comentó que practican entrevistas laborales basadas en juegos de roles, con todas las dificultades que se les puedan llegar a presentar, e intentan incentivar el aprendizaje de nuevos oficios. 

Siempre se incita a que vean que puede haber más posibilidades, buscando evitar que el tiempo de encierro de les jóvenes sea un intervalo entre dos delitos, para lo cual es necesario mejorar la socialización de les mismes, mejorando su vinculación con las personas. 

Crédito: Anahí Zaffonte

La counselor explicó que “se busca que logren ampliar su mirada sobre las distintas formas de pensar y de ver la realidad. Sobre qué es lo valioso de las personas, qué es lo valioso en sí. Qué implica dañar, cómo se siente por ambas partes el daño”. Intentan mostrarles que no existe una predeterminación en elles, sino que tienen la posibilidad de elegir y pueden aprender a hacerlo. 

Les counselors aparecen como guías y proporcionadores del espacio. La entrevistada desarrolló que “si bien se pueden usar disparadores en la agenda, los jóvenes son los protagonistas de la charla, en tanto haya un contexto de respeto mutuo”. Ubicades en una relación de simetría, procuran validar sus sentimientos, ayudándoles en la formación y revisión de sus creencias y valores, sin establecer ningún tipo de juicio ni basarse en el delito que cometieron. 

La profesional contó que “se hacen prácticas de meditación, proyecciones en lo que respecta a su momento de salir, cómo será reencontrarse con sus afectos, sus lugares, son herramientas para que ellos se lleven para su estadía”. 

Tratan de generar un vínculo de confianza donde les jóvenes puedan ver que no todo es negativo en la sociedad y que hay gente que se preocupa por elles. Incluso la entrevistada explicó que se trabaja mucho con el concepto de la empatía, para que vean cómo pueden ponerse en el lugar de otro, y que al hablar en grupo, elles mismes se dan cuenta de que lo que les pasa es algo compartido entre sí. 

También manifestó que en un primer momento, les jóvenes llegan con mucha desconfianza y recelo, implicades en sus temores, y con el correr de los encuentros eso va perdiéndose, se llega a compartir mate o algo preparado por elles para merendar. 

Según ella sabe, de comentarios de quienes participan en el curso, el espacio les brinda tranquilidad y alegría a les detenides, concurren con expectativa a los encuentros y se crea un vínculo en el cual encuentran afecto y validación. Si bien no hay estadísticas, explicó que “es notable el cambio de actitud de los mismos para con los counselors, se llegan a confiar temas muy íntimos y profundos”.

Es un trabajo que siempre se encuentra apoyado por el servicio penitenciario y por el departamento de psicología del mismo. Es todo ad honorem, ya que no existe un financiamiento por fuera de les integrantes del equipo y se intenta ampliar el campo de trabajo, buscando sumar nuevos penales. Su proyecto a futuro es el poder trabajar en forma individual con cada interno que así lo requiera.

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